El relevo generacional en la poesía española contemporánea
Extracto de la introducción a la antología publicada con traducción de Gloria Bazzocchi en «clanDestino, trimestrale di letteratura e poesia» (año XIX, nº 75, 2006/I, Forlì, La Nuova Agape Editrice) como «Il cambio della guardia generazionale nella poesia spagnola contemporanea».

Este apunte antológico pretende acercar al lector de clanDestino una selección de la poesía española escrita en castellano por autores nacidos entre los años 1954 y 1968, ambos inclusive. Se trata de un conjunto de poetas pertenecientes a una generación que en este momento comparte con la precedente, o está en vías de hacerlo, un papel hegemónico en el panorama poético español. La elección de este intervalo de edad se ampara, al menos de forma inicial, en los argumentos recogidos en el prólogo de José Luis García Martín a su antología Las voces y los ecos[1] acerca de la «teoría de las Generaciones de Ortega, sistematizada y desarrollada por Julián Marías».[2] Marías considera como fecha central a partir de la cual obtener la serie de las generaciones el año 1856, lo que permite establecer la fecha de 1961, y los nacidos siete años antes y siete años después como el momento en el que nacieron los integrantes de la generación a la que pertenecen los escritores que aquí se antologan. También sugiere que para rehabilitar las distorsiones existentes entre lo teorizado y lo real es preciso considerar el momento de aparición en la escena pública de los autores con el fin de ubicar, si así fuera necesario, a los de aparición precoz en la generación anterior, y a los de aparición tardía en la siguiente. En este sentido, la aplicación restrictiva de la fecha de nacimiento como criterio de selección de esta muestra antológica sacrifica la inclusión de escritores importantísimos que nacieron con anterioridad a 1954, cuya aparición pública y cuya concepción de la poesía —o la resultante de la evolución que en ellos opera de ésta— serían más próximas a las de los poetas de este trabajo que a las de gran parte de los nacidos desde 1940 hasta 1953[3]. A su vez, tampoco figuran aquellos que aunque nacieron a partir de 1954 editaron sus libros representativos en 1978[4]. Sea como fuere, los poetas seleccionados desarrollan su actividad en un contexto (la etapa democrática española, ya superada la transición política), y con unos patrones de escritura muy diferenciados respecto del grueso de la generación precedente. No en vano, algunos críticos han hablado de «promoción de la democracia»[5] para referirse a los autores que aparecen en los años en los que fueron surgiendo, o al menos gestando su obra, los de esta antología. De hecho, en la década de los ochenta, cuando publican sus primeros libros de versos casi todos los que figuran en ella[6], se desarrollan y consolidan en España una serie de tendencias poéticas renovadoras beligerantes con la actitud de ruptura y la concepción vanguardista que habían imperado en la generación anterior. La poesía de temática realista y de corte tradicional se hace así preeminente desde diversos ángulos. Ya sea desde la visión historicista, que vindica una intimidad inseparable de su contexto histórico-social y la vida colectiva; ya sea desde las perspectivas que ofrecen el realismo de resonancias modernistas, el elegíaco, el civil y político, el de estilo impresionista, el realismo crítico (en el que destaca la poesía de Julio Martínez Mesanza, cuya lírica recurre de forma admirable a motivos de la poesía épica) o el realismo sucio. A su vez, coexisten con esta estética dominante otras corrientes contrapuestas a ella en muchos aspectos. Es el caso del neopurismo, en el que resulta fácil reconocer la influencia del Guillén de Cántico, y al que algunos autores andaluces se aproximaron desde posiciones más cercanas a Góngora. De la misma manera, y en confluencia con esta línea neopurista, el del minimalismo o conceptualismo, que toma como referentes sobre todo la poesía de José Ángel Valente y Octavio Paz. Finalmente, también al margen del estilo realista, aunque