PUBLICACIONES / Poesía / SFO


                                                                                                                                                                                                                                       


SFO (2013)

 

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Presentación de Luis Ingelmo

Tratemos, para empezar, de hallar algún libro en nuestra tradición más inmediata que nos ayude a calibrar el calado de SFO. Y, como no podía ser de otro modo, el primero en que pensamos es, a pesar de la distancia geográfica entre una y otra ciudad, Poeta en Nueva York, el libro más americano de García Lorca. Digo «americano» y digo bien, pues, como es sabido por todos, los poemas no se ciñen única y exclusivamente a la ciudad de Nueva York, sino que saltan a la isla de Cuba. Lo cual, de entrada, marca ya una diferencia esencial con el libro de Pablo Luque y José Luis Rodríguez: excepción hecha del primer poema, trasunto del viaje, un viaje simbólico por lo que de desplazamiento no tanto físico como mental tiene, el resto de la colección deambula en exclusiva por las calles y los hitos de la ciudad de San Francisco.

Pero busquemos semejanzas y no tanto las divergencias, para lo cual tendremos que estudiar las imágenes de sendos libros. Nos habíamos acostumbrado a pensar en Poeta en Nueva York como un todo compuesto de poemas y fotografías. La edición de Cátedra así lo dejaba entender e, incluso, en la sección que dedicaba a explicar la elección que el propio poeta granadino había hecho de fotografías, fotomontajes y postales, se vanagloriaba de ser esa la primera vez en que el libro de Lorca aparecía íntegramente, sin que se le hubieran robado las instantáneas, como sí había sucedido en ocasiones previas. Nos habíamos acostumbrado a concebir Poeta en Nueva York como un conjunto de versos e imágenes, decía, cuando de pronto apareció en la primavera de este año la edición de Galaxia Gutenberg para llamarnos al orden: tres son las declaraciones que se recogen en el prólogo a esta edición y todas ellas dan noticia de cómo se le convenció al poeta de que incluir esas imágenes sería un verdadero despropósito. Pero lo relevante del caso no es que García Lorca se dejara persuadir por los argumentos de sus amigos y editores, sino, antes bien, las razones que se exponían en aquellos argumentos: no podían casar sus propios dibujos con postales turísticas. Quizá los fotomontajes tendrían un valor artístico, sorpresivo (me viene a la mente el retrato de Walt Whitman y sus pobladas barbas canas adornadas con mariposas), pero nada podría extraerse de las postales, de las imágenes tópicas como las tan manidas de la Estatua de la Libertad o de Wall Street, referencias icónicas, sí, pero que no aportan carga artística alguna. Por su parte, y muy al contrario que el libro de Lorca, SFO es un organismo vivo compuesto de imagen y palabra al cual, si se le tratase de amputar alguno de sus miembros, moriría desangrado. No tendríamos, en fin, un libro cojo o manco, sino que atacaríamos sus entrañas, sus órganos vitales. En SFO palabra e imagen son indisociables: sin palabras, las fotografías lograrían detener el tiempo, pero adolecerían de explicación y contexto; sin imágenes, los versos se harían volanderos, carecerían de asentamiento, sufrirían un proceso de licuación semántica hasta transmutarse en volutas de humo.

