ENTRE MANOS

«Las cosas muertas pueden ser arrastradas por la corriente; sólo algo vivo puede ir contracorriente».

G. K. Chesterton

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20/nov/2017 - Reseña de "Casa útero" (Calambur, 2016) de Bárbara Butragueño en "Nueva Revista"

Publicada el 20 Ee noviembre Ee 2017 a las 14:05

Útero o intemperie. Los nuevos versos de Bárbara Butragueño

por PABLO LUQUE PINILLA


ABSTRACT

Una reseña en profundidad de un poemario que la merece: Casa útero (Calambur, Barcelona, 2016), lo nuevo de Bárbara Butragueño


ARTÍCULO

Este poemario de Bárbara Butragueño (Madrid, 1985) se dio a conocer públicamente el pasado mes de febrero y contó con otras presentaciones todavía en plena primavera. Se trata de su quinta colección de poemas ─cuatro libros y una plaquette─, y la segunda que la autora confía a la imprenta. Esto evidencia una doble característica de la escritora: la prolificidad y la paciencia, lo que seguramente se debe a su predisposición natural a engendrar versos a partir de cuanto le ocurre y a la virtud de someterlos a escrutinio con minuciosidad de orfebre.


Al lector mínimamente avisado sobre la poesía española actual, no le habrá pasado desapercibida la obra de esta, todavía joven, poeta madrileña. En ella, destaca su lenguaje personal, imaginativo que, sin hacerse eco de las anunciadas defunciones de la retórica, emplea con provecho la metáfora y la imagen, en un ritmo libre, casi siempre sin puntuación. Una escritura en la que cada verso parece brotar en el centro de alguna conmoción existencial y en la que se advierten no pocas referencias que la autora nunca ha dudado en admitir. De esta manera, en sus composiciones percibimos la resonancia de voces como las de Alejandra Pizarnik o Blanca Varela. Y el aliento de lecturas diversas que bien podrían dibujar un arco con diferentes puntos de paso, que van desde el intimismo de Dickinson, al despliegue trópico de Umbral o el poder visionario de Plath. Y, en la órbita de nuestra literatura más cercana, los de la poesía de Ada Salas, Rosa Castro y David Meza o la de su admirado Juan Antonio Marín, por citar el trabajo de autores que son de recuerdo frecuente en sus comparecencias y entrevistas.


He tenido la oportunidad de seguir la evolución de la madrileña desde hace ya bastante tiempo y siempre me ha parecido que le acompaña un insaciable deseo de tragarse el mundo para devolvérnoslo temblando en los poemas. De entresacar esos secretos que la realidad esconde y que al entrar en contacto con el lector suscitan un sonoro escalofrío. Algo que se hace aún más evidente si se ha tenido la oportunidad de asistir a algunos de sus recitales, como los que ha llevado a cabo durante años para la Red de Arte Joven de la Comunidad de Madrid o el que celebró en la tertulia Esmirna, por citar dos ejemplos que me resultan familiares. En ellos, con frecuencia, su fraseo parece transcurrir con ademanes de trance contenido, revelando, aún más si cabe, la naturaleza vital e inspirada de su desempeño creativo.


No otra es la propuesta en esta Casa útero, que nos ocupa, si bien advertimos en sus textos un ligero encaminarse hacia un territorio expresivo que, sin renunciar a lo emocional/humoral, busca ensancharse por la vía de lo reflexivo y metafísico, potenciándose así el mensaje. O eso nos parece.


El volumen se divide en tres partes: «La culpa», «Las grandes palabras» y «El hogar caliente», en las que se nos habla de la culpa, de la relación del personaje lírico con la palabra poética y de la búsqueda de la identidad, respectivamente. Como colofón final, encontramos una suerte de anexo con trazas de coda, más que de epílogo, «Calor residual», que añade interesantes reflexiones adicionales a la tercera sección.


En «La culpa» la almendra argumental es el sentimiento de culpa y la manera en que este nos afecta, nos despierta o, también, nos abre al mundo. Así, de cuantas identidades conforman nuestro yo, solo se justifica aquella que no nos exime de la culpa. Pero permanecer en ella es una forma de mentira y hace falta «un grado de ardor un estallido» (pág. 18), ya que «solo muriendo / fieramente cada día / y dejando al temblor / calar el hueso / se puede dar a la vida hondura» (ibid.). Este temblor, por tanto, depende de no circunscribirse en exclusividad a la culpa, lo que permitirá que esta se transforme en un reclamo a un vivir más intenso y profundo, que acabe suponiendo una forma de redención ―nunca explicitada en el poemario, por otro lado―. Además, se propone una perspectiva de desgarro existencial donde saberse tan culpable como disponible a la negación de uno mismo, que nos procure alguna forma de pureza. Aun con todo, no hay palabras que lo consigan y asumimos ese fracaso; ese estado natural de anhedonia espiritual caracterizado por la sensación de «no estar nunca del todo / en ningún sitio» (pág. 19). Por eso, experimentamos un yo insatisfecho y aislado, ante el que uno se pregunta «para qué la bondad / para qué la fe / para qué la herida» (pág. 22) si «nadie nunca / nos responde» (pág. 23). De tal manera que, para ser libre, se estima necesario dejar escapar tales aspiraciones y tan elevada consideración de su cumplimiento. Una resignación y frustración en la que, a pesar de todo, no es imposible la esperanza. Por eso, se exhorta a los que consiguen renacer vaciándose de sí mismos a que compartan la verdad, la mirada limpia, la experiencia que nos salve de la propia culpa. No en vano, a ellos se dirige el final de esta parte: «vosotros vosotros enseñadme / enseñadme / a hacer justicia // enseñadme a ser» (pág. 29).