con un grado de desarrollo menor, se dan los casos del neosurrealismo y el de la poesía de la memoria ancestral o ruralismo. Hoy en día, sin embargo, algunos de los autores que se engloban en esta generación propenden a aunar realismo y metafísica en una escritura que se esfuerza por explorar las posibilidades del lenguaje poético más allá de la apariencia de lo real. Por último, conviene reparar en el concepto de posmodernidad para tratar de entender en profundidad el marco de desarrollo de la generación que nos ocupa, y explicar, en gran medida, la diversidad y profusión de movimientos creativos que surgen o se potencian en su seno, así como las luces y las sombras de sus apuestas poéticas. En definitiva, se trata, como señala Juan Cano Ballesta, de caer en la cuenta de que «la condición posmoderna, por oposición a la extrema originalidad y novedad que buscaba la modernidad al rebelarse contra toda la tradición, favorece lo sincrético, lo pluralista y la estética integradora».[7] Con todo, esta antología no pretende mostrar lo más representativo de cada movimiento, ni indicar o sugerir ningún rumbo en la poesía española. Simplemente busca ofrecer una selección de versos de los poetas que, a mi juicio, con el inevitable lastre de subjetividad que porta toda valoración artística, son artífices de la mejor poesía de la generación que he podido hallar; la que me ha parecido mejor escrita, con voz más personal, que aspira a la belleza y no rehuye de las cuestiones de más hondo calado humano, en un periodo, el actual, que parece haberse desentendido de ellas. Por eso, he tratado de incluir poemas en los que pudiera intuirse una relación sincera entre la palabra y el mundo del que se nutre, con el objetivo de suscitar una experiencia lectora con la que sea posible confrontarse desde la discrepancia o desde la adhesión, pero ante la que resulte difícil permanecer indiferente. Y he de confesar que en la tarea he hallado a partes iguales pesar y placer, dolor y alegría, porque, como dice Cano Ballesta, «la posmodernidad no sólo es cínica y destructora, sino que también abre horizontes insospechados»[8]. Acaso porque la cultura posmoderna, rehén de una mentalidad que renuncia a toda posibilidad de hallar un sentido último a la existencia, no puede sustraerse a los mismos «horizontes» que siempre han estado presentes en la historia del hombre. Aquellos que son producto de la afirmación más o menos consciente de un misterio que le es consustancial, y que, entre la devastación de la nada, tema recurrente en la poesía última y de muchos de estos poetas, prevalece como el germen de una esperanza que allana el camino a la manifestación de la verdadera identidad humana.
[1] José Luis García Martín, Las voces y los Ecos, Júcar, Gijón, 1980.
[2] J. L. García Martín, op. cit., p. 20.
[3] Según la teoría de Ortega-Marías, este intervalo comprendería el año de nacimiento del grueso de la generación anterior, a quienes muchos críticos se han referido como generación del setenta (algunos han preferido hablar de promoción del setenta), famosa por el lugar cenital que en ella ocuparon el grupo de los novísimos.
[4] A todos estos autores a caballo entre ambas generaciones, Ricardo Virtanen se refiere como una «segunda mutación de la promoción del setenta [...] Desde 1973 a 1979, [...] un grupo de poetas nacidos en la horquilla, aproximada, 1950-1954 hace su aparición [...] Serán, en general, poetas que con claridad se desmarquen de las múltiples estéticas dadas a partir de 1966», Hitos y Señas, Laberinto, Madrid, 2001, p. 115.
[5] Ricardo Virtanen denomina de esta forma a un conjunto de poetas que «publica sus primerísimos libros en torno a 1980-1982, aunque no despega hasta 1986-1988», op. cit., p. 141.
[6] El primero en hacerlo es Felipe Benítez Reyes en 1979 y el último Lorenzo Oliván, cuyo primer libro de poemas aparece en 1995.
[7] Juan Cano Ballesta, Poesía española reciente, 1980-2000, Cátedra, Madrid, 2001, p. 30.
[8] J. Cano Ballesta, op. cit., p. 31.
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BIBLIOGRAFÍA