ENTRE MANOS

20/nov/2017 - Reseña de "Casa útero" (Calambur, 2016) de Bárbara Butragueño en "Nueva Revista"

Publicada el 20 Ee noviembre Ee 2017 a las 14:05

Útero o intemperie. Los nuevos versos de Bárbara Butragueño

por PABLO LUQUE PINILLA


ABSTRACT

Una reseña en profundidad de un poemario que la merece: Casa útero (Calambur, Barcelona, 2016), lo nuevo de Bárbara Butragueño


ARTÍCULO

Este poemario de Bárbara Butragueño (Madrid, 1985) se dio a conocer públicamente el pasado mes de febrero y contó con otras presentaciones todavía en plena primavera. Se trata de su quinta colección de poemas ─cuatro libros y una plaquette─, y la segunda que la autora confía a la imprenta. Esto evidencia una doble característica de la escritora: la prolificidad y la paciencia, lo que seguramente se debe a su predisposición natural a engendrar versos a partir de cuanto le ocurre y a la virtud de someterlos a escrutinio con minuciosidad de orfebre.


Al lector mínimamente avisado sobre la poesía española actual, no le habrá pasado desapercibida la obra de esta, todavía joven, poeta madrileña. En ella, destaca su lenguaje personal, imaginativo que, sin hacerse eco de las anunciadas defunciones de la retórica, emplea con provecho la metáfora y la imagen, en un ritmo libre, casi siempre sin puntuación. Una escritura en la que cada verso parece brotar en el centro de alguna conmoción existencial y en la que se advierten no pocas referencias que la autora nunca ha dudado en admitir. De esta manera, en sus composiciones percibimos la resonancia de voces como las de Alejandra Pizarnik o Blanca Varela. Y el aliento de lecturas diversas que bien podrían dibujar un arco con diferentes puntos de paso, que van desde el intimismo de Dickinson, al despliegue trópico de Umbral o el poder visionario de Plath. Y, en la órbita de nuestra literatura más cercana, los de la poesía de Ada Salas, Rosa Castro y David Meza o la de su admirado Juan Antonio Marín, por citar el trabajo de autores que son de recuerdo frecuente en sus comparecencias y entrevistas.


He tenido la oportunidad de seguir la evolución de la madrileña desde hace ya bastante tiempo y siempre me ha parecido que le acompaña un insaciable deseo de tragarse el mundo para devolvérnoslo temblando en los poemas. De entresacar esos secretos que la realidad esconde y que al entrar en contacto con el lector suscitan un sonoro escalofrío. Algo que se hace aún más evidente si se ha tenido la oportunidad de asistir a algunos de sus recitales, como los que ha llevado a cabo durante años para la Red de Arte Joven de la Comunidad de Madrid o el que celebró en la tertulia Esmirna, por citar dos ejemplos que me resultan familiares. En ellos, con frecuencia, su fraseo parece transcurrir con ademanes de trance contenido, revelando, aún más si cabe, la naturaleza vital e inspirada de su desempeño creativo.


No otra es la propuesta en esta Casa útero, que nos ocupa, si bien advertimos en sus textos un ligero encaminarse hacia un territorio expresivo que, sin renunciar a lo emocional/humoral, busca ensancharse por la vía de lo reflexivo y metafísico, potenciándose así el mensaje. O eso nos parece.


El volumen se divide en tres partes: «La culpa», «Las grandes palabras» y «El hogar caliente», en las que se nos habla de la culpa, de la relación del personaje lírico con la palabra poética y de la búsqueda de la identidad, respectivamente. Como colofón final, encontramos una suerte de anexo con trazas de coda, más que de epílogo, «Calor residual», que añade interesantes reflexiones adicionales a la tercera sección.


En «La culpa» la almendra argumental es el sentimiento de culpa y la manera en que este nos afecta, nos despierta o, también, nos abre al mundo. Así, de cuantas identidades conforman nuestro yo, solo se justifica aquella que no nos exime de la culpa. Pero permanecer en ella es una forma de mentira y hace falta «un grado de ardor un estallido» (pág. 18), ya que «solo muriendo / fieramente cada día / y dejando al temblor / calar el hueso / se puede dar a la vida hondura» (ibid.). Este temblor, por tanto, depende de no circunscribirse en exclusividad a la culpa, lo que permitirá que esta se transforme en un reclamo a un vivir más intenso y profundo, que acabe suponiendo una forma de redención ―nunca explicitada en el poemario, por otro lado―. Además, se propone una perspectiva de desgarro existencial donde saberse tan culpable como disponible a la negación de uno mismo, que nos procure alguna forma de pureza. Aun con todo, no hay palabras que lo consigan y asumimos ese fracaso; ese estado natural de anhedonia espiritual caracterizado por la sensación de «no estar nunca del todo / en ningún sitio» (pág. 19). Por eso, experimentamos un yo insatisfecho y aislado, ante el que uno se pregunta «para qué la bondad / para qué la fe / para qué la herida» (pág. 22) si «nadie nunca / nos responde» (pág. 23). De tal manera que, para ser libre, se estima necesario dejar escapar tales aspiraciones y tan elevada consideración de su cumplimiento. Una resignación y frustración en la que, a pesar de todo, no es imposible la esperanza. Por eso, se exhorta a los que consiguen renacer vaciándose de sí mismos a que compartan la verdad, la mirada limpia, la experiencia que nos salve de la propia culpa. No en vano, a ellos se dirige el final de esta parte: «vosotros vosotros enseñadme / enseñadme / a hacer justicia // enseñadme a ser» (pág. 29).