«Las grandes palabras» principia reconociendo que no se desea saber el significado preciso de la palabra «culpa», pues no es percibida con nitidez la delgada frontera de sus términos, y se prefiere «una forma cauta de certeza» (pág. 36). Se reflexiona sobre la oscuridad de la palabra poética y se lamenta cada vez que el verbo no está incendiado, en la misma medida en que se relaciona la escritura acometida con un lenguaje más convencional con una especie de aurea mediocritas literaria a la que se renuncia, porque «Quizá mi pecho no conozca más idioma / que el diluvio» (pág. 41). Pero la oscuridad igualmente puede ser una forma de refugio: «¿acaso no es esta oscuridad / donde crees que reside la belleza / la escafandra perfecta para ocultarte?» (pág. 42). Y se termina por reconocer que se escribe desde el rapto, desde una posesión en la que la palabra poética toma prestada la voz del poeta como si de un profeta/oráculo se tratara: «Sé que hay incendios, sé que por momentos escucho la música nacer de mí como un antílope mojado, pero esa boca no es la mía, ese odio no es mi odio, yo tengo un cuerpo puro» (pág. 43). En definitiva, este debate interno escenifica la lucha, tan de la autora, por la sinceridad poética sin renunciar a la belleza. La búsqueda, en suma, de los grandes significados en moldes de atractivos significantes.


La última de las partes, «El hogar caliente», aclara que salir del útero, de la casa, es exponerse demasiado «en este mundo de lobos donde los otros tan lobos siempre» (pág. 49). Salir o no salir, esa es la cuestión. Ser útero o intemperie. Así, el útero tiene el valor de lo originario y el exterior supone el bagaje de lo vivido, de lo heredado; lo familiar, emocionalmente. Una aventura al aire libre que se vive a la defensiva: «Pensabas que solo lobo los lobos te amarían» (pág. 52), y que implica la negación del propio cuerpo: «donde dijiste mujer dijiste nunca» (ibid.) y «te borraste el sexo» (pág. 53), para refugiarse en una forma de poseer errática que no es la verdadera fuerza anhelada, aunque sea poderosa y se parezca a la fuerza del varón. Hay, por tanto, inseguridad, miedo, estupor. Y el sujeto poético recuerda de niña a una mujer de caderas grandes que «siempre se está marchando» (pág. 56). En última instancia, se acaba por identificar la deseada fuerza, el protagonismo de la conciencia, como un lugar con un centro, «un animal diminuto que ― espera ― al fin ― encontrarse» (pág. 59) a sí mismo. Y por aquí ya vamos entendiendo el título de la obra, la urgencia por regresar al origen, a la esencia, a la matriz, a un útero desde el que sea factible recomenzar. Un lugar que representa ese espacio desde el que es posible emitir un canto como el de este libro-aullido cuando reivindica la autenticidad ante las más hondas e íntimas encrucijadas personales.


Finalmente, el calor residual que emana del apéndice redunda en la incapacidad del yo para reconocerse, para lograr la esperada identidad, pero nos reserva una hermosa sorpresa final con la que se cierra la esfera uterina del volumen. La aspiración de ser afirmado por otros con una exigencia semejante: «Yo quería que alguien me perdonara para poder perdonarme» (pág. 68); «Sé que hay otros que también vagan y buscan. Con la boca llena de algodones. Cuerpos que tienen frío a todas horas. Y también viven el amor propio como un tartamudeo eterno». (pág. 69).


Cuerpos asimismo con un contorno como el de este poemario, que redondea su forma con la plasticidad a la que nos tiene acostumbrados la escritora. Con las aludidas capacidades metafóricas e imaginativas, vertidas en moldes rítmicos de notable aliento, que consiguen un libro con maneras ―y más que maneras, por la persistencia en el tropo― de alegoría. Más allá, insiste la poeta en su voluntad de omitir las comas, excepto en los poemas en prosa que igualmente jalonan la obra. Además, hay un reiterado empleo del guion tipográfico en la prosa que cierra la tercera parte, que nos permite rastrear los razonamientos fragmentados y discontinuos del sujeto poético, como si la autora copiara al natural del pensamiento sin cocer las frases. De hecho, y en términos generales, en este volumen el ritmo de las consideraciones parece ofrecerse a trazos, manifestando la otra faceta creativa de la escritora: la de la ilustración y el dibujo. Porque Butragueño escribe como dibuja ―o a la inversa―, transcribiendo en cada línea lo que le pasa ― y traspasa― partiendo de una referencia original que, decantada en la memoria, traslada al papel ya transformada en una realidad nueva.


Esta realidad, ya se ha dicho, ofrece una versión bastante reflexiva en este texto, lo que no deja de resultarnos llamativo, por cuanto cada vez son más los que dirigen su mirada hacia esa poesía neopopular e intranscendente que prolifera por las redes y se da bacanales en los nuevos y viejos sellos editoriales. En este sentido, nos parece que la poeta es fiel a su pretensión de ofrecer en palabras de meritoria factura sus más hondas inquietudes vitales. Algo por lo que vale la pena reparar en esta propuesta poética en un tiempo en el que nuevos paradigmas antropológicos ―el literario entre ellos― no dejan de suponer una revalorización del viejo e ingenuo culto al valor omnipotente de la razón, y de esta a los pies del bienestar y el progreso, como suele suceder en las épocas determinadas por los grandes avances.


