ENTRE MANOS

1/oct/2018 - Reseña de "La voz que me despierta" de Beatriz Villacañas ("Ibi Oculus", 2018)

Publicada el 1 Ee octubre Ee 2018 a las 14:40 Comments comentarios (1)

En el último número de Ibi Oculus está colgada mi reseña de "La voz que me despierta" (Ediciones Vitruvio, 2017), el último poemario de Beatriz Villacañas.


Reseñar es un deporte y, a veces, un vicio. Lo siento, no lo pude evitar...


Va aquí abajo íntegra:


La voz que me despierta, Beatriz Villacañas. Vitruvio, 2017.



Pablo Luque Pinilla


La voz que me despierta, el décimo de los poemarios de la autora toledana Beatriz Villacañas, fue presentado públicamente el pasado mes de noviembre en el Centro Riojano de Madrid.


Al igual que ocurre con otras entregas de la poeta, como Jazz, Dublín, El Ángel y la Física o La gravedad y la manzana, por citar algunas de las más conocidas, se trata de una colección de textos que, partiendo de una propuesta concreta, despliega un ramillete connotativo que trasciende la intención argumental de partida. En esta ocasión, el volumen orbita alrededor de la idea de la poesía como llamada, que despierta, enciende y tiraniza ―bendito despotismo el de los versos― a quienes el destino elige como portavoces. Uno de ellos no podía ser otro que el siempre recordado por la autora Juan Antonio Villacañas, padre de la poeta, que de una forma u otra aparece presente en cada nueva entrega de su hija. Si para este escritor de dilatada trayectoria e Hijo Predilecto de la Ciudad de Toledo las palabras se le ponían delante a «hablar y a hacer posturas» («La vanidad de las palabras», A muerto por persona, 1996), y no había voz que se les resistiera ni aun de noche, para nuestra poeta son esas mismas palabras, que se abren camino en el insomnio y despiertan a su progenitor, las que ejercen su influjo sobre ella. De esta manera, como si de los protagonistas de las curaciones de los evangelios sinópticos o del Lázaro resucitado en el de San Juan ―según evocara Bécquer en su Rima VII― se tratara, en el romance que da título al libro el sujeto lírico es invitado a obedecer a una voz que le pide: «¡levántate! ¡anda!» (pág. 25). Un protagonismo de la poesía que abre la puerta a otras composiciones metapoéticas en el conjunto, como «Batallando contra los mismos: profanadores de la palabra», «El espejo del cuento» o «vocación», que sustentan la trama principal del poemario tal y como hemos comentado.


Pero el valor de este volumen no se detiene en este extremo visible del cabo, sino en la inmensa longitud del hilo temático que lo recorre, como también apuntábamos. Así, esta llamada que despierta a la escritora durante el descanso no es solo la de la escritura, sino su cuestión previa; es decir, el factor ignoto que insufla aliento a la misma palabra poética. En este sentido, nos parece advertir que los versos de Villacañas adquieren aquí resonancias proféticas, lo que equivale a aseverar que recuperan perspectivas consustanciales a la mejor poesía de siempre (no en vano, la palabra «vate», que sirve para designar tanto a los poetas como a los visionarios, toma su doble acepción del latín). Se trata, en definitiva, de la decantación de lo sagrado en los poemas para que podamos escuchar la voz del misterio en la escritura: «Hay una eternidad / atada a cada uno de tus pasos, / un bosque amanecido, / mil voces y una voz clamando / en los desiertos / de tu pequeña soledad de cada día» («Caminante», pág. 11). Un hecho que se repite en textos como «Llamada», «Principio de incertidumbre», «Mi hacienda», «Diaria despedida», «Me lo dice la duda», «Pero», «La materia», «Credo», «Aceptación», «Todo», «Esperanza» o «Lo imposible», que cierra el libro, por citar ejemplos significativos. No obstante, no nos encontramos ante un poemario metafísico o esencialista ya que no son pocas las derivas figurativas que proponen algún aspecto de la realidad como punto de partida para una prospección trascendente en el poema. De hecho, esta perspectiva realista se desarrolla de dos maneras a nuestro advertir. De una parte, cantando motivos cotidianos en los que el sujeto poético acusa lo espiritual que los traspasa, ya sean estos las sombras (pág. 12) ―con ecos de las salinianas sombras de La voz a ti debida―, el pan (pág. 18), los glóbulos rojos (pág. 20), la tarde (pág. 22), la Antártida (pág. 23), la torre (pág. 44), la luz (pág. 46), el amado ―siempre el mismo y siempre nuevo ― (pág. 51), las manzanas (pág. 54) o el cerdo (pág. 59) en «Carne y escarnio del cerdo», una de las composiciones más originales del conjunto. De la otra, evocando motivos abiertamente religiosos, como por ejemplo en «Resiliencia», «Canción», «A Santa Teresa» o «El estilo de Dios», por mencionar algunos casos. Finalmente, la onda expansiva de este despliegue alcanza también a una serie de homenajes a personalidades y topónimos, ya sean estos Platón, Manrique, Carlos V, Garcilaso o Miguel Hernández, entre los primeros; o Irlanda, Nueva York, Madrid o Toledo, entre los segundos. Y a la ya habitual tensión de la autora por mezclar poesía y ciencia en sus versos, como ya sucediera en volúmenes pretéritos (pensamos, qué duda cabe, en los citados El Ángel y la física o La gravedad y la manzana, por ejemplo). Así, leemos en «Estado de gracia»: «Materia liberada de ataduras / de tiempos y de formas, / espacio sin contornos ni puntos cardinales, / la imperfección con todo su misterio, / te alivia de tu peso, / te hace manzana ingrávida / y cuerpo transparente que revela / a su ángel más íntimo.» (pág. 21), en referencia a la inclusión de una partícula que genera defectos en una cerámica para potenciar su carácter superconductor, tal y como se explica en el subtítulo del poema a modo de singular entradilla.


