Recursos para el estudiante / Características de la obra alfonsí en un fragmento de la "General historia"



Características de la obra alfonsí en un fragmento de la «Parte I» de la General historia


Libro III, XV. De cómo los omnes creyeron en las estrellas

 

Después de todos estos omnes de cuyas creencias e cosas de que avemos fablado, llegaron estonçes, en cabo dellos e con ellos, otros que entendieron ya más que aquellos de qui avemos dicho; lo uno porque lo aprendieran ya de los sos ancianos e les dexaran ende escriptas algunas cosas, lo ál por la sotileza que tomavan en sí d’aquello que dellos aprendién, e assacavan sobr’ello más de suyo. Onde cataron suso* sobre todos los elementos al cielo; e en la noche, quando fue dado a las estrellas que pareciesen luzientes, vieron cosas tan claras como las estrellas e la luna, e por la vista destas que tan bien parescién de noche, mesuraron el sol que alumbrava el día, e quánto era más e mejor lo que él parescié e alumbrava que la luna e las estrellas.

E departiendo en las naturas de las estrellas, fallaron que las unas se movién e las otras non; e de las que se movién e nunca quedavan, escogieron e assumaron* que eran VII; e por que se movién e nunca quedavan de andar nin se paravan en ningún logar e andavan appartadas unas d’otras, onde dixieron que avié cada una dellas su cielo apartado en que non era otra estrella ninguna, e llamáronles planetas, e planeta tanto quier dezir como ‘estrella andadora’; e dióronle este nombre de planos, que dize el griego por tal ‘andar’.

E estas siete estrellas planetas o andadoras, pusieron a cada una su nombre señalado: e a aquella que está en el primero cielo, que es más cerca de nos, dixieron Luna. E a la que anda en el segundo cielo sobr’este, llamaron Mercurio; e esta anda siempre cerca el sol, que nunca dél se parte. A la planeta del terçero cielo, Venus. A la del quarto cielo, Sol. A la del quinto, Mars. A la del sexto, Júpiter. A la del seteno cielo, Saturno.

E tovieron que estas siete estrellas eran ya más arriba, e más çelestiales, e de la natura de Dios que los elementos; e dexaron de adorar aquellos e adoraron a estas. E fiziéronlos ende siete partes del mundo, siete tiemplos muy grandes e muy onrrados, segund sos gentiles a que les vinién las yentes a orar e en romería de todas las tierras. E por onrrarlas más, pusiéronles nombres dellas a los siete días de la semana; e esto los gentiles lo fizieron, que fueron muy sabios omnes en estos saberes e en todos los otros.

 

*suso: ‘encima’, ‘arriba’.

*assumaron: ‘sumaron’.


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El título del fragmento comienza anunciándonos que en él se cuenta cómo los hombres comenzaron a creer en las estrellas.

 

El texto narra que además de los hombres a los que se acaba de referir, vinieron otros más sabios que ellos, porque aprendieron de los ancianos que les dejaron un gran legado escrito, y porque fueron audaces manejando sus enseñanzas. Estos hombres sabios también observaron el cielo y se fijaron en todos sus elementos. Así descubrieron las estrellas y la luna en el firmamento, que alumbraban menos que el sol, y que algunas estrellas se movían sin parar y otras no. De las que se movían sumaron siete, y observaron que además de no pararse nunca estaban alejadas entre sí, por lo que dedujeron que cada una de ellas habitaba un cielo independiente. Las bautizaron con el nombre de planetas, que es como decir ‘estrella andadora’, porque en griego planos significa ‘andar’ («e dióronle este nombre de planos, que dize el griego por tal ‘andar’»). Pusieron a las siete estrellas planetas o andadoras un nombre siguiendo el orden en que las observaban. Así, a la que se encuentra en un cielo más próximo la llamaron Luna. A la siguiente Mercurio, que está siempre cerca del sol, a la tercera Venus, a la cuarta Sol, a la quinta Marte, a la sexta Júpiter y a la séptima Saturno. También concluyeron que las siete estrellas estaban más altas, eran más celestiales, y por tanto más próximas a la naturaleza de Dios que los elementos, por lo que cambiaron el culto a los elementos por el culto a las siete estrellas móviles. Por esta razón, les hicieron un templo a cada una en distintas partes del mundo, a los que acudía la gente en peregrinación a orar desde todos los lugares. Y para venerarlas aún más pusieron sus nombres a los siete días de la semana. Termina el fragmento manifestando que con todo esto que hicieron aquellos gentiles demostraron ser unos hombres muy sabios en estos temas y en todos los demás.

 

          En la obra de Alfonso X la definición léxica ocupa un papel esencial. Así, el rey sabio adopta de la fuente original el término planeta y lo establece con el mismo significado y significante en castellano, ya que si algún problema tenían los compiladores y traductores alfonsíes era que no tenían modelos castellanos de los que servirse para traducir los términos científicos. El caso de planeta es un préstamo adoptado, ya que es la primera vez que se requiere su uso en castellano.

 

          En todo el relato se aprecia, por su estructuración y por lo detallado de la narración, que se ha nutrido de un riguroso y racional método histórico. Esto se pone de manifiesto en la aglutinación y jerarquización de noticias compiladas por el equipo alfonsí para establecer una construcción histórica propia. A su vez, la meticulosidad que Alfonso quería imprimir a su proyecto no le permitía arrojar datos cronológicos dudosos. El hecho de que este fragmento no incluya fechas de referencia expresas hace pensar que el equipo, con el rey como coordinador y último supervisor, prefirió no desgajarlo en secciones de cronología precisa sino ofrecerlo en un único relato. Este tipo de relato único solía llamarse estoria unada. 