Buscamos el bienestar y progresamos, cómo no, pero no es posible hacerlo con éxito si rehuimos hacer las cuentas con nuestras más hondas hechuras: esa dependencia de la realidad que nos muestra la fragilidad estructural de la condición humana, la pertinencia de los interrogantes últimos y penúltimos, y la necesidad de significados verdaderos. Es por este motivo que esta escritura, y la de tantos otros que transitan los arduos caminos de la autenticidad y la belleza, está llamada a erigirse en testimonio de resistencia en un momento en el que hasta la poesía parece rendida al poder de lo banal y lo efímero.


http://www.nuevarevista.net/articulos/utero-o-intemperie-los-nuevos-versos-de-barbara-butragueno

20/oct/2016 - Las últimas horas de Évarist Galois en el útimo número de "Troquel"

Publicada el 27 Ee octubre Ee 2016 a las 10:15



El pasado 17 de octubre se presentó en Madrid el quinto número de la revista Troquel. En él aparece mi poema "Las últimas horas de Évarist Galois". En el número anterior de la misma revista había publicado el poema "Caída libre"


El acto fue plural y variopinto. No faltó una amable intervención del alcalde de Boadilla, como parte patrocinadora de la empresa, cuya intervención trascendió lo institucional, aspecto que se agradece; y un carrusel da autores de diferente pelaje, sexo, nacionalidad y lengua, desde el español, al inglés, pasando por el japonés y el lituano. Una fiesta de la poesía casi sin pretenderlo (una de tantas como se repiten semanalmente en el Madrid, donde me muevo), lo que da una idea del buen estado de forma del género.


Los pormenores del acto se resumen en esta crónica de EMGhttp://www.euromundoglobal.com/noticia/398203/cultura/la-revista-troquel-numero-5-presentada-en-la-sociedad-general-de-autores-.html


 



L A S     Ú L T I M A S     H O R A S     D E    É V A R I S T E     G A L O I S*

 

 

Un rostro mojado por la sombra,
la oscuridad ciñéndose en la cinta que el sol dibuja en las colinas,
el temblor del ocaso hinchando su pecho.
Un beso de frío enroscado en la memoria,
recordando la penumbra en Louis-le Grand,
la niebla en el Quartier Latin:
«No queda tiempo».
Iba a morir y lo sabía.

 

Así empezó el crepúsculo,
la noche en la impotencia de su voz,
en el tintero de angustia desbordado en su escritura:
un cordón de cifras sobre el papel,
las investigaciones ignoradas por la arrogancia de Cauchy.
Iba a morir y lo sabía.

 

¿Por qué la violencia del destino,
el encuentro con Dinet
o el hedor de la política devorando la conciencia?
Una puñal cierne el filo sobre su lóbrego pasado,
un voraz desenlace que oscila la cuchilla en su garganta.
¿Por qué te suicidaste Nicholas G. Galois entregando a tu hijo en el abismo,
en la misma ciénaga que despreciaba los teoremas encumbrados por el mundo tras su muerte?
Era su última noche y lo sabía.

 

Una hilera de números hurtados al desvelo,
una fila de grafito registrando hallazgos y ecuaciones;
motivos de vesania para los guardianes del XIX,
para su frágil condición de náufrago del tiempo:
veinte años y dos citas en la madrugada
sin tener experiencia disparando.

 

La mañana del duelo una corneja sobrevolaba el borde del estanque.
Cuando su sombra abandonó la orilla
Galois notó una bala atravesándole el abdomen.

 

No tuvo apenas tiempo de rendirle los ojos.

 

 


*EVARISTE GALOIS (1811-1832) fue un gran matemático francés que murió a los veintiún años. Su fuerte carácter, el suicidio de su padre, el ambiente político asfixiante, dan al traste con una de las mentes mejor dotadas para las matemáticas de la historia de la ciencia francesa. A pesar de su buena formación, nunca pudo adaptarse bien al rígido sistema académico de la época. Trabó amistad con una joven, lo que le llevó a citarse en dos duelos consecutivos, pues dos eran las partes ofendidas. Galois sabía que iba a morir, así que pasó toda la noche escribiendo su testamento matemático. Sus contribuciones fueron revisadas años después por Joseph Liouville. Publicadas en 1846 en una eminente revista matemática francesa, Journal des Mathématiques Pures et Appliquées, influyeron en numerosos trabajos posteriores dandolugar a la llamada Teoría de Grupos y Cuerpos de Galois. El grandísimo matemático alemán Félix Klein afirmó, refiriéndose al malogrado científico: «En Francia apareció hacia 1800 una nueva estrella de inimaginable brillo en el firmamento de las matemáticas... Evariste Galois».




 

10/oct/2016 - Prólogo a "Las guirnaldas de Venus" (Encuentro, 2016) de Manuel Spínola

Publicada el 25 Ee octubre Ee 2016 a las 18:45

Tengo el placer de anunciar la presentación de Las guirnaldas de Venus de Manuel Spínola, que publica la editorial Encuentro. El poemario cuenta con las ilustraciones de Constanza López Schlichting y un prólogo que escribí en noviembre de 2015. 