Más allá, todo este conglomerado de asuntos, tan vigentes como intemporales, se nos sirve en odres métricos diversos y a menudo clásicos. Se trata, de hecho, de una de las señas de identidad de la escritura de Villacañas, siguiendo en esto el camino desbrozado por su padre, conocido ―y reconocido― por su labor de recuperación de la lira para la poesía de finales del siglo pasado. De esta forma, en el libro hallamos sonetos, décimas, romances, haikus, cuartetos, redondillas, versos blancos anisosilábicos de base impar y, por supuesto, liras, dotando al conjunto de una impronta plural y eufónicamente reconocible.


En definitiva, nos hallamos ante un poemario que actualiza para nosotros una trayectoria infatigable e inspirada haciéndonos partícipes del más hondo compromiso de su autora con su vocación, y de esta con el aliento misterioso y trascendente que la anima. Así, al igual que Víctor Hugo se preguntaba si en su tumba descansaban los restos de un poeta o de un profeta, nosotros comprendemos que en la obra poética de la toledana descansa el poder visionario de una voz que no cesa de pedirnos que despertemos. De recordarnos que el valor de la vigilia ―y, por tanto, de la poesía― está en la escucha atenta y la portavocía del Misterio.



Escucho


Que hable el fantasma de tu voz,
como Hamlet a Hamlet,
que hable en la rosa o en la piedra desnuda,
o en la gota de sal de cualquier lágrima,
o en el nudo del viento.
Que hable
desde la raíz misma del asombro:
que me arranque la duda
(para siempre)
de la palabra y de su eco.

(de La voz que me despierta)


http://www.edicionesencuentro.com/ibioculus/numero-10/merece-la-pena/recomendamos-2/#voz

20/nov/2017 - Reseña de "Casa útero" (Calambur, 2016) de Bárbara Butragueño en "Nueva Revista"

Publicada el 20 Ee noviembre Ee 2017 a las 14:05

Útero o intemperie. Los nuevos versos de Bárbara Butragueño

por PABLO LUQUE PINILLA




ABSTRACT

Una reseña en profundidad de un poemario que la merece: Casa útero (Calambur, Barcelona, 2016), lo nuevo de Bárbara Butragueño


ARTÍCULO

Este poemario de Bárbara Butragueño (Madrid, 1985) se dio a conocer públicamente el pasado mes de febrero y contó con otras presentaciones todavía en plena primavera. Se trata de su quinta colección de poemas ─cuatro libros y una plaquette─, y la segunda que la autora confía a la imprenta. Esto evidencia una doble característica de la escritora: la prolificidad y la paciencia, lo que seguramente se debe a su predisposición natural a engendrar versos a partir de cuanto le ocurre y a la virtud de someterlos a escrutinio con minuciosidad de orfebre.