 

          El cientifismo hay que entenderlo en el texto de dos maneras. Por una parte, es indudable el carácter científico de su contenido que da cuenta precisa y con poco margen de error de la ubicación de varios planetas con respecto a la tierra. Así, se menciona la mayor proximidad de la Luna, la cercanía de Mercurio al Sol, o la distancia a la que se encuentran de la tierra por orden de menor a mayor la Luna, Mercurio, Venus, el Sol, Marte, Júpiter y Saturno. Para resaltar el movimiento independiente de los planetas en distintas órbitas se habla de que están en distintos cielos, lo que resulta fácil de entender a la luz de los descubrimientos posteriores, si se interpretan esos cielos como las trayectorias aproximadamente circulares en las que orbitan los planetas alrededor del Sol. Sin embargo, en la última parte del texto cobra fuerza un aspecto que hoy nos parece pura especulación, pero que estaba bastante aceptado en el medievo (aunque con el lógico recelo de la Iglesia para quien el hombre es una criatura libre creada a imagen y semejanza de Dios). Según esta mentalidad medieval, el movimiento armónico de las estrellas es una manifestación de la grandeza y perfección de Dios, y por eso en él se puede leer el destino humano. En el texto puede rastrearse esta percepción cuando se explica  «que estas siete estrellas eran ya más arriba, e más çelestiales, e de la natura de Dios que los elementos», es decir, que su naturaleza las hacía más venerables y más próximas a Dios. Esto se ve corroborado con la instauración del culto a los planetas con la que continúa el fragmento.

 

La actualización histórica con el fin de ensalzar actos o promover ideales del presente no tiene por qué residir necesariamente en la repetición manifiesta de tal o cual gesto que apunta similitudes entre hechos del pasado y de la actualidad (en algunos pasajes de la General Historia se compara la bondad y nobleza de algún hecho con la del propio Alfonso), sino que en ocasiones se recurre a una asimilación implícita de conceptos o sistemas de valores. Una forma de hacer esto es dar énfasis a protagonistas que poseen algún atributo que el rey desea poner de relieve. Así, en el texto del ejercicio, se insiste en la sabiduría de aquellos hombres que supieron aprender de los maestros: «lo uno porque lo aprendieran ya de los sos ancianos e les dexaran ende escriptas algunas cosas, lo ál por la sotileza que tomavan en sí d’aquello que dellos aprendién, e assacavan sobr’ello más de suyo», y en que su sabiduría en un terreno concreto de la ciencia los hacía sabios en general: «e esto los gentiles lo fizieron, que fueron muy sabios omnes en estos saberes e en todos los otros.»

 

Los historiadores de Alfonso X el Sabio comprendieron lo útil que era para la gobernación del reino, no sólo el pleno dominio del saber histórico por parte de la corona, sino también el acondicionamiento de la cultura histórica de las élites. Así, la voluntad de difundir, por lo menos entre éstas, las aspiraciones del rey a través de la visión del pasado y en particular el fortalecimiento institucional de la realeza, la hegemonía de Castilla en España y el «fecho del imperio» determinó tanto la orientación comunicativa del saber histórico, como la concepción de lo historiable, el enfoque de lo historiado y el modo de exponerlo. Por esta razón, no debe extrañarnos el didactismo del fragmento que analizamos. De hecho, algunas las características estilísticas que pautan el texto están en íntima relación con este didactismo.

 

Así, encontramos polisíndeton abundante lo que favorece el tono solemne y lento que requiere el tono didáctico. Baste, a modo de ejemplo, el segundo párrafo del fragmento donde varias conjunciones pueden omitirse o reemplazarse por la interrupción del periodo. También la siguiente frase: «E estas siete estrellas planetas o andadoras, pusieron a cada una su nombre señalado: e a aquella que está en el primero cielo, que es más cerca de nos, dixieron Luna. E a la que anda en el segundo cielo sobr’este, llamaron Mercurio; e esta anda siempre cerca el sol, que nunca dél se parte.», donde las conjunciones e (y) no son estrictamente necesarias. Esto puede corroborarse en la frase que le sigue pues en ésta no hay conjunciones con función retórica: «A la planeta del terçero cielo, Venus. A la del quarto cielo, Sol. A la del quinto, Mars. A la del sexto, Júpiter. A la del seteno cielo, Saturno.» En cualquier caso, el polisíndeton se da en todos los párrafos del fragmento, y es su recurso estilístico más recurrente.

 

La repetición de palabras tiene efectos paralelísticos, ya que da unidad a la narración. La vinculación morfológica de «vieron-vista» y la repetición de «alumbrava» son una buena muestra de este uso en el siguiente fragmento del texto: «vieron cosas tan claras como las estrellas e la luna, e por la vista destas que tan bien parescién de noche, mesuraron el sol que alumbrava el día, e quánto era más e mejor lo que él parescié e alumbrava que la luna e las estrellas.» 

 

La complejidad sintáctica resulta evidente a la luz de lo expuesto sobre la polisíndeton, sostenida por abundantes conjunciones copulativas. También aparecen otras conjunciones que enriquecen y complican la sintaxis, como la disyuntiva o («planetas o andadoras»), y la conjunción que: «E departiendo en las naturas de las estrellas, fallaron que las unas se movién e las otras non;» A su vez, la presencia frecuente de los pronombres: ellos/as (y de-llos/as: de-ellos/as), que aparece en numerosas ocasiones permite formar largas frases, de compleja sintaxis, que llegan a ocupar hasta todo un párrafo, como en el caso del segundo.