 


Del prólogo se estracta el siguiente texto en la contraportada:


El eje vertebrador sobre el que orbita esta nueva entrega del poeta madrileño Manuel Spínola es la experiencia del amor, tema que «se desarrolla a través de un sujeto poético travestido, en plena era digital, en una suerte de trovador contemporáneo que enloquece de amor, al más puro estilo de los protagonistas de los poemas cortesanos del cancionero medieval —el consabido aegritudo amoris—, unas veces; otras, en un caballero renacentista que prolonga o contesta al anterior con todos los ropajes del género al modo del dolce stil novo del humanismo, que hace suyo el Renacimiento consiguiente con toda su artillería de reivindicaciones neoplatónicas».


«El autor, desde un decidido neoplatonismo, huye de la propensión a la queja lacrimógena que tanto ha impregnado nuestra poesía áurea, evitando así la autocompasión y el lamento por el amor no correspondido. Es, si acaso, el suyo —lo reiteramos— un amor fiel al ideal de partida, que vive la frustración de manera fructífera, como un argumento, en última instancia, constructivo. Acaso, porque estos versos de Manuel Spínola se dirigen a un rostro amado cuyos rasgos se conjuran ('Conjuro' se titula la cuarta parte volumen) en nuestra memoria lectora como testimonio de todo lo que, amándose, no nos pertenece, pues es don y signo de algo más definitivo». (Del prólogo de Pablo Luque)

 

1/oct/2016 - Presentación de "SFO" en "El crujido de la amapola al sangrar" de Luis Ingelmo

Publicada el 21 Ee octubre Ee 2016 a las 21:05



Es para mí un honor que la valiosa presentación de SFO que Luis Ingelmo hizo en el FNAC de Madrid en octubre de 2013 haya sido recogida, junto a otras prosas de su autor, en el volumen El crujido de la amapola al sangrar (Los Papeles de Brighton, 2016). El texto de la mencionada presentación puede leerse integro AQUÍ.




Como se dice en la nota de prensa que publicó la editorial Los Papeles de Brighton el 15 de sepriembre de 2016 en Palma de Mallorca, con motivo de la aparición del volumen, Luis Ingelmo recoge en El crujido de la amapola al sangrar lo mejor de su producción crítica y teórica entre 2007 y 2015.

 

Lector impenitente y eficacísimo, este castellano que durante años fue profesor en Chicago parece incapaz de renunciar a dejar por escrito las impresiones obtenidas de sus lecturas. Experto conocedor de la literatura norteamericana, pero también de la anglosajona en general, y de la española –y de la hispanoamericana–, con El crujido de la amapola al sangrar aporta un panorama personal pero muy completo y actual de la narrativa y la poesía de los Estados Unidos, además de un buen manojo de agudas reflexiones sobre su recepción en España; la necesaria desmitificación del Bukowski que nos han vendido; lecturas de Burroughs, Whitman, Eliot, Kerouac o Carver; un amplio repaso por las obras de autores imprescindibles y poco conocidos en nuestro país, como Larry Brown o Delmore Schwartz; incursiones en el territorio del guion cinematográfico (Coen, Scorsese, Tarantino); visitas esporádicas a las literaturas hispánicas vía Roberto Arlt, Daniel Chavarría y Fernando Vallejo, o José María Fonollosa y Avelino Hernández, o incluso Pessoa…

 

Por razones evidentes, es también un fruto maduro y ejemplar de la literatura comparada y, a ratos, un pequeño manual de traducción literaria. Tiene mucho que ver con ello el hecho de que Ingelmo sea hoy uno de los mejores traductores españoles, habiendo vertido al idioma de Cervantes a autores como Larry Brown, Martin Carter, Thomas MacGreevy, Wole Soyinka, Natasha Trethewey y Derek Walcott; y al de Shakespeare, en colaboración con el poeta irlandés Michael Smith, a otros como Verónika Volkow, Elsa Cross, Claudio Rodríguez, Aníbal Núñez, Fernando de Herrera o Gustavo Adolfo Bécquer.

 

Y eso se refleja en algunas de las mejores piezas que recoge el volumen. Su trabajo sobre la relación entre la obra de Claudio Rodríguez y la de su traducido T. S. Eliot es clave para entender la figura y la poesía del zamorano; y, en general, sus reflexiones sobre la traducción literaria son obligadas para cualquiera que pretenda dedicarse a esa actividad a medio camino entre la traición y la per-versión. Un par de jugosas entrevistas al autor completan este magnífico volumen.

 

Nacido en Palencia en 1970, Luis Ingelmo es licenciado en Filología Inglesa por la Universidad de Salamanca y en Filosofía por la UNED. Reside desde su juventud en Zamora, aunque vivió durante siete años en Chicago (Estados Unidos), donde fue profesor de español y estudió Pedagogía en la DePaul University. En la actualidad prepara, entre otras, traducciones de Francisco de Quevedo al inglés y de Christopher Marlowe al español. Su bibliografía personal incluye también el libro de relatos La métrica del olvido (Madrid, 2011) y el poemario Aguapié (Los Papeles de Brighton, 2013).


15/sept/2016 - Reseña del "Orestes" de Yannis Ritsos. Traducción de Selma Ancira. Acantilado, 2015

Publicada el 21 Ee octubre Ee 2016 a las 20:00

En el número 9 de Ibi Oculus se ha publicado mi reseña sobre el Orestes de Yannis Ristos en traducción de Selma Ancira y publicado por Acantilado:


Os dejo a continuación la reseña, que puede consultarse directamente AQUÍ:



Orestes de Yannis Ritsos. Traducción de Selma Ancira. Acantilado, 2015.