Al lector mínimamente avisado sobre la poesía española actual, no le habrá pasado desapercibida la obra de esta, todavía joven, poeta madrileña. En ella, destaca su lenguaje personal, imaginativo que, sin hacerse eco de las anunciadas defunciones de la retórica, emplea con provecho la metáfora y la imagen, en un ritmo libre, casi siempre sin puntuación. Una escritura en la que cada verso parece brotar en el centro de alguna conmoción existencial y en la que se advierten no pocas referencias que la autora nunca ha dudado en admitir. De esta manera, en sus composiciones percibimos la resonancia de voces como las de Alejandra Pizarnik o Blanca Varela. Y el aliento de lecturas diversas que bien podrían dibujar un arco con diferentes puntos de paso, que van desde el intimismo de Dickinson, al despliegue trópico de Umbral o el poder visionario de Plath. Y, en la órbita de nuestra literatura más cercana, los de la poesía de Ada Salas, Rosa Castro y David Meza o la de su admirado Juan Antonio Marín, por citar el trabajo de autores que son de recuerdo frecuente en sus comparecencias y entrevistas.


He tenido la oportunidad de seguir la evolución de la madrileña desde hace ya bastante tiempo y siempre me ha parecido que le acompaña un insaciable deseo de tragarse el mundo para devolvérnoslo temblando en los poemas. De entresacar esos secretos que la realidad esconde y que al entrar en contacto con el lector suscitan un sonoro escalofrío. Algo que se hace aún más evidente si se ha tenido la oportunidad de asistir a algunos de sus recitales, como los que ha llevado a cabo durante años para la Red de Arte Joven de la Comunidad de Madrid o el que celebró en la tertulia Esmirna, por citar dos ejemplos que me resultan familiares. En ellos, con frecuencia, su fraseo parece transcurrir con ademanes de trance contenido, revelando, aún más si cabe, la naturaleza vital e inspirada de su desempeño creativo.


No otra es la propuesta en esta Casa útero, que nos ocupa, si bien advertimos en sus textos un ligero encaminarse hacia un territorio expresivo que, sin renunciar a lo emocional/humoral, busca ensancharse por la vía de lo reflexivo y metafísico, potenciándose así el mensaje. O eso nos parece.


El volumen se divide en tres partes: «La culpa», «Las grandes palabras» y «El hogar caliente», en las que se nos habla de la culpa, de la relación del personaje lírico con la palabra poética y de la búsqueda de la identidad, respectivamente. Como colofón final, encontramos una suerte de anexo con trazas de coda, más que de epílogo, «Calor residual», que añade interesantes reflexiones adicionales a la tercera sección.


En «La culpa» la almendra argumental es el sentimiento de culpa y la manera en que este nos afecta, nos despierta o, también, nos abre al mundo. Así, de cuantas identidades conforman nuestro yo, solo se justifica aquella que no nos exime de la culpa. Pero permanecer en ella es una forma de mentira y hace falta «un grado de ardor un estallido» (pág. 18), ya que «solo muriendo / fieramente cada día / y dejando al temblor / calar el hueso / se puede dar a la vida hondura» (ibid.). Este temblor, por tanto, depende de no circunscribirse en exclusividad a la culpa, lo que permitirá que esta se transforme en un reclamo a un vivir más intenso y profundo, que acabe suponiendo una forma de redención ―nunca explicitada en el poemario, por otro lado―. Además, se propone una perspectiva de desgarro existencial donde saberse tan culpable como disponible a la negación de uno mismo, que nos procure alguna forma de pureza. Aun con todo, no hay palabras que lo consigan y asumimos ese fracaso; ese estado natural de anhedonia espiritual caracterizado por la sensación de «no estar nunca del todo / en ningún sitio» (pág. 19). Por eso, experimentamos un yo insatisfecho y aislado, ante el que uno se pregunta «para qué la bondad / para qué la fe / para qué la herida» (pág. 22) si «nadie nunca / nos responde» (pág. 23). De tal manera que, para ser libre, se estima necesario dejar escapar tales aspiraciones y tan elevada consideración de su cumplimiento. Una resignación y frustración en la que, a pesar de todo, no es imposible la esperanza. Por eso, se exhorta a los que consiguen renacer vaciándose de sí mismos a que compartan la verdad, la mirada limpia, la experiencia que nos salve de la propia culpa. No en vano, a ellos se dirige el final de esta parte: «vosotros vosotros enseñadme / enseñadme / a hacer justicia // enseñadme a ser» (pág. 29).