Así pues, Poeta en Nueva York no nos ayuda en nuestra empresa. Obligados nos vemos a dejar de lado igualmente las colecciones poéticas de cariz ecfrástico, pues el objetivo de sus poemas no son fotografías, sino pinturas, con lo cual el punto en común que habría de actuar como fulcro entre los libros tampoco se sostiene. Haciendo un esfuerzo, quizá de Aníbal Núñez podríamos releer Estampas de ultramar, pues los poemas surgen a partir de unos grabados de viajes. Pero estos, a pesar de incluir algunas escenas con nativos estadounidenses o de la vida urbana de aquel país, tienen demasiado de viaje decimonónico y colonialista, aventurero en su peor sentido, esto es, en el sentido de novelesco y literario. Sin embargo, ni con esas logramos trazar líneas de convergencia entre SFO y otros libros anteriores, pues la única alusión que tenemos a un viaje en el libro de Pablo Luque y José Luis Rodríguez es, como ya he señalado con anterioridad, la que se encierra en el primer poema: «El viaje es largo», que, desde luego, alude a lo extenso en el tiempo al desplazarse desde España hasta San Francisco (en avión, más de un día), y que se carga de simbolismo cuando continúa con «No hay firme ni trazado posible, ni imagen que desdoble un horizonte», esto es, el viaje de por sí no posee un valor intrínseco, pues se ha convertido en un paréntesis entre el punto de partida y el destino final, o acaso sea que el viaje verdadero no aparece ni en guías turísticas ni en ningún mapa. Mientras que el libro de Aníbal Núñez gira en torno a imágenes recogidas por todo el orbe, con el fin de exponer las bondades de lo exterior frente al provincianismo español anterior a la transición, SFO orbita en torno a San Francisco, partiendo de una visión, digámoslo así, escéptica, escamada incluso con lo que habrá de encontrarse. No hay plan de acción, ni guía turística que nos conduzca por el laberinto de la ciudad. De hecho, no hay aventura ni deseos de imponer nuestro criterio sobre el de los habitantes de aquella ciudad.

¿Recurriremos, entonces, al Cuaderno de Nueva York de José Hierro? Mucho me temo que tampoco. Si Lorca se quedaba boquiabierto al contemplar la ciudad, convirtiéndola en eterna, así como en fuente de sufrimiento y pesares sin fin, en masificación y visiones imposibles, Hierro sabe de sobra, en las postrimerías del siglo XX, que Nueva York no reviste la posibilidad del pasmo, ni para el viajero ni para el poeta. ¿Y qué decir de El mapa de América de Pablo García Casado? ¿Demasiado narrativo? Es posible que así sea. ¿Quizá, pues, indagaremos en ese otro, Nueva York: ciudad del hombre de José María Fonollosa? En este caso, creo, no andaríamos demasiado desencaminados, pues el deseo de los poemas de Fonollosa es surgir allí donde el contexto es adecuado, casi de modo espontáneo. Así lo revela el hecho de que los poemas de la colección de Fonollosa tengan por título nombres de calles, sin que haya relación entre estas y lo que el poema abriga. De igual modo, en SFO la mayoría de los poemas carece de título, pues nacen de la urgencia del instante casual, el que ha atrapado la fotografía con las perspectivas más insólitas, al sesgo en no pocas de ellas, en apariencia tomadas con premura y sin haberse estudiado su composición sino aventurando esta a los millones de posibilidades que la permutación de los elementos callejeros puedan ofrecer al objetivo y al dedo que aprieta el disparador.