«Las grandes palabras» principia reconociendo que no se desea saber el significado preciso de la palabra «culpa», pues no es percibida con nitidez la delgada frontera de sus términos, y se prefiere «una forma cauta de certeza» (pág. 36). Se reflexiona sobre la oscuridad de la palabra poética y se lamenta cada vez que el verbo no está incendiado, en la misma medida en que se relaciona la escritura acometida con un lenguaje más convencional con una especie de aurea mediocritas literaria a la que se renuncia, porque «Quizá mi pecho no conozca más idioma / que el diluvio» (pág. 41). Pero la oscuridad igualmente puede ser una forma de refugio: «¿acaso no es esta oscuridad / donde crees que reside la belleza / la escafandra perfecta para ocultarte?» (pág. 42). Y se termina por reconocer que se escribe desde el rapto, desde una posesión en la que la palabra poética toma prestada la voz del poeta como si de un profeta/oráculo se tratara: «Sé que hay incendios, sé que por momentos escucho la música nacer de mí como un antílope mojado, pero esa boca no es la mía, ese odio no es mi odio, yo tengo un cuerpo puro» (pág. 43). En definitiva, este debate interno escenifica la lucha, tan de la autora, por la sinceridad poética sin renunciar a la belleza. La búsqueda, en suma, de los grandes significados en moldes de atractivos significantes.


La última de las partes, «El hogar caliente», aclara que salir del útero, de la casa, es exponerse demasiado «en este mundo de lobos donde los otros tan lobos siempre» (pág. 49). Salir o no salir, esa es la cuestión. Ser útero o intemperie. Así, el útero tiene el valor de lo originario y el exterior supone el bagaje de lo vivido, de lo heredado; lo familiar, emocionalmente. Una aventura al aire libre que se vive a la defensiva: «Pensabas que solo lobo los lobos te amarían» (pág. 52), y que implica la negación del propio cuerpo: «donde dijiste mujer dijiste nunca» (ibid.) y «te borraste el sexo» (pág. 53), para refugiarse en una forma de poseer errática que no es la verdadera fuerza anhelada, aunque sea poderosa y se parezca a la fuerza del varón. Hay, por tanto, inseguridad, miedo, estupor. Y el sujeto poético recuerda de niña a una mujer de caderas grandes que «siempre se está marchando» (pág. 56). En última instancia, se acaba por identificar la deseada fuerza, el protagonismo de la conciencia, como un lugar con un centro, «un animal diminuto que ― espera ― al fin ― encontrarse» (pág. 59) a sí mismo. Y por aquí ya vamos entendiendo el título de la obra, la urgencia por regresar al origen, a la esencia, a la matriz, a un útero desde el que sea factible recomenzar. Un lugar que representa ese espacio desde el que es posible emitir un canto como el de este libro-aullido cuando reivindica la autenticidad ante las más hondas e íntimas encrucijadas personales.


Finalmente, el calor residual que emana del apéndice redunda en la incapacidad del yo para reconocerse, para lograr la esperada identidad, pero nos reserva una hermosa sorpresa final con la que se cierra la esfera uterina del volumen. La aspiración de ser afirmado por otros con una exigencia semejante: «Yo quería que alguien me perdonara para poder perdonarme» (pág. 68); «Sé que hay otros que también vagan y buscan. Con la boca llena de algodones. Cuerpos que tienen frío a todas horas. Y también viven el amor propio como un tartamudeo eterno». (pág. 69).


Cuerpos asimismo con un contorno como el de este poemario, que redondea su forma con la plasticidad a la que nos tiene acostumbrados la escritora. Con las aludidas capacidades metafóricas e imaginativas, vertidas en moldes rítmicos de notable aliento, que consiguen un libro con maneras ―y más que maneras, por la persistencia en el tropo― de alegoría. Más allá, insiste la poeta en su voluntad de omitir las comas, excepto en los poemas en prosa que igualmente jalonan la obra. Además, hay un reiterado empleo del guion tipográfico en la prosa que cierra la tercera parte, que nos permite rastrear los razonamientos fragmentados y discontinuos del sujeto poético, como si la autora copiara al natural del pensamiento sin cocer las frases. De hecho, y en términos generales, en este volumen el ritmo de las consideraciones parece ofrecerse a trazos, manifestando la otra faceta creativa de la escritora: la de la ilustración y el dibujo. Porque Butragueño escribe como dibuja ―o a la inversa―, transcribiendo en cada línea lo que le pasa ― y traspasa― partiendo de una referencia original que, decantada en la memoria, traslada al papel ya transformada en una realidad nueva.


Esta realidad, ya se ha dicho, ofrece una versión bastante reflexiva en este texto, lo que no deja de resultarnos llamativo, por cuanto cada vez son más los que dirigen su mirada hacia esa poesía neopopular e intranscendente que prolifera por las redes y se da bacanales en los nuevos y viejos sellos editoriales. En este sentido, nos parece que la poeta es fiel a su pretensión de ofrecer en palabras de meritoria factura sus más hondas inquietudes vitales. Algo por lo que vale la pena reparar en esta propuesta poética en un tiempo en el que nuevos paradigmas antropológicos ―el literario entre ellos― no dejan de suponer una revalorización del viejo e ingenuo culto al valor omnipotente de la razón, y de esta a los pies del bienestar y el progreso, como suele suceder en las épocas determinadas por los grandes avances.


Buscamos el bienestar y progresamos, cómo no, pero no es posible hacerlo con éxito si rehuimos hacer las cuentas con nuestras más hondas hechuras: esa dependencia de la realidad que nos muestra la fragilidad estructural de la condición humana, la pertinencia de los interrogantes últimos y penúltimos, y la necesidad de significados verdaderos. Es por este motivo que esta escritura, y la de tantos otros que transitan los arduos caminos de la autenticidad y la belleza, está llamada a erigirse en testimonio de resistencia en un momento en el que hasta la poesía parece rendida al poder de lo banal y lo efímero.


http://www.nuevarevista.net/articulos/utero-o-intemperie-los-nuevos-versos-de-barbara-butragueno

15/sept/2016 - Reseña del "Orestes" de Yannis Ritsos. Traducción de Selma Ancira. Acantilado, 2015

Publicada el 21 Ee octubre Ee 2016 a las 20:00

En el número 9 de Ibi Oculus se ha publicado mi reseña sobre el Orestes de Yannis Ristos en traducción de Selma Ancira y publicado por Acantilado:


Os dejo a continuación la reseña, que puede consultarse directamente AQUÍ:



Orestes de Yannis Ritsos. Traducción de Selma Ancira. Acantilado, 2015.