«Las grandes palabras» principia reconociendo que no se desea saber el significado preciso de la palabra «culpa», pues no es percibida con nitidez la delgada frontera de sus términos, y se prefiere «una forma cauta de certeza» (pág. 36). Se reflexiona sobre la oscuridad de la palabra poética y se lamenta cada vez que el verbo no está incendiado, en la misma medida en que se relaciona la escritura acometida con un lenguaje más convencional con una especie de aurea mediocritas literaria a la que se renuncia, porque «Quizá mi pecho no conozca más idioma / que el diluvio» (pág. 41). Pero la oscuridad igualmente puede ser una forma de refugio: «¿acaso no es esta oscuridad / donde crees que reside la belleza / la escafandra perfecta para ocultarte?» (pág. 42). Y se termina por reconocer que se escribe desde el rapto, desde una posesión en la que la palabra poética toma prestada la voz del poeta como si de un profeta/oráculo se tratara: «Sé que hay incendios, sé que por momentos escucho la música nacer de mí como un antílope mojado, pero esa boca no es la mía, ese odio no es mi odio, yo tengo un cuerpo puro» (pág. 43). En definitiva, este debate interno escenifica la lucha, tan de la autora, por la sinceridad poética sin renunciar a la belleza. La búsqueda, en suma, de los grandes significados en moldes de atractivos significantes.


La última de las partes, «El hogar caliente», aclara que salir del útero, de la casa, es exponerse demasiado «en este mundo de lobos donde los otros tan lobos siempre» (pág. 49). Salir o no salir, esa es la cuestión. Ser útero o intemperie. Así, el útero tiene el valor de lo originario y el exterior supone el bagaje de lo vivido, de lo heredado; lo familiar, emocionalmente. Una aventura al aire libre que se vive a la defensiva: «Pensabas que solo lobo los lobos te amarían» (pág. 52), y que implica la negación del propio cuerpo: «donde dijiste mujer dijiste nunca» (ibid.) y «te borraste el sexo» (pág. 53), para refugiarse en una forma de poseer errática que no es la verdadera fuerza anhelada, aunque sea poderosa y se parezca a la fuerza del varón. Hay, por tanto, inseguridad, miedo, estupor. Y el sujeto poético recuerda de niña a una mujer de caderas grandes que «siempre se está marchando» (pág. 56). En última instancia, se acaba por identificar la deseada fuerza, el protagonismo de la conciencia, como un lugar con un centro, «un animal diminuto que ― espera ― al fin ― encontrarse» (pág. 59) a sí mismo. Y por aquí ya vamos entendiendo el título de la obra, la urgencia por regresar al origen, a la esencia, a la matriz, a un útero desde el que sea factible recomenzar. Un lugar que representa ese espacio desde el que es posible emitir un canto como el de este libro-aullido cuando reivindica la autenticidad ante las más hondas e íntimas encrucijadas personales.


Finalmente, el calor residual que emana del apéndice redunda en la incapacidad del yo para reconocerse, para lograr la esperada identidad, pero nos reserva una hermosa sorpresa final con la que se cierra la esfera uterina del volumen. La aspiración de ser afirmado por otros con una exigencia semejante: «Yo quería que alguien me perdonara para poder perdonarme» (pág. 68); «Sé que hay otros que también vagan y buscan. Con la boca llena de algodones. Cuerpos que tienen frío a todas horas. Y también viven el amor propio como un tartamudeo eterno». (pág. 69).