Llama la atención observar que, de entre todas las fotografías que se incluyen en SFO, tan solo en dos de ellas hay ausencia de personas, aunque más me atrevería a decir que, propiamente dicho, es en una sola: no tomo en cuenta la que, al comienzo del libro, justo antes de que den sus primeros pasos los versos, ocupa ambas páginas toda ella en tonos de gris —el mar de la bahía, la boya, los edificios al fondo, envueltos entre brumas—. La conclusión que se extrae de esta abundancia de figuras humanas es, precisamente, la vocación personal de los poemas. Fíjense en que no digo «subjetiva», sino «personal», esto es, orientada hacia las gentes que pueblan la ciudad. No les interesa a nuestros autores su propio interior, su subjetividad, muy al contrario de lo que hiciera Lorca en su Poeta en Nueva York, hasta el extremo de que casi pareciera en ocasiones que la ciudad fuera mera excusa para arrojar sobre las páginas su estado de ánimo, el dolor que le causaba la contemplación de la gran urbe. En SFO, por contra, las instantáneas inspiran unos poemas sustantivos, que si son descriptivos es porque el lector va dando pespuntes a los retales de nombres que se le ofrecen con el fin de poner en marcha la imagen estática. En este mismo sentido, es notoria la cantidad de poemas en que la voz poética es impersonal, o en los que sencillamente se describen escenas o situaciones en tercera persona, objetivamente. Leemos, eso sí, verbos en primera persona del plural en un buen número de poemas («Venimos a ocultarnos en el espacio / que nos reserva esta ciudad» o «Velamos de soslayo el nacimiento de la diosa» o también «Accedemos fluyendo entre el asfalto / por laderas de metal y olas de ceniza»), lo cual es más una estrategia lingüística para involucrar al lector que la aparición de un yo lírico. Son tan solo tres los poemas escritos con un yo lírico en primera persona. El primero, «Falling Slowly», cuyo comienzo es «No sé si eres real o acaso la huella que deja el saldo del deseo», es el único que hace alusión al estado anímico o al pensamiento del sujeto hablante («Todos me dicen que soy distinto desde que estuve en San Francisco», se nos confía), pero sin recrearse en ello, pues surge, como en todos los poemas, de la contemplación de un instante y concluye con una nota general, una reflexión de alcance universal. El segundo de los poemas en primera persona carece de título, pero se inicia con el verso «Te contemplo como a un escaparate», prueba de que la intención del yo poético es mantenerse independiente del objeto observado, lo cual se recalca enfáticamente unos versos más abajo: «La distancia es transparente, / y nuestro abismo un muro opaco». Por fin, en el tercero de los poemas en primera persona, que lleva por título «Ángulo recto», quien habla es una de las dos bañistas retratadas, de modo que nos hemos adentrado en los pensamientos de alguien que no es tampoco el poeta. En conclusión, estamos ante un poemario labrado con voluntad de que sean los objetos y las personas quienes hablen, de que con su discurso involucren al lector-observador. Nos encontramos, pues, en las antípodas de la poesía confesional.

En ocasiones, incluso, da la impresión de que las palabras se esfuerzan en sacar a las figuras retratadas de su estado de hibernación, de su quietud eterna, para ponerlas de nuevo en marcha, para insuflarles una nueva vida a sus protagonistas. Nombrar es, por otra parte, el gesto adánico por excelencia, y estos poemas adquieren calidad adánica al otorgarle nombres a los instantes. Tiempo en fuga atrapado en imágenes y recuperado en el transcurrir de la lectura, voluntad de que el olvido no se adueñe de todo, de que sea lo escrito lo que prolongue los instantes, los estire y regenere. Perseverancia en arrancar de su letargo la imagen congelada, en devolverle a la vida su dimensión temporal a través de la palabra.

Luque y Rodríguez captan lo extraordinario de lo ordinario en los rincones de San Francisco, desnudándolos de cualquier nota glamurosa que su cercanía con Hollywood pudiera incitarnos a añadirles, y usan para ello, como he insistido una y otra vez, imágenes y palabras. Habrían querido incluir, con todo, el elenco completo de posibilidades sensoriales que se le ofrecen al paseante. No solo la imagen y la palabra, sino también los sonidos, los olores e, incluso, las sensaciones táctiles. La plasticidad de las fotografías suple estas últimas y, en cuanto a lo sonoro, los autores se han preocupado de añadir diez minutos de sonidos callejeros en una aplicación para tabletas. Faltan, con todo, los olores. Yo no he estado nunca en San Francisco, pero sí he vivido en Chicago y he visitado otras grandes metrópolis norteamericanas, como puedo suponer que algunos de ustedes también lo han hecho, y con solo hacer un pequeño esfuerzo de memoria sensorial, leyendo SFO se me inundan las fosas nasales de los aromas de los restaurantes tailandeses, mexicanos o griegos, del agrio escape de los autos, tan distinto al que estamos acostumbrados a oler en nuestra tierra, y eso es justo lo que la memoria almacena: sensaciones, emociones y pensamientos fragmentarios que se afanan en pertenecer a un todo. Y, al fin y al cabo, esto es SFO, el momento en tránsito, el instante a la fuga atrapado con una fina malla, y es los olores que nos envuelven, el sonido que nos acompaña y la piel que percibe la temperatura, quizá una brisa o el roce de un transeúnte que nos pregunta: «Are you ready for the truth?», «¿Estás dispuesto para la verdad?»