Una de las características de la cultura griega es la incorporación del mito clásico al trasunto cotidiano. Así, la referencia mítica se incorpora a la vida y a la literatura con naturalidad, formando parte de su imaginario individual y colectivo, sin necesidad de mayor contextualización.

 

Muchos son los autores griegos que reflejan en sus obras esta relación cultural viva y vivida con el mito; este paso de lo referencial al aquí y ahora. Destacan, entre los poetas más importantes de las letras helenas durante el pasado siglo, Yorgos Seferis, que sostiene que esta imbricación es producto de una decantación natural; Odysséas Elýtis, que asume la modernidad y la renovación como signos diferenciadores; y Yannis Ritsos, escritor en el que el presente renueva el mito como continuación, pero, fundamentalmente, como permanencia, para hablarnos de lo antiguo con el lenguaje de hoy, y de los motivos del tiempo presente con una sabiduría antigua. Así, en Ritsos, el mito se ve enriquecido por los recuerdos personales y los problemas sociales de la Grecia de finales del siglo pasado que le tocó vivir.


De esta manera sucede con el Orestes que nos ocupa, englobado en el ciclo poético de los monólogos dramáticos del poeta centrados en personajes de la antigüedad clásica, pero trasladados a la actualidad, muchos de los cuales han sido también publicados en Acantilado. La serie principia con Sonata del claro de luna e incluye obras como La casa muerta y los soliloquios dedicados a Freda o Áyax, por mencionar algunos.


En Orestes, se ubica al personaje mitológico, hijo de Agamenón, rey de Micenas, y de Clitemnestra, así como hermano de Electra, en la noche previa al asesinato de Clitemnestra. El modelo, según el Orestes que más concuerda con el de Ritsos, es el de Eurípides, pues a diferencia del de Sófocles y Esquilo, Eurípides nos presenta unos personajes más humanos, con capacidad para hacer crisis, contradictorios y acuciados por las dudas, que es el núcleo de la sabiduría trágica como expresión de una forma de religiosidad, de una concepción de la realidad, en definitiva. A este dibujo de Orestes, Ritsos le añade una toponimia y unos motivos que revelan la contemporaneidad del autor con el relato poético. Y una versificación ciertamente brillante que fluye en extensión versicular, con plasticidad y con una respiración que demuestran un terreno de comodidad formal para el escritor. No en vano, el poeta fue traductor de Neruda y Nicolás Gillén, por mencionar algunos ejemplos significativos en este sentido, y uno de los poetas más influyentes de la generación griega de 1930, análoga a la generación del 27 en España.


Su libro arranca con Orestes y su fiel amigo Pílades a los pies de la muralla del palacio de los Átridas escuchando los lamentos de su hermana Electra, que clama venganza, mientras Orestes sopesa sus miedos y contradicciones, que vienen a suponer la almendra temática de la obra. Para nuestro Orestes, la contradicción se establece entre el deber impuesto por lo social y el deber ético de escuchar a la propia conciencia. Esto le permite ponderar con positividad la figura de su madre en detrimento de la de su hermana ―ponderación de la madre que es una constante en su obra―, lo que no le abstrae de su deber, si bien detesta la presión social que le exige una reparación meramente instintiva y atávica. Más allá, se pregunta si la fuerza de la libertad personal y la del condicionamiento social están destinadas a convivir en armonía o, por el contrario, estamos creados con esa terrible disyuntiva con la que debemos convivir como un padecimiento crónico.


En suma, el poemario es un canto a la reflexión personal frente al destino en contraposición con la imposición social del horizonte individual, que convierte a Oretes en un ejecutor de los designios previstos, pero a través de su libre elección nacida del conocimiento de la propia identidad. Reflexión que el autor griego transforma, en la línea de otros libros de su factura, en una narración de exuberante frondosidad poética.

 

15/jul/2015 - "¿Por qué recomiendo ver El espíritu de la colmena?" Tarántula Cultural

Publicada el 22 Ee julio Ee 2015 a las 1:35

Se acaba de publicar esta columna que he escrito para Tarántula Cultura, gracias a la amabilidad de su director Luis Muñoz Diez, sobre una de las películas del cine español que prefiero, "El espíritu de la colmena" (1973) de Víctor Erice. El texto recoge la almendra argumental sobre la que versó mi intervención para la Web "De qué va la peli", así que supone un buen complemento de aquel vídeo:


Os dejo a continuación la reseña que puede consultarse directamente AQUÍ:


¿Por qué recomiendo ver El espíritu de la colmena?"

 



El espíritu de la colmena (1973) es el primero de los tres largometrajes del cineasta Víctor Erice, que además de dirigirlo escribió el guion junto al desaparecido crítico Ángel Fernández Santos. La producción corrió a cargo de Elías Querejeta y la fotografía de Luis Cuadrado. En él intervinieron las actrices Ana Torrent e Isabel Tellería, aún niñas, así como el incombustible Fernando Fernán Gómez, entre otros. Un elenco de profesionales de incuestionable valía que firmaron un trabajo que más de veinte años después continúa suscitando admiración y elogios. No en vano, nos encontramos ante una de las creaciones mejor valoradas de la historia del cine español.

 


Ana Torrent, Isabel Tellería en una imagen de El espíritu de la colmena (1973), Víctor Erice


La película está ambientada en la Castilla rural de los cuarenta, en plena posguerra. Un contexto que lejos de depararnos una narración previsible, se convirtió en el ámbito preciso para que Erice realizar un film singular e irrepetible. En él se nos cuenta la historia de dos hermanas, Ana (Ana Torrent) e Isabel (Isabel Tellería), de seis y ocho años, respectivamente, y el mundo de los adultos que las rodea, especialmente el de sus padres; así como el de algún que otro personaje clave en la trama, como el fugitivo. El momento de sus vidas que sirve de marco al desarrollo argumental se corresponde con la proyección en el pueblo en el que viven de la película El Doctor Frankestein de James Whale con interpretación de Boris Karloff, y el efecto que en las niñas tiene, en especial en la protagonista Ana, el personaje del monstruo.

