Libro de buen amor: Consejos de Don Amor y doña Venus al protagonista
Don Amor alecciona al Arcipreste entre las estrofas 423 y 549. En estas estrofas le da una serie de pautas, no sin antes aconsejarle que lea a Ovidio, a quien educó personalmente. Así, le dice al Arcipestre que «Si quieres amar dueñas o otra cualquier muger, / muchas cosas avrás primero de aprender».
La primera de ellas, que la mujer a de ser bella físicamente, así como reunir algunas características psicológicas (estrofas 431 a 435 y estrofas 444 a 449). A continuación, le dice que ha de contar con una vieja mensajera que tenga a su vez algunas condiciones, descritas en las estrofas 436 a 443. También le alecciona sobre el comportamiento que ha de mantener el hombre para cortejar correctamente a una dama: hacerle regalos, servirla, ser agradecido y cuidarla en general (estrofas 450 a 454). Sobre esto último, le indica que no sea perezoso (estrofas 455 a 467). También le dice que el seductor debe ser más bien osado y asiduo en el trato de la mujer a la que corteja (estrofas 468 a 487), cortés y generoso (488-514), lucir sus habilidades ante ella (estrofas 515 a 518), ser persistente y no amilanarse ante sus negativas (estrofas 519 a 526). Continúa previniéndole para que no caiga en el error de cortejar a quien le sirve de mensajera (cuaderna 527). En los penúltimos compases de las sugerencias le alecciona sobre la importancia de no embriagarse (estrofas 528 a 543) y termina dándole consejos muy variados entre las estrofas 549 y 579 acerca de la importancia del cuidado de los gestos, la forma de hablar, la esplendidez y la mesura; el peligro del juego, las peleas, la vanidad y los celos; la importancia de manifestarle la preferencia hacia ella sobre todas las demás, de no mentirla, de ser prudente como norma de conducta cuando esté en su compañía en público, de ser aseado, limpio, tranquilo y discreto en general.
Más adelante, entre las cuadernas 608 y 652, Venus aconseja al Arcipreste en los siguientes términos: que sea persistente, hábil en el cortejo, dulce y bien humorado, osado, cuidadoso con la presencia, cortés. Por último, le dice que la ayuda de una vieja mensajera es imprescindible.
En conjunto, se puede concluir que muchas tretas no surten efecto, con la excepción del episodio de don Melón y doña Endrina. En el de doña Garoza, el texto no resulta muy claro sobre el desenlace de la conquista. Se da por tanto la paradoja de que los consejos no surten efecto o no se aplican bien o no en su totalidad. Hay que tener en cuenta que como contribución a la vindicación del buen amor el autor propone que éste debe practicarse de acuerdo a una adecuada instrucción, que es la que recibe de don Amor y doña Venus. Sin embargo, el fracaso frecuente de los encuentros amorosos manifiestan la profunda ironía de un texto que parece concebido para mostrar al lector que cuando el fin es dudosamente moral, ningún medio, por bueno y noble que parezca (entre los consejos se apela a virtudes —como la del servicio o la perseverancia— propias de la praxis cristiana) puede dar buen resultado. Por el contrario, cuando hay buena voluntad y nobles deseos (no medios nobles únicamente) el camino de las relaciones se allana solo. Así, la paradoja del texto, toda su carga de contradicción y ambigüedad, su ironía en suma, consiguen transmitir la necesidad del buen amor, cuyo ideal es la relación matrimonial, tal y como se presenta en el episodio de don Melón y doña Garoza, en contraposición con la degradación que supone la praxis del mal amor. De hecho, en el propio episodio de don Melón y doña Garoza, las tretas no parecen tener ninguna utilidad hasta que Trotaconventos no le propone a doña Endrina que se case con don Melón. Es decir, hasta que el fin de la relación no se manifiesta como el del vínculo matrimonial. En el episodio de doña Garoza puede rastrearse una cierta justificación de la barraganía, que el autor vería tan válida como el matrimonio. En cualquier caso, esto depende de cómo se interprete el final de este episodio, tal y como expondré más adelante. A su vez, la andadura incierta de las conquistas del protagonista, así como otros pasajes claves del libro, sólo nos revelan que el libro propone el matrimonio, denuncia el adulterio, y es ambiguo en la aceptación de la barraganía y quizás de las relaciones heterosexuales entre solteros. Esa ambigüedad, constatada y comentada a propósito del episodio de la monja Garoza, y la incertidumbre sobre la cualidad de buen o mal amor de algunos de los episodios en los que la conquista fracasa (casi todos), no sabemos si son una autocensura del autor influido por el ambiente del concilio de Valladolid de 1322 y el de Toledo de 1342, una forma velada de discrepar de algunas de sus disposiciones, o una manera de recalcar la exclusividad del buen amor en la vida marital, a la vez que suscita el debate e induce a la reflexión sobre el resto de posibles tipos de relaciones.
No obstante, revisemos brevemente uno a uno los episodios «amorosos» a fin de constatar lo anteriormente expuesto.
Ya en el primer episodio, el de la noble discreta y despechada, el Arcipreste acude a una mensajera, pero la estrategia no funciona. Se recalca, así, que ha faltado instrucción previa. En el segundo, el de Cruz Cruzada, el Arcipreste recurre como intermediario a un hombre, que acaba por quitársela, lo que realza el valor de los consejos que más adelante le darán don Amor y Venus coincidiendo ambos en que el intermediario sea una mujer vieja. En el tercer episodio, el último antes de los consejos, el de la virtuosa y recogida, el Arcipreste se muestra servicial y generoso, pero no cuenta con ninguna intermediaria. La dama quiere servir a Dios y el galán no logra su objetivo. En el cuarto, el famoso episodio de don Melón y doña Endrina, la conquista acaba bien por la intermediación de Trotaconventos y la perseverancia de don Melón. Como ya se ha dicho, en este caso la consecución de la conquista tiene como resultado el matrimonio de la pareja, lo que refuerza la idea de que el libro muestra que éste es el camino del buen amor. En la quinta historia, la jovencilla delicada que murió en pocos días, el Arcipreste comete el error de la falta de prudencia. Así, enfada a la vieja que le sirve de mensajera jactándose de intenciones malsanas para con la dama, que, por otro lado, es muy hermosa, tal y como le había aconsejado don Amor. Aunque al final consigue le perdón de la vieja que vuelve a mediar ante la dama, la conquista tampoco termina bien, porque la dama muere. El episodio parece tratarse de una crítica de la lujuria. El protagonista tampoco parece perseguirla, pero su comentario desafortunado (estrofa 920) siembra la duda en la mensajera. Del sexto episodio, el de la vieja que visitó al Arcipreste cuando se encontraba enfermo, poco se puede decir dada su extensión. Además, faltan los cantares cazurros que no sabemos qué aportarían. En cualquier caso, pone de relieve la importancia del consejo de no tener amores con la vieja mensajera. De hecho, el Arcipreste enfermo se solivianta y molesta mucho por el ímpetu que manifiesta la vieja hacia él. En el séptimo episodio, el de la serrana vaquera,