Luis Ingelmo, septiembre de 2013
 




Internet



- En 
Conocer al autor (abril de 2010).

A lo largo de los más de dos minutos y medio, explico en qué consiste el libro SFO. También he grabado la lectura de un par de poemas del libro.

Para ver ambos vídeos hay que pinchar AQUÍ y acceder al vídeo de la presentación que aparece por defecto, o al de la lectura en la opción "Lectura". 


Comentarios



- Luis Ingelmo para la presentación pública, FNAC de Callao, Madrid, 8-sept-2013


Prensa y publicaciones


-
«Nunca estuve en San Francisco», elmundo.es, 15-jun-2013 por Luis Alemany
- «“Imágenes viajeras, poemas sedentarios”. Fotos y poemas de SFO», El Cuaderno, 6-oct-2013 por redacción El Cuaderno, nº 49, Gijón, Ediciones Trea


Blogs

-
«SFO», Blog, 29-mayo-2013 por Álvaro Valverde
- «SFO.Fotos y poemas sobre la ciudad de San Francisco», 4-sept-2013 por Manuel Fernández, CulturalBlog
- «Fotos y poemas sobre la ciudad de San Francisco», 27-sept-2013 por Santos Domínguez Ramos
-
«Cómplices de SFO», 23-ene-2014 por Félix Molina, Félix Molina - Arte y Literatura


 



Prensa

«Nunca estuve en San Francisco», elmundo.es, 15-jun-2013
por Luis Alemany

 

 

POESÍA | 'SFO'

Nunca estuve en San Francisco


[foto de la noticia]
 

Los poemas de Pablo Luque Pinilla y las fotografías de José Luis Rodríguez Torrego inventan un nuevo mapa de la ciudad

 

Ellis St., Crossing Powell St., Market St., Chinatown, Alcatraz Island,Haight-Ashbury, Transamerica Pyramid... No hay nada más sugerentes que los topónimos de una ciudad leídos por aquél que no ha pisado (aún) sus calles. 'Todos me dicen que soy distinto desde que estuve en San Francisco', escribe el poeta Pablo Luque Pinilla en uno de los versos de 'SFO', el atlas de poemas y fotografías que ha publicado junto al diseñador José Luis Rodríguez Torrego en el sello Renacimiento.

[foto de la noticia]

Rodríguez Torrego, autor de las imágenes, sí que ha estado en San Francisco; Luque Pinilla no. "Ha sido un reto y un trabajo de documentación muy grandes. Al principio estaban las fotos de José Luis, que me decía que quería hacer un libro con ellas y que me sugirió la idea de hacer un relato poético que las acompañara. Vi el material y me gustó mucho, había algo reconocible, algo familiar, y, además, había muchas historias en los retratos de sus personajes: en la prostituta, en el vagabundo...".

Así que aceptó el encargo. "Está el falso mito de que el poeta sólo escribe desde sus percepciones y sus obsesiones. A mí me gusta hacer el viaje contrario, buscar en el exterior y descubrir que nada nos es ajeno. En los poemas quería mirar fuera y dentro". Y eso era mucho trabajo. "Si la fotografía la podíamos ubicar en algún lugar concreto del mapa de la ciudad, buscaba que tiendas había en esa esquina, qué restaurantes, qué se comía en esos restaurantes. He estado en Los Ángeles, he vivido un año en la Costa Este, pero en lo que soy un experto es en San Francisco".
 

[foto de la noticia]


Por ejemplo: "Hay unos versos a Twin Peaks, que no es la serie de televisión en la que todos pensamos sino dos montañas que dominan el paisaje de San Francisco. Había una fotografía de José Luis con dos chicas negras mirando a lo alto que me brindaba esa analogía". 'Accedemos fluyendo entre el asfalto / por laderas de metal y olas de ceniza. / Miramos y al mirar reconocemos: la divisoria sobre Downtown; / su diagonal trazada/ allí / donde se embarcan los ojos / hasta el umbral de la bahía".