Una de las características de la cultura griega es la incorporación del mito clásico al trasunto cotidiano. Así, la referencia mítica se incorpora a la vida y a la literatura con naturalidad, formando parte de su imaginario individual y colectivo, sin necesidad de mayor contextualización.

 

Muchos son los autores griegos que reflejan en sus obras esta relación cultural viva y vivida con el mito; este paso de lo referencial al aquí y ahora. Destacan, entre los poetas más importantes de las letras helenas durante el pasado siglo, Yorgos Seferis, que sostiene que esta imbricación es producto de una decantación natural; Odysséas Elýtis, que asume la modernidad y la renovación como signos diferenciadores; y Yannis Ritsos, escritor en el que el presente renueva el mito como continuación, pero, fundamentalmente, como permanencia, para hablarnos de lo antiguo con el lenguaje de hoy, y de los motivos del tiempo presente con una sabiduría antigua. Así, en Ritsos, el mito se ve enriquecido por los recuerdos personales y los problemas sociales de la Grecia de finales del siglo pasado que le tocó vivir.


De esta manera sucede con el Orestes que nos ocupa, englobado en el ciclo poético de los monólogos dramáticos del poeta centrados en personajes de la antigüedad clásica, pero trasladados a la actualidad, muchos de los cuales han sido también publicados en Acantilado. La serie principia con Sonata del claro de luna e incluye obras como La casa muerta y los soliloquios dedicados a Freda o Áyax, por mencionar algunos.


En Orestes, se ubica al personaje mitológico, hijo de Agamenón, rey de Micenas, y de Clitemnestra, así como hermano de Electra, en la noche previa al asesinato de Clitemnestra. El modelo, según el Orestes que más concuerda con el de Ritsos, es el de Eurípides, pues a diferencia del de Sófocles y Esquilo, Eurípides nos presenta unos personajes más humanos, con capacidad para hacer crisis, contradictorios y acuciados por las dudas, que es el núcleo de la sabiduría trágica como expresión de una forma de religiosidad, de una concepción de la realidad, en definitiva. A este dibujo de Orestes, Ritsos le añade una toponimia y unos motivos que revelan la contemporaneidad del autor con el relato poético. Y una versificación ciertamente brillante que fluye en extensión versicular, con plasticidad y con una respiración que demuestran un terreno de comodidad formal para el escritor. No en vano, el poeta fue traductor de Neruda y Nicolás Gillén, por mencionar algunos ejemplos significativos en este sentido, y uno de los poetas más influyentes de la generación griega de 1930, análoga a la generación del 27 en España.


Su libro arranca con Orestes y su fiel amigo Pílades a los pies de la muralla del palacio de los Átridas escuchando los lamentos de su hermana Electra, que clama venganza, mientras Orestes sopesa sus miedos y contradicciones, que vienen a suponer la almendra temática de la obra. Para nuestro Orestes, la contradicción se establece entre el deber impuesto por lo social y el deber ético de escuchar a la propia conciencia. Esto le permite ponderar con positividad la figura de su madre en detrimento de la de su hermana ―ponderación de la madre que es una constante en su obra―, lo que no le abstrae de su deber, si bien detesta la presión social que le exige una reparación meramente instintiva y atávica. Más allá, se pregunta si la fuerza de la libertad personal y la del condicionamiento social están destinadas a convivir en armonía o, por el contrario, estamos creados con esa terrible disyuntiva con la que debemos convivir como un padecimiento crónico.


En suma, el poemario es un canto a la reflexión personal frente al destino en contraposición con la imposición social del horizonte individual, que convierte a Oretes en un ejecutor de los designios previstos, pero a través de su libre elección nacida del conocimiento de la propia identidad. Reflexión que el autor griego transforma, en la línea de otros libros de su factura, en una narración de exuberante frondosidad poética.

 

1/sep/2016 - Ibi Oculus 9

Publicada el 21 Ee octubre Ee 2016 a las 19:20


Ya está publicado el número 9 de Ibi Oculus en el que hemos recogido un voluminoso y cuidado ramillete de colaboraciones. Con él, además, se hace efectiva la incorporación de Leonor Saro como directora adjunta, que asume el día a día de la publicación.


No en vano, en los últimos tiempos comprendí que la revista necesitaba de nuevos brazos que pudieran sumarse al esfuerzo que supone llevar a cabo entregas tan extensas. No fue en ningún momento una pretensión conseguirlo, porque el requisito era que la línea editorial de Ibi Oculus persistiera, algo que no podía calcularse, sino únicamente encontrarse. Hoy puedo decir que este encuentro ha tenido lugar, y que su rostro lo pone Leonor Saro. Para estrenarse, Leonor se ha encargado de un número cuyos contenidos pasamos a resumir.


En nuestra sección de poesía española e hispanoamericana continuamos con la antología de jóvenes poetas que escriben en vasco. Así, en esta ocasión, Aitor Francos traduce una selección de poemas de Ángel Erro. Por otro lado, Lorenzo Martín del Burgo nos ofrece su particular visión de La Universidad Blanca de Ismael Belda, un libro de poesía que nos descubre un universo lírico de amplitud casi novelesca y sobrecogedora belleza.