 

Todo en esta obra está minuciosamente planificado para ofrecernos un relato poético que se erige en una delicada y sutil alegoría. Un despliegue en el que el dibujo de los personajes, los símbolos (especialmente los de la colmena, las abejas y el tren), la iluminación, la banda sonora y sus canciones (muy importantes), los encuadres, los planos y el ritmo, se administran con maestría para hablarnos de la búsqueda del sentido y la erosión que produce el escepticismo. Para indagar en ese espíritu «todopoderoso, paradójico y enigmático» de las abejas, según lo definiera el dramaturgo y poeta Maurice Maeterlink al referirse al «espíritu de la colmena», inspiración que le sirve a Erice para titular la película, como él mismo ha manifestado en alguna ocasión.

 


Ana Torrent es Ana en El espíritu de la colmena (1973), Víctor Erice


De esta manera, la colmena y su espíritu son la sociedad y sus motivaciones. Una sociedad que se corresponde con la de una España rural de posguerra en la que cunde el desencanto, pero que bien podría ser cualquier otro contexto en el que los individuos se ven empujados a vivir contra las cuerdas de la adversidad cotidiana. Unas circunstancias en las que resulta difícil rehuir la búsqueda de significados verdaderos y una lectura de los acontecimientos comprometida con las aspiraciones humanas más profundas e insobornables. Y unos protagonistas resignados en muchas ocasiones a sobrevivir en el interior de la colmena de sus propias frustraciones. Así, desde el abúlico padre apicultor y escritor amateur que noche tras noche es incapaz de superar el mismo párrafo de sus escritos, una suerte de reflexiones en las que indaga sobre la vida de las abejas desde una perspectiva literaria y filosófica y en las que fracasa intentado encontrar esas palabras sublimes y definitivas con la que culminar su texto. Pasando por la madre, enganchada a un amor antiguo al que escribe cartas a sabiendas de que dicha relación carece de futuro; incapaz de sustraerse a esa mentira y de purgar su desilusión encarando la realidad de su familia, la única que puede prometerle una perspectiva no idealizada por la que valga la pena afanarse y recomenzar. Siguiendo por el personaje de Isabel, un caso de escepticismo prematuro pues a sus ocho años mira el mundo sin la inocencia y la ingenuidad que tanto reprocha a su hermana, y que le correspondería. Hasta llegar a Ana, el punto de fuga de esta historia; ese otro espíritu de la colmena que aspira a volar libre, y vuela. Que espera salir del panal para buscar la belleza del entorno y poder alimentarse del néctar de la esperanza. Un personaje que simboliza la perspectiva ideal de la búsqueda del sentido y la verdad. Que es inconformista con la muerte y disconforme con la indiferencia y la brutalidad. No en vano, la historia de Ana transcurre amparada por el impacto que le produce el visionado de El Doctor Frankestein y el deseo de toparse con el monstruo en la vida real. Una criatura que anhela la bondad y la paternidad que le han sido negadas, en la misma medida que se comporta de forma brutal por el rechazo que despierta en los demás. Un ser al que Ana espera encontrar para ofrecerle la experiencia del amor y la expresión de la bondad como veneros de los que mana el significado de su dolor.

 


Frankenstein (1931), de James Whale


¿Encontrará Ana al monstruo y sabrá cómo comunicarse con él para transmitirle algo de su secreto de niña? Para saberlo, es necesario que veáis esta insólita película que a buen seguro no os defraudará.


http://revistatarantula.com/por-que-recomiendo-ver-el-espiritu-de-la-colmena/

18/jun/2015 - Reseña de "Cero" en "Clarín". Por Aitor Francos.

Publicada el 18 Ee junio Ee 2015 a las 1:25

Dejo aquí la reseña que ha preparado Aitor Francos con el sugerente título de "Un libro panóptico", y aprovecho para agradecer al crítico el acercamiento al texto. El artículo ha aparecido en el número 116 de marzo-abril de la veterena revista ovetense Clarín. Entre unas cosas y otras no me ha sido posible compartirlo hasta ahora. 

 

En la sinopsis de dicho número se explica: "Comienza el nuevo número de Clarín con un homenaje a Santa Teresa de Jesús, como no podía ser de otra manera en el centenario de la escritora. Rosa Navarro Durán, una de las máximas especialistas en la literatura del Siglo de Oro, se ocupa de las relaciones entre la protagonista de La Regenta y la autora de Las Moradas. Manuel Alberca, reciente ganador del premio Comillas con una ejemplar biografía de Valle-Inclán, esclarece algunos puntos de la vida de Azorín. Destacan también los trabajos sobre cine firmados por Christophe Rabiet y Felipe Benítez Reyes. Las habituales páginas viajeras corren a cargo de Manuel Neila (India) y Pedro García Martín (Grecia). Aquilino Duque retrata a Gabriel Celaya, Ernesto Baltar rescata una cartas inéditas de Castelao. Podemos leer además, entre otras colaboraciones, poemas de Henri Cole, en versión de Carlos Alcorta, y una crónica ejemplar de Paul Brito. Y los habituales paliques. 

 

Ver índice del número completo."



7/mar/2015 - ABC.es - Entrevista sobre "Cero" por Manuel de la Fuente

Publicada el 9 Ee marzo Ee 2015 a las 19:40

 


 


El sábado 7 de marzo se ha publicado esta entrevista en ABC.es que me hace Manuel de la Fuente en el contexto de la iniciativa "Poetas a pie de web", que se iniciara con Luis Alberto de Cuenca y por la que han pasado escritores como Manuel Vilas, David Benedicte, Ernesto Pérez Zúñiga o Ángel Antonio Herrera: http://www.abc.es/cultura/libros/20150307/abci-poetas-marzo-201503061432.html

La entrevista es un desenfadado recorrido por las inquietudes que suscita Cero, desde la siempre aguda perspectiva del periodista y poeta Manuel de la Fuente, que despliega toda su sabiduría/artillería reporteril y cultural en esta serie de semblanzas de libros de poetas actuales. Agradezco a Manuel, por tanto, el trabajo por partida doble: por la sección en sí y por incluirme en ella.