"Me gusta escuchar antes de escribir. Estaba claro que el riesgo de escribir sobre una ciudad extranjera era caer en el costumbrismo, escribir el equivalente de esos relatos de gitanas y toreros hechos por ingleses que a los españoles nos hacen sonreír. No sé cómo me sentiré el día que vaya a San Francisco, pero no creo que me sonroje. Me encantaría que hubiera una traducción al inglés de este libro".

Todo este rato charlando sobre poesía y San Francisco, ¿y todavía no han aparecido los beats en la conversación? Que nadie sufra, Ginsberg aparece en algún rincón de 'SFO' (pero no City Light Books) como un recorte más en el mapa-collage del paisaje de San Francisco. "Pero no se crea que he tenido muy en la cabeza la tradición literaria de San Francisco. A Walt Whitman, por ejemplo, lo tengo más presente".

'SFO' no sólo aparece como libro. También es una aplicación para tabletas que, entre otros encantos, incluye Una pista de sonido con los ruidos de las calles de San Francisco. Casi tan sugerente como los nombres de sus calles.
 

http://www.elmundo.es/elmundo/2013/06/14/cultura/1371228245.html




«“Imágenes viajeras, poemas sedentarios”. Fotos y poemas de SFO», El Cuaderno, 6-oct-2013
por redacción El Cuaderno, nº 49, Gijón, Ediciones Trea



Imágenes viajeras, textos sedentarios

El escritor holandés Hans C. Ten Berge comienza su libro titulado De Honkvaste Reiziger (El viajero hogareño) con una provocadora confesión en la que afirma no haber estado nunca en ningún lugar. Insiste en que todos sus viajes han sido inventados desde su casa. Stefan Hertmans, otro viajero admirador suyo y también escritor, comenta en Ciudades, su propio libro de viajes, que quien viaja de verdad siempre se queda un poco en casa. El fotógrafo José Luis R. Torrego viaja a San Francisco y a la vuelta le entrega su material fotográfico al poeta Pablo Luque Pinilla, que inventa desde su casa el viaje propuesto por su amigo. El resultado de esa colaboración da lugar a SFO: Fotos y poemas sobre la ciudad de San Francisco, editado por Renacimiento.

Ver más... (Págs. 20-24)


La edición digital de El Cuaderno se difundía gratuitamente a través de issu. Puede verse información de esta etapa en el blog: http://elcuadernoculturaldelavoz.blogspot.com.es/

En la actualidad, los números en papel se reciben bajo suscripción y los sueltos pueden comprarse en la edición electrónica.


Blogs


«SFO», Blog, 29-mayo-2013
por Álvaro Valverde


SFO

No hace mucho que hablé en este rincón de un libro que combinaba la poesía y la fotografía. Me refiero a Bajo la lluvia, de J. Jorge Sánchez y José Naveiras. 

Algo parecido a lo que ocurre en SFO. Fotos y poemas sobre la ciudad de San Francisco. Los autores: el fotógrafo José Luis R. Torrego y el poeta Pablo Luque Pinilla. El editor, Renacimiento

Las fotografías, se nos cuenta, fueron primero, aprovechando un viaje de trabajo de su mujer a la ciudad norteamericana. Surgieron "mientras caminaba" por sus calles. En medio de un paisaje poco californiano, más propio de un lugar del norte de Europa. "Disparando con la cámara a la altura de la cadera". Después, pidió a Luque Pinilla unos poemas. Surgieron entonces un puñado de versos que dialogan con las imágenes ("instantáneas", mejor) y profundizan en la historia personal de los protagonistas. En todas hay presencia humana. "Una suerte de prêt-à-porter poético", comenta LP. Para unos lectores que no son los habituales de la poesía, matiza. 

