ENTRE MANOS

15/sept/2016 - Reseña del "Orestes" de Yannis Ritsos. Traducción de Selma Ancira. Acantilado, 2015

Publicada el 21 Ee octubre Ee 2016 a las 20:00

En el número 9 de Ibi Oculus se ha publicado mi reseña sobre el Orestes de Yannis Ristos en traducción de Selma Ancira y publicado por Acantilado:


Os dejo a continuación la reseña, que puede consultarse directamente AQUÍ:



Orestes de Yannis Ritsos. Traducción de Selma Ancira. Acantilado, 2015.





Una de las características de la cultura griega es la incorporación del mito clásico al trasunto cotidiano. Así, la referencia mítica se incorpora a la vida y a la literatura con naturalidad, formando parte de su imaginario individual y colectivo, sin necesidad de mayor contextualización.

 

Muchos son los autores griegos que reflejan en sus obras esta relación cultural viva y vivida con el mito; este paso de lo referencial al aquí y ahora. Destacan, entre los poetas más importantes de las letras helenas durante el pasado siglo, Yorgos Seferis, que sostiene que esta imbricación es producto de una decantación natural; Odysséas Elýtis, que asume la modernidad y la renovación como signos diferenciadores; y Yannis Ritsos, escritor en el que el presente renueva el mito como continuación, pero, fundamentalmente, como permanencia, para hablarnos de lo antiguo con el lenguaje de hoy, y de los motivos del tiempo presente con una sabiduría antigua. Así, en Ritsos, el mito se ve enriquecido por los recuerdos personales y los problemas sociales de la Grecia de finales del siglo pasado que le tocó vivir.


De esta manera sucede con el Orestes que nos ocupa, englobado en el ciclo poético de los monólogos dramáticos del poeta centrados en personajes de la antigüedad clásica, pero trasladados a la actualidad, muchos de los cuales han sido también publicados en Acantilado. La serie principia con Sonata del claro de luna e incluye obras como La casa muerta y los soliloquios dedicados a Freda o Áyax, por mencionar algunos.


En Orestes, se ubica al personaje mitológico, hijo de Agamenón, rey de Micenas, y de Clitemnestra, así como hermano de Electra, en la noche previa al asesinato de Clitemnestra. El modelo, según el Orestes que más concuerda con el de Ritsos, es el de Eurípides, pues a diferencia del de Sófocles y Esquilo, Eurípides nos presenta unos personajes más humanos, con capacidad para hacer crisis, contradictorios y acuciados por las dudas, que es el núcleo de la sabiduría trágica como expresión de una forma de religiosidad, de una concepción de la realidad, en definitiva. A este dibujo de Orestes, Ritsos le añade una toponimia y unos motivos que revelan la contemporaneidad del autor con el relato poético. Y una versificación ciertamente brillante que fluye en extensión versicular, con plasticidad y con una respiración que demuestran un terreno de comodidad formal para el escritor. No en vano, el poeta fue traductor de Neruda y Nicolás Gillén, por mencionar algunos ejemplos significativos en este sentido, y uno de los poetas más influyentes de la generación griega de 1930, análoga a la generación del 27 en España.


Su libro arranca con Orestes y su fiel amigo Pílades a los pies de la muralla del palacio de los Átridas escuchando los lamentos de su hermana Electra, que clama venganza, mientras Orestes sopesa sus miedos y contradicciones, que vienen a suponer la almendra temática de la obra. Para nuestro Orestes, la contradicción se establece entre el deber impuesto por lo social y el deber ético de escuchar a la propia conciencia. Esto le permite ponderar con positividad la figura de su madre en detrimento de la de su hermana ―ponderación de la madre que es una constante en su obra―, lo que no le abstrae de su deber, si bien detesta la presión social que le exige una reparación meramente instintiva y atávica. Más allá, se pregunta si la fuerza de la libertad personal y la del condicionamiento social están destinadas a convivir en armonía o, por el contrario, estamos creados con esa terrible disyuntiva con la que debemos convivir como un padecimiento crónico.


En suma, el poemario es un canto a la reflexión personal frente al destino en contraposición con la imposición social del horizonte individual, que convierte a Oretes en un ejecutor de los designios previstos, pero a través de su libre elección nacida del conocimiento de la propia identidad. Reflexión que el autor griego transforma, en la línea de otros libros de su factura, en una narración de exuberante frondosidad poética.

 

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