En "Poético mundo", M. Negrón nos propone una selección de poemas de dos autores holandeses considerados ya clásicos en la tradición literaria neerlandesa y no obstante, desconocidos para el público español: Paul van Ostaijen y Hendrik Marsman. Acompaña las traducciones con un breve texto introductorio. También M. Negrón firma una nueva traducción del celebérrimo poema en lengua alemana Fuga de Muerte, del rumano Paul Celan, así como un comentario que explora las significaciones simbólicas del poema. En la misma sección incluimos una selección de poemas (muchos de ellos inéditos en lengua española) de Frank O'Hara, traducidos por Isabel Berzal Ayuso, quien nos propone también seis claves para comprender su obra, a menudo difícil por la gran cantidad de referencias espacio temporales que la pueblan. Con el fin de facilitar la lectura y de sumergir a nuestros lectores en la ciudad de Nueva York, principal inspiradora de los versos de O'hara, hemos creado un hipertexto que redirecciona a diferentes enlaces, a través de los cuales podemos saber más sobre los lugares y los personajes a los que remiten los poemas.


Inauguramos la sección "Limes", destinada a explorar la relación de la poesía con otros géneros literarios y con otras disciplinas humanísticas y artísticas, con un artículo de Miguel Ferrando sobre el sentido de la poesía en la era de la postmodernidad.


En "El banquete" Leonor Saro nos habla sobre las características del simbolismo belga a través de uno de sus poetas más notables y la vez más olvidados: Georges Rodenbach, del que incluimos traducciones de poemas hasta ahora sólo accesibles en lengua francesa.


Continuamos con nuestra sección "Merece la pena" en la que se estrenan como recensionadores María Moreno, Alfonso de Orá y Andrea Reyes del Prado, junto a otros reincidentes en el género. Tal es el caso de Lorenzo Martín del Burgo o el de un servidor.


Por último "Ibi fabula" e "Ibi infantil" vuelven de la mano de Blanca Álvarez de Toledo quien nos introduce en esta ocasión en la tradición de la narrativa popular africana.


El número cuenta con ilustraciones de Andrea Reyes del Prado, Manuel Alegre y Guilmo, así como con fotografías de José Luis Rodríguez Torrego, que encabezan cada sección.


Espero que disfrutéis de este número de la revista y que no dejéis de seguir difundiéndola.


VER NÚMERO 9 DE IBIOCULUS


 

15/nov/2015 - Grabación de "Trébol" ("Cero, 2014). Por Luis Sanz Tejedor

Publicada el 19 Ee noviembre Ee 2015 a las 13:05



Hace nada menos que siete años, el locutor Luis Sanz Tejedor recitó el poema "Trébol", incluido en mi libro "Cero" (Renacimiento, 2014), añadiendo a la grabación una apropiada melodía tradicional irlandesa. Por aquel entonces, el libro no pasaba de ser una vaga intuición a propósito del ciclo de escritura en el que me estaba aventurando.


Supongo que por esta razón, y porque la juventud es una enfermedad que suele curarse con el tiempo, por aquel entonces no le di la difusión ni le presté la atención que merecía. Recuerdo, sí, que me gustaba mucho, pero no acertaba a saber qué hacer con ella. También recuerdo que yo buscaba algo más sobreactuado, quizás pensando en la posibilidad de grabar el poema con un acompañamiento de rock ambiental, a propósito de la excelente música que habían creado mis amigos Juanma y Darío, junto al bajista Molina, que entonces tocaba con ellos, para el recital que meses antes, en diciembre de 2007, celebramos en el madrileño café El Despertar. Entonces, ambos formaban parte de una banda llamada Acid Custard, núcleo central de lo que luego sería Pupila. Actualmente, además, se hallan incorporados a varios proyectos musicales pujantes, entre ellos el de la ínclita Helena Goch.


Mirado ahora con retrospectiva, la dicción sobria, rotunda y poderosa de Luis confiere a la mezcla un aire de dulzura contenida muy estimable. Le entresaca los brillos a la pieza dirigiendo la atención hacia el texto, lo que debería ser el objetivo de cualquier acompañamiento para un poema. Más allá, el otro día, cuando di por casualidad con el mp3 en el trastero mal ordenado en que se ha convertido mi disco duro y teniendo en cuenta que el libro ya se ha editado, entendí que era el momento de hacer la grabación pública.


Espero que la disfrutéis.



1/oct/2015 - "Cero" cumple 1 año: Poemas en la Red

Publicada el 1 Ee octubre Ee 2015 a las 1:00

Con el arranque del curso se cumple un año de la aparición pública de Cero. Para celebrarlo he querido subir una amplia muestra en la Red que puedes consultar AQUÍ o pulsando en la imagen. El fondo es de una foto de fromthetree, pasada a blanco y negro.



Os recuerdo que el libro sigue disponible en formato papel y pdf:

 

Más información sobre Cero (reseñas, presentaciones, datos técnicos del libro, etc.): http://www.pabloluquepinilla.com/cerolibro.htm


15/jul/2015 - "¿Por qué recomiendo ver El espíritu de la colmena?" Tarántula Cultural

Publicada el 22 Ee julio Ee 2015 a las 1:35

Se acaba de publicar esta columna que he escrito para Tarántula Cultura, gracias a la amabilidad de su director Luis Muñoz Diez, sobre una de las películas del cine español que prefiero, "El espíritu de la colmena" (1973) de Víctor Erice. El texto recoge la almendra argumental sobre la que versó mi intervención para la Web "De qué va la peli", así que supone un buen complemento de aquel vídeo:


Os dejo a continuación la reseña que puede consultarse directamente AQUÍ:


¿Por qué recomiendo ver El espíritu de la colmena?"