El libro tiene algo de guía. Lo mejor, con todo, la solvencia de las fotos, por una parte, y de los poemas, por la otra. Y más allá, la perfecta imbricación de ambos mundos en un solo, genuino San Francisco.



http://mayora.blogspot.com.es/2013/05/sfo.html

 




«SFO.Fotos y poemas sobre la ciudad de San Francisco», 4-sept-2013
por Manuel Fernández, CulturalBlog



Hoy quiero recomendaros un libro de la editorial Renacimiento,"SFO. FOTOS Y POEMAS SOBRE LA CIUDAD DE SAN FRANCISCO",de Pablo Luque Pinilla y Jose Luis R.Torrego.

En esta  obra se juntan don grandes talentos, cada uno en lo suyo, centrándose en su arte y retratando las calles de San Francisco.
Pablo Luque Pinilla,(autor del poemario Los ojos de tu nombre (Huerga & Fierro, 2004) y de la antología Avanti) es el encargado de poner verso a estas fotografías realizadas por el director del estudio o3, José Luis R.Torrego.

Los poemas y las fotografías encajan a la perfección, creando una obra fácil de leer y fácil de admirar, volando más allá de los límites de la fotografía.

 
     

¿Te lo vas a perder? No deberías.

Esta pequeña maravilla  se presentará oficialmente el próximo 8 de septiembre en FNAC de Callao en Madrid y 4 de octubre en La Casa del Libro de Valladolid.


¿Dónde podéis comprar el libro?


http://culturalblogonline.blogspot.com.es/2013/09/sfofotos-y-poemas-sobre-la-ciudad-de.html


 



Blog por «Fotos y poemas sobre la ciudad de San Francisco», 27-sept-2013 
Por Santos Domínguez Ramos 


Fotos y poemas sobre la ciudad de San Francisco


Pablo Luque Pinilla.
José Luis R. Torrego.
SFO.
Renacimiento. Sevilla, 2013.



Todos me dicen que soy distinto desde que estuve en San Francisco, escribe Pablo Luque en Falling Slowly, uno de los textos centrales del espléndido libro que reúne fotos y poemas sobre la ciudad de San Francisco y publica Renacimiento.

Un libro que tiene como punto de partida las fotografías que el diseñador José Luis R. Torrego hizo en 2004 en San Francisco, una ciudad distinta a todo lo que yo conocía de EEUU. Se respira cierto aire norte-europeo, un ambiente absolutamente ajeno, en un primer impacto, al tópico californiano. Mientras caminaba, empecé a tirar fotos de la gente con la que me cruzaba. Disparando con la cámara a la altura de la cadera, la ciudad enmarcaba a los sujetos como un escenario. Surgían así algunos estereotipos, pero también algo más.

Ese algo más lo explora el poeta Pablo Luque, que puso letra a las imágenes y añadió su mirada a la del fotógrafo. El libro ofrece así dos miradas instantáneas. Esa es la clave en fuga que define el lugar de encuentro de la fotografía y la poesía para entablar un diálogo –las palabras son de Pablo Luque- que se basara en la complicidad entre lenguajes artísticos y para profundizar en la historia personal que se intuía tras aquellos rostros en un enclave tan mítico como singular, y ayudar a construir el pensamiento y la voz de los protagonistas retratados (...) con textos directos, breves y ágiles −también en su itinerario creativo−, y, en lo posible, más cercanos a un público no necesariamente lector de poesía.

Esa es la propuesta hecha realidad en este libro: el encuentro de un espacio común que vincula las dos artes en las dos miradas superpuestas de sus autores para abordar un mundo huidizo e inaccesible a través de unas imágenes que van más allá de la representación de unos seres concretos en un ámbito concreto, sitúan lo individual en lo colectivo, hacen de un lugar en el mapa un símbolo de la vida contemporánea y se convierten no solo en el reflejo de una ciudad y de sus habitantes, sino en metáforas del mundo y de la existencia.

