Los pasos - IV
Con el bullicio, sin dueño,
con la humareda entre las sábanas del viento
y el transcurrir de los anuncios en las tiendas;
con las hogueras en las obras
y el deambular de los recuerdos,
y sus tormentas de penumbras al acecho.
Ahora que aviva el pavimento y sus costuras
de cemento son la savia y el vigor en tus pisadas;
ahora que respira la avenida en el cristal de los escaparates
y se desvelan los momentos más amables.
Esos que enmudecen de pudor en el temblor de tus pupilas,
en el palpitar sincero que se rebosa en las aceras.
Como el caminar pausado de los viandantes más atentos,
entre el beso de la lluvia y la bóveda del cielo,
entre los quehaceres perpetrados por el racimo del afecto,
o entre esos gestos con que expiran sus silencios
o se aguardan los instantes
de la calidez más presentida.