 



El espíritu de la colmena (1973) es el primero de los tres largometrajes del cineasta Víctor Erice, que además de dirigirlo escribió el guion junto al desaparecido crítico Ángel Fernández Santos. La producción corrió a cargo de Elías Querejeta y la fotografía de Luis Cuadrado. En él intervinieron las actrices Ana Torrent e Isabel Tellería, aún niñas, así como el incombustible Fernando Fernán Gómez, entre otros. Un elenco de profesionales de incuestionable valía que firmaron un trabajo que más de veinte años después continúa suscitando admiración y elogios. No en vano, nos encontramos ante una de las creaciones mejor valoradas de la historia del cine español.

 


Ana Torrent, Isabel Tellería en una imagen de El espíritu de la colmena (1973), Víctor Erice


La película está ambientada en la Castilla rural de los cuarenta, en plena posguerra. Un contexto que lejos de depararnos una narración previsible, se convirtió en el ámbito preciso para que Erice realizar un film singular e irrepetible. En él se nos cuenta la historia de dos hermanas, Ana (Ana Torrent) e Isabel (Isabel Tellería), de seis y ocho años, respectivamente, y el mundo de los adultos que las rodea, especialmente el de sus padres; así como el de algún que otro personaje clave en la trama, como el fugitivo. El momento de sus vidas que sirve de marco al desarrollo argumental se corresponde con la proyección en el pueblo en el que viven de la película El Doctor Frankestein de James Whale con interpretación de Boris Karloff, y el efecto que en las niñas tiene, en especial en la protagonista Ana, el personaje del monstruo.

 

Todo en esta obra está minuciosamente planificado para ofrecernos un relato poético que se erige en una delicada y sutil alegoría. Un despliegue en el que el dibujo de los personajes, los símbolos (especialmente los de la colmena, las abejas y el tren), la iluminación, la banda sonora y sus canciones (muy importantes), los encuadres, los planos y el ritmo, se administran con maestría para hablarnos de la búsqueda del sentido y la erosión que produce el escepticismo. Para indagar en ese espíritu «todopoderoso, paradójico y enigmático» de las abejas, según lo definiera el dramaturgo y poeta Maurice Maeterlink al referirse al «espíritu de la colmena», inspiración que le sirve a Erice para titular la película, como él mismo ha manifestado en alguna ocasión.

 


Ana Torrent es Ana en El espíritu de la colmena (1973), Víctor Erice


De esta manera, la colmena y su espíritu son la sociedad y sus motivaciones. Una sociedad que se corresponde con la de una España rural de posguerra en la que cunde el desencanto, pero que bien podría ser cualquier otro contexto en el que los individuos se ven empujados a vivir contra las cuerdas de la adversidad cotidiana. Unas circunstancias en las que resulta difícil rehuir la búsqueda de significados verdaderos y una lectura de los acontecimientos comprometida con las aspiraciones humanas más profundas e insobornables. Y unos protagonistas resignados en muchas ocasiones a sobrevivir en el interior de la colmena de sus propias frustraciones. Así, desde el abúlico padre apicultor y escritor amateur que noche tras noche es incapaz de superar el mismo párrafo de sus escritos, una suerte de reflexiones en las que indaga sobre la vida de las abejas desde una perspectiva literaria y filosófica y en las que fracasa intentado encontrar esas palabras sublimes y definitivas con la que culminar su texto. Pasando por la madre, enganchada a un amor antiguo al que escribe cartas a sabiendas de que dicha relación carece de futuro; incapaz de sustraerse a esa mentira y de purgar su desilusión encarando la realidad de su familia, la única que puede prometerle una perspectiva no idealizada por la que valga la pena afanarse y recomenzar. Siguiendo por el personaje de Isabel, un caso de escepticismo prematuro pues a sus ocho años mira el mundo sin la inocencia y la ingenuidad que tanto reprocha a su hermana, y que le correspondería. Hasta llegar a Ana, el punto de fuga de esta historia; ese otro espíritu de la colmena que aspira a volar libre, y vuela. Que espera salir del panal para buscar la belleza del entorno y poder alimentarse del néctar de la esperanza. Un personaje que simboliza la perspectiva ideal de la búsqueda del sentido y la verdad. Que es inconformista con la muerte y disconforme con la indiferencia y la brutalidad. No en vano, la historia de Ana transcurre amparada por el impacto que le produce el visionado de El Doctor Frankestein y el deseo de toparse con el monstruo en la vida real. Una criatura que anhela la bondad y la paternidad que le han sido negadas, en la misma medida que se comporta de forma brutal por el rechazo que despierta en los demás. Un ser al que Ana espera encontrar para ofrecerle la experiencia del amor y la expresión de la bondad como veneros de los que mana el significado de su dolor.

 


Frankenstein (1931), de James Whale


¿Encontrará Ana al monstruo y sabrá cómo comunicarse con él para transmitirle algo de su secreto de niña? Para saberlo, es necesario que veáis esta insólita película que a buen seguro no os defraudará.


http://revistatarantula.com/por-que-recomiendo-ver-el-espiritu-de-la-colmena/

5/jul/2015 - Un año en plan superhéroe (grabaciones para "Conocer al autor")

Publicada el 5 Ee julio Ee 2015 a las 7:50


Durante el pasado mes de enero acudí a las instalaciones de "Conocer al autor" con la idea de grabar una entrevista y alguna pregunta adicional, además de un vídeo sobre una película española que fuera de mi interés para “De qué va la peli”, plataforma online que depende de la misma gente.