Cuerpos asimismo con un contorno como el de este poemario, que redondea su forma con la plasticidad a la que nos tiene acostumbrados la escritora. Con las aludidas capacidades metafóricas e imaginativas, vertidas en moldes rítmicos de notable aliento, que consiguen un libro con maneras ―y más que maneras, por la persistencia en el tropo― de alegoría. Más allá, insiste la poeta en su voluntad de omitir las comas, excepto en los poemas en prosa que igualmente jalonan la obra. Además, hay un reiterado empleo del guion tipográfico en la prosa que cierra la tercera parte, que nos permite rastrear los razonamientos fragmentados y discontinuos del sujeto poético, como si la autora copiara al natural del pensamiento sin cocer las frases. De hecho, y en términos generales, en este volumen el ritmo de las consideraciones parece ofrecerse a trazos, manifestando la otra faceta creativa de la escritora: la de la ilustración y el dibujo. Porque Butragueño escribe como dibuja ―o a la inversa―, transcribiendo en cada línea lo que le pasa ― y traspasa― partiendo de una referencia original que, decantada en la memoria, traslada al papel ya transformada en una realidad nueva.


Esta realidad, ya se ha dicho, ofrece una versión bastante reflexiva en este texto, lo que no deja de resultarnos llamativo, por cuanto cada vez son más los que dirigen su mirada hacia esa poesía neopopular e intranscendente que prolifera por las redes y se da bacanales en los nuevos y viejos sellos editoriales. En este sentido, nos parece que la poeta es fiel a su pretensión de ofrecer en palabras de meritoria factura sus más hondas inquietudes vitales. Algo por lo que vale la pena reparar en esta propuesta poética en un tiempo en el que nuevos paradigmas antropológicos ―el literario entre ellos― no dejan de suponer una revalorización del viejo e ingenuo culto al valor omnipotente de la razón, y de esta a los pies del bienestar y el progreso, como suele suceder en las épocas determinadas por los grandes avances.


Buscamos el bienestar y progresamos, cómo no, pero no es posible hacerlo con éxito si rehuimos hacer las cuentas con nuestras más hondas hechuras: esa dependencia de la realidad que nos muestra la fragilidad estructural de la condición humana, la pertinencia de los interrogantes últimos y penúltimos, y la necesidad de significados verdaderos. Es por este motivo que esta escritura, y la de tantos otros que transitan los arduos caminos de la autenticidad y la belleza, está llamada a erigirse en testimonio de resistencia en un momento en el que hasta la poesía parece rendida al poder de lo banal y lo efímero.


https://www.nuevarevista.net/revista-lecturas/utero-intemperie-los-nuevos-versos-barbara-butragueno/

15/sept/2016 - Reseña del "Orestes" de Yannis Ritsos. Traducción de Selma Ancira. Acantilado, 2015

Publicada el 21 Ee octubre Ee 2016 a las 20:00

En el número 9 de Ibi Oculus se ha publicado mi reseña sobre el Orestes de Yannis Ristos en traducción de Selma Ancira y publicado por Acantilado:


Os dejo a continuación la reseña, que puede consultarse directamente AQUÍ:



Orestes de Yannis Ritsos. Traducción de Selma Ancira. Acantilado, 2015.





Una de las características de la cultura griega es la incorporación del mito clásico al trasunto cotidiano. Así, la referencia mítica se incorpora a la vida y a la literatura con naturalidad, formando parte de su imaginario individual y colectivo, sin necesidad de mayor contextualización.

 

Muchos son los autores griegos que reflejan en sus obras esta relación cultural viva y vivida con el mito; este paso de lo referencial al aquí y ahora. Destacan, entre los poetas más importantes de las letras helenas durante el pasado siglo, Yorgos Seferis, que sostiene que esta imbricación es producto de una decantación natural; Odysséas Elýtis, que asume la modernidad y la renovación como signos diferenciadores; y Yannis Ritsos, escritor en el que el presente renueva el mito como continuación, pero, fundamentalmente, como permanencia, para hablarnos de lo antiguo con el lenguaje de hoy, y de los motivos del tiempo presente con una sabiduría antigua. Así, en Ritsos, el mito se ve enriquecido por los recuerdos personales y los problemas sociales de la Grecia de finales del siglo pasado que le tocó vivir.


De esta manera sucede con el Orestes que nos ocupa, englobado en el ciclo poético de los monólogos dramáticos del poeta centrados en personajes de la antigüedad clásica, pero trasladados a la actualidad, muchos de los cuales han sido también publicados en Acantilado. La serie principia con Sonata del claro de luna e incluye obras como La casa muerta y los soliloquios dedicados a Freda o Áyax, por mencionar algunos.