Porque en estas fotografías y en estos poemas se capta lo que tiene el momento de fugaz y de irrepetible, pero también de representación simbólica de algo más universal e intemporal en un diálogo creativo lleno de sugerencias que esperan también el papel activo del lector, la complicidad del espectador.

Los rostros y los gestos, los edificios y las largas y empinadas avenidas de San Francisco dialogan con unos textos que son tan directos y rápidos como el disparo del fotógrafo para dar la imagen artística de una ciudad que es también todas las ciudades, y de unos habitantes que están, en las imágenes y en los textos, más allá de su existencia individual, como este Urban viator, que acompaña a esta imagen:



Al crecer

             los ejemplares jóvenes emprenden el viaje,
se unen a los de su manada.

Esta discurre, veloz y ajena,
trotando en el desfiladero,
ignorando los márgenes que ocupan
los animales rezagados.
Cuantos quedan en la orilla
presa son del estupor,

de la quietud que brota en la impotencia,
del rumbo incierto donde se amplifica la locura.
Miran escépticos a los que galopan,
hacen recuento,
aceptan impasibles la estampida.
Esperan el final sobre un mástil

que subraya                     
                  la paradoja de la escena.

Santos Domínguez

http://encuentrosconlasletras.blogspot.com.es/2013/09/fotos-y-poemas-sobre-la-ciudad-de-san.html




«
Cómplices de SFO
», 
23-ene-2014
 
Por Félix Molina, Arte y Literatura
 

 


Cómplices de SFO
enero 23, 2014
Literatura y… fotografía
SFO | Pablo Luque Pinilla y José Luis Rodríguez Torrego
por Félix Molina




La ciudad es su gente. Lo que fue en un principio el poblamiento derivó primero en la costumbre, luego en la rutina. Pero si el prado o la ladera tienen las mismas volátiles y vírgenes fronteras del mar, la topografía urbana se hace materia, esqueleto del deseo o la ruina de sus pobladores. Un día en la ciudad acumula otro y, de repente, a la vuelta de un siglo, casi una eternidad ya hizo nido entre las vértebras de sus moradores, frecuentes holladores de sus pasos de cebra, de sus avenidas, de sus cepas de sombra o de altura. Tanto se confundió acá, entre los edificios, el paisaje con el paisanaje que también se hace uno con él, que también se retuerce dolorido en sus circunvalaciones o se hace extraño animal que anida en sus bahías, como gustaba de divisar el viejo Whitman cuando soñaba Manhattan (City nested in bays! mi city!).

Un poeta,  Pablo Luque Pinilla  (n. 1971), y un fotógrafo, José Luis Rodríguez Torrego  (n. 1966) -viajeros constantes, pero nativos de aquella Madrid que el Dámaso más insomne y menos erudito bramó como continente de más de un millón de cadáveres-, dos artistas que se expresan en lenguajes repletos de mirada y se unen en un conjuro que –con el vértigo del zoom y la pausa del verso– rescata para la ilusión de los sentidos y sus conjuntos el pálpito efervescente de otra ciudad de bahías, puentes, calles que simulan montañas de asfalto… y – sobre todo accidente– la vida. San Francisco, la una vez devastada pero resurgida, la siempre anclada en la Costa Oeste para desdoro de su perpetuo movimiento (de credos, de creencias, de condiciones, de proclamas), se nos aparece en los textos y en las fotos de sus dos exégetas como esa bestia de mil caras, que es decir de casi un millón de rostros (o espaldas, o espinazos, o posaderas, como en las fotos de José Luis Rodríguez Torrego) y otros tantos destinos.

Abre una hendidura en este ciberrincón de racionada sombra, la luz –pulsada o cantada– de un poeta y un fotógrafo que se enfrentan a la ciudad sin necesidad de combatirla (atrás quedó la industria develada, denunciada, casi vomitada por Rimbaud en sus Iluminaciones  -ojo a este enlace, es de calidad para los adictos) o el exorcismo del Lorca de Oficina y denuncia. Les basta con sentirla, bajo el objetivo o la yedra floreciente del versículo. Con abrazarse, en la metáfora o el escorzo, a la brillante medianía de aquellos –estos– pobladores que ya son uno –y viceversa– con su poblado. En el trasiego de dos creadores que han habitado, muchas veces, la penumbra estancada de un metro o una drugstore ya no cabe el rencor de los píxeles o las sílabas, sino el reconocimiento, el brazo tendido a cada cual para acariciarlo con el quebrarse del diafragma o la nota amortiguada, revis(it)ada amorosamente por el cursor inquieto.