De los vídeos grabados aquella tarde, solo he dado noticia en este Blog acerca de la entrevista (http://www.pabloluquepinilla.com/apps/blog/show/43025563-19-ene-2015-entrevista-en-conocer-al-autor-), pero nunca lo había hecho del resto. Como quiera que el año ha sido trepidante y no había tenido ocasión de atender en él a estas grabaciones, lo hago ahora, aprovechando que este tiempo estival previo a las vacaciones siempre resulta propicio para la recapitulación.


En concreto, de aquella sesión, aparte de las tomas falsas, surgieron catorce vídeos (siete para la entrevista, seis preguntas independientes y el comentario sobre la película) a lo largo de casi tres horas. Un panorama que de por sí espanta y que de haberlo previsto me habría hecho huir como procede. Para colmo, si el tema no era de por sí lo suficientemente peliagudo, entre tomas tuve que bajar a cambiar el ticket de la hora del aparcamiento al menos en un par de ocasiones, pues todavía me faltó el temple, que en estas circunstancias se requiere, para hacer una recarga online de saldo tecleando con mis dedazos nada menos que ¡mi número de cuenta! en tiempo récord en la aplicación del móvil a tal efecto. Pero ahí no acaba la cosa. Ya que, por si acaso el asunto no se había tornado aún lo suficientemente rocambolesco, en casa solo preparé el vídeo sobre la película, y, para elegir el resto de preguntas (de entre más de cuarenta que había ojeado el día anterior en conoceralautor.com) y esbozar alguna respuesta, apenas dispuse de una media hora y los instantes previos a cada una de las grabaciones. En definitiva, una locura que solo recordarla produce sudoración, ansiedad, vértigos y espasmos intestinales, pero con un resultado al que la poeta Beatriz Russo se refiere, en una semblanza que ha escrito para una presentación de mi último libro, con las siguientes palabras: "Lo suyo es pasión y así lo afirma en las numerosas entrevistas que concede a conoceralautor.com, donde se muestra con humildad, serenidad, cercanía y sensibilidad". Lo que no viene sino a demostrar varias cosas. La primera, que lo que mi buena amiga Beatriz define como pasión, yo lo llamo en términos más coloquiales tener más moral que Cañizares en su etapa de suplente en el Madrid dejándose crecer el pelo (los de mi generación me entienden). La segunda, que mis colegas de "Conocer el autor" tuvieron una gran paciencia a pesar de la que me liaron (hay que imaginarse la cara del cámara al que le decía: “espera, que voy a cambiar el ticket del aparcamiento”…) Y la tercera, que a quien quiera que se le ocurriera por primera vez el dicho "la procesión va por dentro" habría que elevarlo a los altares, porque demostró tener más razón que un santo.


Al final, cuando se editaron las entrevistas comprobé que había algún que otro gazapo digno de mención, como no podía ser de otra manera en semejantes circunstancias. Especialmente divertida me parece la aseveración, nada más empezar a grabar el vídeo sobre "El espíritu de la colmena" (esa fue la peli elegida) de que se trata de una película del año 1971 (mi fecha de nacimiento, previamente comentada en otra grabación), cuando es del año 1973, acaso lo único que no admite interpretación en tan magna obra... Otro gazapo curioso, que es para mí una especie de manía o pesadilla recurrente cuando me siento algo perdido, es hablar de "las editoriales" (de "Ibi Oculus" en el caso de la entrevista) para referirme a "los editoriales". Y en el plano de las referencias, un involuntario desliz metonímico en plan "el todo por la parte" al referirme a la poesía más emblemática y representativa de San Juan de la Cruz (la que le ha convertido en uno de los grandes de nuestra lengua; a saber: "Cántico espiritual" -sobre todo-, "Noche oscura", "Llama de amor viva", etc.) como su "poesía completa" para destacar ese sello tan distintivo suyo por el que escribe " a lo divino" a partir del amor humano, siguiendo en esto el modelo del "Cantar de los Catares" bíblico. Porque, de hecho, San Juan sí cuenta entre su escueta producción poética con textos explícitamente confesionales si nos atenemos a las pequeñas referencias en el "Vivo sin vivir en mí" y, sobre todo, a los romances sobre la Santísima Trinidad o el "Super flumina Babylonis", así como a alguna que otra glosa y letrilla atribuida. Romances que aprovecho ahora para recomendar también, por mucho que no sea la poesía más emblemática del autor, porque revelan, aunque sea desde una perspectiva en principio no tan lírica, sino didáctica y teológica, su finísima sensibilidad para el verso.


En definitiva, cosas que deparó aquella curiosa tarde a la que no le faltó su mañana con su correspondiente madrugón, obligaciones laborales y responsabilidades familiares varias..., que me trae a la cabeza ese divertido y audaz monólogo de Ben Clark que tanto ha circulado por los muros de Facebook: "Negociar la ilusión" (https://www.youtube.com/watch?v=6YkCki9URgE), en el que el ibicenco afirma que los poetas no somos héroes por el hecho de escribir poemas y publicarlos en libros, sino que somos superhéroes, porque compatibilizamos nuestra labor con las ineludibles ocupaciones profesionales. 


En fin, es todo lo que me ha dictado la sinceridad (¿o será el calor?) acerca de la intrahistoria de estas entrevistas para no desmerecer del todo las afirmaciones de mi amiga Beatriz cuando habla de “humildad, serenidad, cercanía y sensibilidad” para referirse a un servidor, porque acaso quien procura reírse un poco de sí mismo está en el camino de acariciar dichas cualidades. Así que, sin más, os dejo con los enlaces, a los que también iré concediendo espacio individualizado.




    


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