Por otro lado, el trabajo de Manuel de la Fuente, además de estar diseñado con precisión de relojero y audacia de acróbata, no prescinde de ningún detalle, como especificar la autoría de la foto de Lupe. Esta imagen glosa como pocas las circunstancias ovaladas que rodean a mi libro de poemas, así que muchas gracias, amiga.


Espero que disfrutéis leyendo este artículo tanto como yo contestando las preguntas que incluye.

18/dic/2014 - Recapitulando sobre "Cero"

Publicada el 18 Ee diciembre Ee 2014 a las 8:25

 

 


Transcurridos unos meses desde la salida a la venta del Cero, he tenido la oportunidad de recopilar los hechos más significativos alrededor del volumen AQUÍ. Para los próximos meses se preparan nuevos eventos, comentarios de reseñistas y presentaciones públicas de la obra, pero este receso, antes de las fiestas que se avecinan, me parecía oportuno. Entre otras cosas, porque, por ejemplo, a lo mejor este libro podría ser un buen regalo para alguien muy especial para ti y con gusto por la poesía... De ser así, te recomiendo que hagas uso de alguno de estos enlaces para una cómoda adquisición: 

De todos estos hitos, podemos destacar el momento de la PRESENTACIÓN OFICIAL, como pistolezado de salida de una andadura que se prolongará a lo largo de 2015; los RECENSIONES de reseñistas, presentadores y periodistas, con nuevas aportaciones en ciernes para los próximos meses; y la acogida de los lectores que han querido hacer suyo Cero comprándolo, manteniéndose el libro durante muchas semanas entre la LISTA DE MÁS VENDIDOS de la librería Renacimiento, y tuiteando en no pocas ocasiones sus versos e interioridades.

  

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Agradezco la atención prestada a Cero durante este tiempo y os deseo lo mejor para estos días donde el Cero se significa, sobre todo, por ser el lugar desde el que comenzar a sumar y seguir avanzando hacia todo lo bueno que esperas.

  

10/nov/2014 - Traducciones de "SFO" en la Universidad de Bologna.

Publicada el 16 Ee noviembre Ee 2014 a las 8:45


Acaban de salir en Fili d'Aquilone las traducciones que se hicieron en la Universidad de Bolonia, sede de Forlí, sobre diez poemas de SFO. Toda una aventura que culmina con esta hermosa publicación que agradezco al poeta romano Alessio Brandolini, como director de la revista digital, y a Gloria Bazzocchi por la introducción, tutela y supervisión de los trabajos.






Fili d'aquilone - num. 35, SFO. Foto e poesie della città di San Francisco

www.filidaquilone.it


Il libro nasce da un viaggio a San Francisco realizzato dal fotografo Rodríguez Torrego, in occasione di un convegno scientifico della moglie. Libero da impegni, per cinque giorni ha visitato la città californiana alla ricerca di persone da... SEGUIR LEYENDO.

23/oct/2014 - Reseña de "Cero" en El Periódico de Aragón. Por Miguel Ángel Ordovás.

Publicada el 23 Ee octubre Ee 2014 a las 22:55


Dejo aquí la reseña que ha preparado Miguel Ángel Ordovás para El Periódico de Aragón con el sugerente título de "Pablo Luque demuestra que el poesía el cero puede tender al infinito", y aprovecho para agradecer al crítico el acercamiento al texto.



También puede leerse AQUÍ.


18/oct/2014 - Reseña "Cero"en "Félix Molina. Arte y Literatura"

Publicada el 18 Ee octubre Ee 2014 a las 14:40

De esta manera se presenta Félix Molina en Twitter:

"Arte y literatura. Dedicado a la reseña y la producción artística y literaria. Escribo sobre y escribo. Por arte y literatura entiendo, en principio, todo".

Y de esta otra presenta su Blog, Arte y Literatura:

"La superfície de las cosas es a veces su interior. En tanto todo se va aclarando lo mejor es apenas describirlo, para que el tiempo no termine arañándolo. ¿Prefiero quedarme con lo escrito y lo pensado sobre lo que se representa o representarlo? Sigan, como ondas en un estanque, por artificial que sea, estas páginas. O acumúlense, como en el baúl del aire, las miniaturas de lo que somos".

Estas precisas y poéticas descripciones de su actividad y su Blog, respectivamente, nos descubren a un excelente prosista, que a través de su bitácora impulsa y promueve el arte, la literatura y sus maridajes. Vaya pues por delante mi agradecimiento ante quien tan bien ha tratado a Cero.


El original aquí:

http://felixmolinapublica.wordpress.com/2014/10/15/del-cero-al-infinito-la-poesia-total-de-plp/

 


También aquí transcrito a continuación: 


Del cero al infinito: la poesía total de PLP

octubre 15, 2014

por Félix Molina

 



Cero | Pablo Luque Pinilla, 2014

 


 

Ahora que vislumbramos la eternidad o el infinito y la ciencia se vuelve, cada vez más, poesía –nanoscopios que inspeccionan más allá de lo microscópico, sondas que perduran por nosotros en el espacio– tendremos que recordar que, antes que cualquier conocimiento, la palabra ya anduvo entretenida en proyectarnos sobre todo.

 

Digo esto porque acabo de leer, para mi alegría, Cero, el nuevo libro de Pablo Luque Pinilla (editado por Renacimiento), con quien tuve la suerte de abrir Literatura y… en este blog, y su escritura es la constatación de que tenemos en el verbo todo lo que queremos saber, tal y como nos decían aquellos viejos maestros de gramática (preguntémosle al verbo, siempre al verbo…;).

 

Cero va de orígenes, de la creación entrevista en un magma donde la única certidumbre es –lo aplaudo diariamente– la belleza; trata de la geometría y sus misterios, origen y pregón a la vez de lo bello creado (“Contemplo la estructura de su haz, / el mapa que despliega su lección / de simetría en la isla de St. Patrick, en la piel de Dublín: Baile Átha Cliath” –leemos en "Trébol").