En veinte singladuras –o poemas– y otras tantas imágenes (y alguna más, como la de la serena boya recortada sobre la ciudad teñida de bruma que antecede este itinerario), Pablo Luque Pinilla y José Luis Rodríguez Torrego nos hacen cómplices de SFO, del San Francisco que nos recibió casi ajeno, como portezuela de avión, pero nos despide atardecido, amistado, congraciado ya, definitivamente, con el mundo y su única, más pura respiración: las personas.

Un renglón libre, coloquial pero sereno y majestuoso (como aquel de José Hierro en su Réquiem ), y una fotografía saturada con naturalidad, con el acento de la empatía, son los mejores cicerones de un recorrido que, por la amabilidad de sus autores, anticipamos aquí, en la pequeña galería de literatura y otra disciplina artística que quiere ser esta sección. Que lo disfrutéis tanto como yo.


 


S K Y L I N E


 



 


E N M I E N D A   G E N E R A C I O N A L



 



 

 





U R B A N   V I A T O R

 



LA OBRA. SFO se editó en 2013 por la bibliófila Editorial Renacimiento. Se trata de un volumen delgado (no sacia la sed de poesía e imagen que genera) pero escrupulosamente diseñado y editado. Además de las biografías de los autores, tiene el detalle inestimable de fijar el contexto geográfico y humano de la ciudad de San Francisco mediante un apéndice titulado Extrarradios, al estilo de los exhaustivos índices y apéndices que gustan de incluir muchas editoriales anglosajonas en sus publicaciones. Los autores también han diseñado una publicación para ipad y dispositivos móviles, muy recomendable, que incluye prestaciones adicionales. Además de en la lectura cotidiana, es compañía indispensable –mucho mejor que una guía al uso, se me ocurre– para una visita a esta ciudad de ciudades.

© de las fotografías y textos extractados de SFO, José Luis Rodríguez Torrego y Pablo Luque Pinilla, Editorial Renacimiento, 2013. Reproducidos y citados con permiso expreso de sus autores.

http://felixmolinapublica.wordpress.com/2014/01/23/complices-de-sfo/


Ficha técnica



Título: SFO
Textos: Pablo Luque Pinilla
Fotografías: José Luis Rodríguez Torrego
Diseño y Maquetación: o3 (www.o3com.com)
Fotografía autores: Guadalupe de Vallina (http://hellolupe.com)
Impresión: Monterreina
Editorial: Renacimiento (www.editorialrenacimiento.com)
Fecha: Junio 2013 
Idioma: Spanish
Edición: 1. ed.
Paginación: 52p. 
ISBN: 978-84-8472-771-2
IBIC: DCF/AJB


También en tu iPad

 

Descripción

La ciudad de San Francisco, uno de los enclaves que mejor sintetizan la idiosincrasia del momento actual, a través de un recorrido por sus calles y habitantes. Poesías de Pablo Luque Pinilla sobre fotografías de José Luis Rodríguez Torrego. Una mirada sobre personas construida con imágenes, poesía, el sonido constante de la ciudad y la ubicación en mapas de cada foto.

Escucha el sonido de la ciudad

Llévate un trocito de San Francisco a donde estés.

Capturas de pantalla del iPad

Visita el lugar donde fueron tomadas las instantáneas haciendo clic en la miniatura de cada foto (solo disponible desde tu iPad).



Captura de pantalla del iPad 1
Captura de pantalla del iPad 2
Captura de pantalla del iPad 3
Captura de pantalla del iPad 4
Captura de pantalla del iPad 5