Red Arte Joven de la Comunidad de Madrid & Casa del libro, recitales en primavera 2007

La poesía de Julio Mas Alcaraz discurre como un arroyo secreto, incontaminado, revelador, en cuya superficie se refleja el rostro del hombre de acción, no sólo despojado de la distracción cotidiana, sino bendecido por ésta. Así, por el cauce de su escritura descienden corrientes claras de pensamiento y emoción, plenas de matices, conscientes de ser verso. Un torrente poético en el que su actitud vital, alentada por el compromiso con la realidad, se desliza invisible como el agua, trazando en el mapa los surcos de la geografía humana. Un mapa propio, advertimos, en el que es posible reconocer espacios comunes detrás de cuyo rastro habremos de llegar por el camino menos esperado al lugar que buscábamos, más perdidos que nunca en un universo, el de Julio, en el que es posible, por ejemplo, un “eclipse de tierra en la luna”, como nos dice en su poema “Us”.
Cría del ser humano, así se titula su único libro de versos hasta la fecha, es un extenso volumen en el que su autor pone de manifiesto una profunda inquietud por la exploración de la identidad, acaso el gran tema lírico de nuestra época. Consciente de que la crisis de ésta requiere la atención del quehacer poético, las composiciones de Julio Más, inconformistas y singulares, evidencian que a la poesía le conviene, antes que nada, erigirse en palabra en el tiempo, tal y como la definió Antonio Machado amparándose en el pensamiento de Henri Bergson. De esta manera, en este texto Julio consigue echar sal sobre la herida de algunas de nuestras preocupaciones y vivencias como individuos, en relación con el momento histórico en el que nos injertamos. Esto es lo que se trasluce del itinerario conceptual del libro, en el que se pueden distinguir los pasos del protagonista poético hollando el empedrado del destino y sus refugios, como cuando reconoce que “sólo quedará soñar / en los refugios del aire” (“Tiempo ileso”), ya que el destino parece quedar “Sin conclusión”, tal y como reza el título de uno de los poemas, lo que no le impide darse cuenta de la irrenunciable verdad de que más allá del aparente vacío “todo se golpea / y se eleva sobre / la ausencia y su nada / hasta el núcleo de un horizonte / donde quizás poder encontrar / algo de este sentido del ser” (“Refugio nº2 - II”). También es posible hallar entre sus intereses temáticos la disconformidad con la naturaleza humana, “Y la sospecha de que / todas las generaciones / son perdidas” (“Us - II”), o la reflexión metapoética, con momentos de gran emoción e intensidad de pensamiento, como en el que se pregunta si “¿No sería más útil si exprimiéramos / toda la tinta de todos los libros escritos / en un rito sincrético final / y volcáramos su porte por caminos / como síntesis de la gran pregunta?” (“Palabras - II”), o en el que reconoce que “Sobran dogmas si la religión / de la vida humana es la poesía” (“A un poeta sin futuro - III”) pues “Al fin y al cabo la poesía y sus poetas contenemos / los mismos males de los que tratamos de escapar” (ibid). Otros temas que pueden rastrearse en el poemario son el de la dificultad para amar o la falta de afecto, de consecuencias fatales, pues a pesar de su aparente invisibilidad “No araña nunca cristales / el viento que hunde edificios” (“Ellas dos - II”), y el del deseo de no ser para cumplirse “en oquedad”, tal y como se expresa en un texto demoledor, “Circunstancias”, en el que la identidad del yo se torna en “la indefinición del yo”.
Por lo demás, los poemas de Cría del ser humano están pergeñados en verso libre, y tienden a prolongarse con generosidad, si bien no faltan algunos textos breves o muy breves, hasta de dos versos, y el estilo alterna la voz clara con el decir oscurecido. En él creo advertir un cierto malditismo con resonancias baudelerianas, ya sea por las asociaciones sinestésicas tan propias de la gran figura del simbolismo literario, como por, y en especial, el carácter incendiario de determinados poemas, sobre todo aquellos que ubican la vida en el infierno, en el mundo de Erebo aludido en el último poema del libro, ”A la especie posthumana”; y aquellos otros que consideran la creación como el fruto de un acto de destrucción, patente de forma significativa en el titulado “Destruction breeds creation”. A su vez, en este poemario me parece escuchar los ecos del poeta del veintisiete Luis Cernuda. No en vano, se dedican al sevillano tres fragmentos en el apartado/poema ¾en este libro esto no es siempre es diferenciable¾ “Respuesta a un poeta antes y en homenaje” , y es posible percibir como todo el desasosiego o inquietud que emana de muchos versos tiene que ver con la tan cernudiana disociación entre realidad y deseo. En definitiva, con la tan humana necesidad de ser hombres, de reivindicar el verdadero alcance de nuestro deseo, que exige, cuando menos, unas migajas de sentido y significado, una realidad donde mendigar su dimensión infinita. Personalmente este es el Julio que prefiero, el que es capaz, en palabras suyas, de “Tener, como tiene la poesía, / toda la ambición por perder” (“Destruction breeds creation”), y así poder recomenzar con la mirada limpia, como los niños, como una verdadera cría del ser humano.
Junio 2007