 

Ocurre que –como le sucedió en su introspección sobre la ciudad de San Francisco, que nos sembró para siempre, muy dentro, una fotografía adicional a las geniales que pululaban por el libro SFO– Pablo Luque se guarda de asignar a la poesía un solo, único, unívoco lenguaje; más bien abomina de dicha representación y se encarga de apacentarnos un buen rebaño de voces donde se unen los registros científicos (como en "Analepsis embrionaria"), filosóficos (la deconstrucción de Derrida, aplicada a un original poema amoroso) o hasta irónicamente ecológicos (“Reciclamos basura, / organizamos el fracaso”, se lee en "Punto limpio"): todo, tamizado por la conciencia de su esencia original y su destino incierto, es susceptible de ser poético, en parte porque a través de la indagación que es este libro de PLP vamos sabiendo que lo más poético de todo es –simplemente- ser, es decir, originarse, crearse (no olvidemos de paso, la etimología donde el poema hunde sus raíces), proclamarse ese cero revisitado desde todos sus cantos –los de su volumen geométrico y los de su música esencial.

 

Que no se comprometa con un lenguaje poético dado (nunca mejor dicho), determinado, no quiere decir que su expresión no sea un compromiso directo con lo bello, con lo buenamente cantado, ahora –en este 2014– como en los tiempos de un Catulo. Pablo cierra sus textos como siempre se cerró un buen poema: con esas líneas que lejos de lapidarse se golondrinizan, para estar siempre yendo y viniendo a nuestra experiencia de lectores y de personas. “Al final todo obedece al ángulo con que se gire el ojo” en "Perdón" o “la deriva del agua en la inclemencia / de este baño mortal llamado vida”, en "Comida rápida" –entre varias decenas de versos compañeros– cumplen para mí ese eterno y rítmico ritual poético que es acordarse de un verso y, como de paso, agarrarse a él cuando la vida nos zarandea.

 

Otro prodigioso hallazgo en Pablo Luque es el cuidado detallismo de la edición de su Cero, de la que el autor no se desentiende. Vuelve a incluir –como en el glosario de SFO, con pasión casi anglosajona (por aquí no se estilaba este dispendio)– un conjunto de “Notas Perimetrales”, que interseccionan con los contenidos que ya andaban revoloteando por nuestros resquicios, desde la primera lectura de los textos precedentes. Todo se adoba –por si todo no era ya un todo- con el uso de las imágenes, del que ya teníamos buena muestra (fotográfica) en SFO, pero que en este libro transitan por el venero de la ilustración (la cubierta y diez piezas de Luis Ruiz del Árbol), y son siempre un hermoso trasunto gráfico del texto que acompañan. Es una tendencia que se respiraba en el aire hermosamente viciado (y fresco a la vez, claro) del también originalísimo poeta Pe Cas Cor (Pedro Casariego Córdoba, http://www.pedrocasariego.com/), al que dedicaremos sin dudarlo una reseña o quizá una hoja luminosa en el calendario que viene. O en el Lorca más expresivo y colorista, con dibujos trazados por su propia mano. O en el Apollinaire genitor de esta corriente, al que (como a PLP en "Quiz Show") se le quedan pequeños los estrechos márgenes del verso, y prefiere siempre la irisación del caligrama –por darle un nombre a la explosión, a ese Big Bang de las palabras en torno a lo que se quiere expresar. En el origen, la poesía ya es el trazo –o al revés, nunca se sabrá: todo trazo prefiguraba ya su poesía.

 

***

 

Sin ánimo destripador alguno, recojo dos muestras (que se quedan escasas) de lo que puede ser la lectura de Cero, acompañadas por las imágenes que las confrontan en el libro.


"Perdonado pero no olvidado"

 

P E R D Ó N


Un rombo horizontal,
dos arcos rotos y torcidos,
un pozo de visiones encontradas.
Entregamos un beso cuando nos dirigimos al arrepentimiento
y en su expresión
todo se desenvuelve en una forma.   

La del gigante que dibuja una guadaña de tristeza
o la del medio óvalo de párpados cerrados.
La del cíclope forjando un rayo para destruir a Crono
o la del trazo suave del destino.
La de la furia púrpura sembrada en el desierto
o la que entiende lo oportuno de desear lo inacabable.   

Venimos al perdón con un gesto de violencia
o sobre el potro duradero de la misericordia.

 Al final todo obedece al ángulo con que se gire el ojo.

 

 

 
"Comida rápida"

 


C O M I D A     R Á P I D A

  

Cada vez es más fácil la muerte.
Jorge Dot

  

La agonía en el mar. El mediodía ebrio
flotando entre los ángulos del agua.
La mirada perdida, la escena del dolor.
Incontables las migas de mi cuerpo,
los golpes de los peces, sus desgarros.
Una sombra frenética que embiste
esparciendo mi sangre en la marea.
Pasto soy de los seres que habitan en el fondo,
su hambre tras el delirio de la espuma;
la deriva del agua en la inclemencia
de este baño mortal llamado vida.



También os señalo aquí el sitio más recomendable, para engancharse aún más a su lectura y un clip de video inestimable para introducirnos en el mundo de Cero:

 

 

http://www.pabloluquepinilla.com/cerolibro.htm

  

© Todos los derechos de los poemas e ilustraciones reproducidos son de Pablo Luque Pinilla y Luis Ruiz del Árbol.


http://felixmolinapublica.wordpress.com/2014/10/15/del-cero-al-infinito-la-poesia-total-de-plp/

10/oct/2013 - Reseña de "John Berguer. Poesía 1955-2008". Edición y traducción de Pilar Vázquez, Nacho Fernández R. y José María Parreño, Círculo de Bellas Artes, 2014

Publicada el 14 Ee octubre Ee 2014 a las 0:35



Acaba de aparecer la reseña «Del color de sus alamas» que he escrito para el núemro 61 de la revista El Cuaderno, que edita Trea, sobre la poesía de John Berguer con traducción de de Pilar Vázquez, Nacho Fernández R. y José María Parreño y editada por Círculo de Bellas Artes, 2014.


La edición digital de El Cuaderno fue gratuita durante un tiempo, pero en la actualidad es mediante suscripción. En la actualidad, los números en papel se reciben bajo suscripción y los sueltos pueden comprarse en la edición electrónica.


Tenéis toda la información sobre el número 61 AQUÍ. Os dejo a continuación la reseña para el que no tenga acceso al número:




Del color de sus almas


John Berger. Poesía 1955-2008
Traducciones de Pilar Vázquez, José María Parreño y Nacho Fernández R.
Edición de Jordi Doce y Nacho Fernández R.
Círculo de Bellas Artes, 2014. Colección «La Voz del Poeta».
272 páginas + CD.


 

Esta cuidada publicación de la poesía de John Berger (Londres, 1926), que edita el Círculo de Bellas Artes, se la debemos a Jordi Doce y Nacho Fernández R., en las bambalinas preparatorias; y a Pilar Vázquez, José María Parreño y el propio Nacho Fernández R., como artífices de las traducciones, encargándose la traductora de las dos terceras partes de estas. En rigor, viene a suponer la primera muestra de la obra poética (casi) completa vertida al castellano del afamado escritor británico. Como precedentes en versión original de la poesía del autor, contamos con un único libro publicado por el londinense, Pages of the Wound: Poems Photographs Drawings 1956-94, acompañado de dibujos y fotografías firmados por él mismo, editado en 1994 y reeditado posteriormente con más composiciones poéticas y gráficas; y, en castellano, con Páginas de la herida: antología poética (trad. de Pilar Vázquez, Ed. Visor, 1996), textos que la presente edición incluye en su totalidad con traducciones revisadas y a veces reescritas según explica la propia Pilar Vázquez, junto a versos de producción posterior hasta 2008. La compilación se acompaña de un CD con veintiún poemas grabados por Berger en 2010 durante una de sus visitas al Círculo de Bellas Artes (recibió la Medalla de Oro de esta institución en 2006), cuya lectura subraya la versatilidad de la lengua de Milton, ya sea para la poesía, el pop o para declamar la guía telefónica, si fuera necesario. Como sabemos, el inglés es siempre de una plasticidad eufónica que en la voz de nuestro autor recitando sus versos supone un aliciente añadido para acercarse a este volumen.


Del literato, primero artista (estudió arte en la Central School of Art de Londres, y a los treinta años dejó de pintar para dedicarse más decididamente a la literatura), es bien conocida su trayectoria narrativa y ensayística, especialmente a partir de libros como G., ganadora del prestigioso Booker Prize en 1972, y del ensayo de introducción a la crítica de arte Ways of Seeing (Modos de ver, trad. Justo G. Beramendi, Ed. Gustavo Gili, 2001), un verdadero manual de referencia para los amantes de la historia del arte. En general se trata de una andadura literaria bastante marcada por el compromiso social y político de su autor pues, según comenta el propio Berger, en las postrimerías de los años cincuenta, en plena Guerra Fría, sintió la necesidad de decir algo desde las filas de la literatura. No en vano, fue militante del partido comunista británico, se autoexilió en los Alpes franceses por no encontrar acomodo cultural satisfactorio en su Londres natal y, aún hoy, si bien se reconoce más alejado de sus postulados comunistas de antaño, continúa manifestándose marxista.


En cualquier caso, uno de los aspectos que más llama la atención de la poesía que nos ocupa es que, sin renunciar el escritor en ella a sus convicciones políticas y su vocación por la denuncia social (como vemos, por ejemplo, en el homenaje al ministro de Allende O. Letiler: «Orlando Letilier. 1932-1976», págs. 73-77), evidencia estar escrita por alguien que conoce bien el poder de la palabra poética para urdir un entramado lírico profundo con el que indagar la realidad y transcenderla. Y lo hace desde una voz absolutamente personal y reconocible, que emplea un lenguaje delicado y sutil para servirnos un destilado de emociones y transfiguraciones obrado en y para lo intemporal, como nos sugiere el poema «Agujero» (pág. 261): «Hacer un agujero / a través de / una piedra / hilvanarla / llevarla colgada / anuncia inmortalidad / la piedra puede ser / lenguaje / el agujero, poesía». También empleando un despliegue versal en el que escasea la puntuación, no se renuncia a la rima en el original inglés y se hace un uso bastante controlado de los recursos, donde, si acaso, se recurre a la evocación alegórica. Una suerte de metáfora continuada, elegante, tenue y aguda, al servicio de una textura lírica en la que albergar una emoción, una reflexión o un estado de ánimo, según el caso, que parecen prefijados de antemano como objetivo de las composiciones, como búsqueda a través del lenguaje de un interés comunicativo muy concreto. Y es precisamente en esta técnica, que se emplea para casi todos los motivos que la poesía de Berger nos propone, donde más patente se hace la impronta del narrador.


Ya sean los asuntos de sus poemas los del desencanto postindustrialización, nostálgico de un mundo perdido, después azotado por la técnica: «Los agrónomos de apuntados zapatos / saltan sobre el perro muerto / arrastrado hasta la cuneta / y entrando en un campo se agachan / a examinar un puñado de tierra negra / …/ y los campesinos de guata remendadas / los miran y se preguntan: / ¿qué esperarán encontrar / en nuestra tierra?», leemos en «La llanura Maritsa» (pág. 187). Ya sean dichos motivos los de esos textos ruralistas que simplemente evocan con melancolía el tiempo pasado al que nos referimos, y en los que más y mejores ejemplos hallamos de la poesía del de Londres, pues por estos Poemas transitan todo tipo de remembranzas de elementos procedentes del campo y la naturaleza, donde, por citar algunos, destacaríamos: «Cucharón» (pág. 90), «Puesta de sol» (pág. 100), «Patatas» (pág. 103), «Pascua» (pág. 105), «Caballo» (pág. 145) o «Cada pino al anochecer » (pág. 181), en el que leemos: «Cada pino al anochecer / aloja al pájaro / de su voz / perpendicular y quieto / el bosque / indiferente a la historia / como una piedra imperturbable / repite / con entusiasmo febril / la vieja historia / de la puesta de sol». Ya sean aquellos que rememoran la Primera Guerra Mundial por cuanto esta supone de inflexión de un cambio de mentalidad y modelo de sociedad de la preindustrialización a la industrialización, como vemos en «Autorretrato 1914-1918» (pág. 41), sin ir más lejos. Ya sean los cumplidos homenajes a diferentes personajes, además del citado Letilier, como los que dan título a «Muerte de Nan M.» (pág. 107), «Robert Jorat» (pág. 237) o «Tonio» (pág. 263), por ejemplo. Ya sean sus poemas bélicos, marcadamente antibélicos, ya que nos hablan de la desolación que enciende la barbarie de la guerra, tal y como se observa en «Ypres» (pág. 45). Ya sean las referencias al mundo del arte y sus obras: «Autorretrato de Rembradnt» (pág. 67), entre otras. A los que habría que añadir sus poemas de amor, con bellos ejemplos como «En tu isla» (pág. 171), «El cuero del amor» (pág. 189), «Viejo poema de amor» (pág. 197) o el hermosísimo «Una camisa colgada de una silla» (pág. 235), por citar algunos. O esos otros de textos que simplemente rescatan del olvido lo cotidiano, con algunos de los versos más significativos de una poética empeñada en subrayar lo humilde y pequeño para devolvérnoslo nuevo y transformado, como en «Sin título» (pág. 69) cuando reza: «oriento el pez / para así poder ver / su ojo / y el envite de su cola // coloco / el dedo meñique / entre las mandíbulas / del animal marrón // la tercera piedra la levanto / y sostengo detenidamente / para volver a dejarla en la mesa / así // se me perece solo lo que es», para referirse a tres simples piedras, verdosa, marrón y gris oscura, respectivamente. También, incluso, las reflexiones, nada escasas, sobre el papel de la palabra poética: «Pájaros como letras alzan el vuelo / ─sí, alcemos el vuelo─ / se ciernen en círculos y se posan en el agua / junto a la fortaleza de lo ilegible», se nos dicen en los versos de «Páginas» (pág. 55), a los que habría que sumar los de los del díptico «Palabras» (págs. 83-85) o la composición «De viva voz» (pág. 87). Por último, no podemos dejar de referir de entre la trama de sus preocupaciones poéticas aquellos aspectos antropológicos que acarrea el cambio de mentalidad y la transformación social comentada. De entre ellos, nos parece subrayable el tema de las prosas poéticas «Doce textos sobre la economía de los muertos» (Págs. 175-179), un lúcido y aleccionador lamento acerca de la censura por parte del hombre de hoy de la realidad de la muerte como parte de la vida: «Mientras el capitalismo no deshumanizó la sociedad, todos los vivos esperaban alcanzar la experiencia de los muertos. Era su futuro último. Por sí mismos eran incompletos. Así, vivos y muertos eran interdependientes», leemos.


Más allá, la poesía de nuestro escritor ha gustado de dialogar con otros géneros artísticos, en una actitud de libertad formal que no han dudado en señalar a menudo los estudiosos de su literatura. No solo por el protagonismo que alcanzan algunos pintores como personajes de sus versos, entre los que se encuentran el ya citado Rembradnt y al que habría que sumar los ejemplos de Giorgone o Johannes Vermeer, sino porque algunos de los textos originales de sus Pages of the Wound: Poems Photographs Drawings 1956-94 no son meros aderezos de un libro con ilustraciones, sino que lo son solo en función de algunas obras gráficas de Berger. Tal es el caso de los memorables fragmentos de «Ramurian» (págs. 29-39) sobre dos fotografías del autor; nueve bellas muestras que cantan a la naturaleza y el erotismo con una sutileza y plasticidad incuestionables. Elegancia y sensualidad que se repite en el díptico «Dibujo» (págs. 245-247). De hecho, si hay otro aspecto que no debe obviarse en la poesía del inglés es el protagonismo estilístico que concede a la imágenes en sus composiciones; los trazos de palabras sobre el lienzo de sus textos con los que consigue cuadros de hermosura indudable, como venimos diciendo. ¿Cómo sino calibrar expresiones como las ya referidas o, por citar otras, estas del mencionado «Pascua» (pág. 105)?: «De noche a los carámbanos / les crecen dientes / de transparente roedor / por el día babean / el alimento que les dio la nieve».


Podemos especular sobre el lugar que ocupa en las letras inglesas la breve poesía publicada por Berger, eclipsada en gran medida por su dimensión como destacado prosista de ficción del periodo posterior a la Segunda Guerra Mundial, así como por su prolijidad ensayística, pero al final siempre nos tropezaremos con las reflexiones con las que el propio escritor se ve dentro de dicho panorama y que vienen a subrayar una humildad y paciencia que se reflejan en la calidad de su trabajo poético. Para Berger, el poeta no se autoproclama como tal, sino que únicamente le corresponde al lector el privilegio de señalar tal identidad y destacar si sus poemas merecen dicho tratamiento. Pensamientos que hay que considerar junto a su obra, para vencer la tentación de encasillar a Berger en un determinado contexto poético por el hecho de que su impregnación literaria sea de ascendencia política. Ya que según hemos explicado aquí, esta poética trasciende lo coyuntural y lo ideológico, transformando su grito contra la injusticia, la desigualdad y el capitalismo en un rezo contra la destrucción del tiempo y lo banal, antes que en cualquier otra cosa. Pues, como el poeta manifiesta en el prefacio del libro al explicar la ordenación cronológica de los poemas, la palabra inglesa para «cuenta» o «abalorio», como cada uno de los setenta y dos textos de esta compilación escritos a lo largo de sus cincuenta años de dedicación poética, es bead, que deriva de la forma medieval bede, bed, gebed, cuyo significado es ‘oración’. Unas cuentas que los son de una jaculatoria de «voces / que aúllan al caer como cascadas» («Páginas de la herida», pág. 259) para suplicar por ese «verde», que «tiene el color de sus almas / y llega como un don» («Réquiem», pág. 225).

 

Pablo Luque Pinilla, agosto de 2014.