En Orestes, se ubica al personaje mitológico, hijo de Agamenón, rey de Micenas, y de Clitemnestra, así como hermano de Electra, en la noche previa al asesinato de Clitemnestra. El modelo, según el Orestes que más concuerda con el de Ritsos, es el de Eurípides, pues a diferencia del de Sófocles y Esquilo, Eurípides nos presenta unos personajes más humanos, con capacidad para hacer crisis, contradictorios y acuciados por las dudas, que es el núcleo de la sabiduría trágica como expresión de una forma de religiosidad, de una concepción de la realidad, en definitiva. A este dibujo de Orestes, Ritsos le añade una toponimia y unos motivos que revelan la contemporaneidad del autor con el relato poético. Y una versificación ciertamente brillante que fluye en extensión versicular, con plasticidad y con una respiración que demuestran un terreno de comodidad formal para el escritor. No en vano, el poeta fue traductor de Neruda y Nicolás Gillén, por mencionar algunos ejemplos significativos en este sentido, y uno de los poetas más influyentes de la generación griega de 1930, análoga a la generación del 27 en España.


Su libro arranca con Orestes y su fiel amigo Pílades a los pies de la muralla del palacio de los Átridas escuchando los lamentos de su hermana Electra, que clama venganza, mientras Orestes sopesa sus miedos y contradicciones, que vienen a suponer la almendra temática de la obra. Para nuestro Orestes, la contradicción se establece entre el deber impuesto por lo social y el deber ético de escuchar a la propia conciencia. Esto le permite ponderar con positividad la figura de su madre en detrimento de la de su hermana ―ponderación de la madre que es una constante en su obra―, lo que no le abstrae de su deber, si bien detesta la presión social que le exige una reparación meramente instintiva y atávica. Más allá, se pregunta si la fuerza de la libertad personal y la del condicionamiento social están destinadas a convivir en armonía o, por el contrario, estamos creados con esa terrible disyuntiva con la que debemos convivir como un padecimiento crónico.


En suma, el poemario es un canto a la reflexión personal frente al destino en contraposición con la imposición social del horizonte individual, que convierte a Oretes en un ejecutor de los designios previstos, pero a través de su libre elección nacida del conocimiento de la propia identidad. Reflexión que el autor griego transforma, en la línea de otros libros de su factura, en una narración de exuberante frondosidad poética.

 

15/jul/2015 - "¿Por qué recomiendo ver El espíritu de la colmena?" Tarántula Cultural

Publicada el 22 Ee julio Ee 2015 a las 1:35

Se acaba de publicar esta columna que he escrito para Tarántula Cultura, gracias a la amabilidad de su director Luis Muñoz Diez, sobre una de las películas del cine español que prefiero, "El espíritu de la colmena" (1973) de Víctor Erice. El texto recoge la almendra argumental sobre la que versó mi intervención para la Web "De qué va la peli", así que supone un buen complemento de aquel vídeo:


Os dejo a continuación la reseña que puede consultarse directamente AQUÍ:


¿Por qué recomiendo ver El espíritu de la colmena?"

 



El espíritu de la colmena (1973) es el primero de los tres largometrajes del cineasta Víctor Erice, que además de dirigirlo escribió el guion junto al desaparecido crítico Ángel Fernández Santos. La producción corrió a cargo de Elías Querejeta y la fotografía de Luis Cuadrado. En él intervinieron las actrices Ana Torrent e Isabel Tellería, aún niñas, así como el incombustible Fernando Fernán Gómez, entre otros. Un elenco de profesionales de incuestionable valía que firmaron un trabajo que más de veinte años después continúa suscitando admiración y elogios. No en vano, nos encontramos ante una de las creaciones mejor valoradas de la historia del cine español.

 


Ana Torrent, Isabel Tellería en una imagen de El espíritu de la colmena (1973), Víctor Erice


La película está ambientada en la Castilla rural de los cuarenta, en plena posguerra. Un contexto que lejos de depararnos una narración previsible, se convirtió en el ámbito preciso para que Erice realizar un film singular e irrepetible. En él se nos cuenta la historia de dos hermanas, Ana (Ana Torrent) e Isabel (Isabel Tellería), de seis y ocho años, respectivamente, y el mundo de los adultos que las rodea, especialmente el de sus padres; así como el de algún que otro personaje clave en la trama, como el fugitivo. El momento de sus vidas que sirve de marco al desarrollo argumental se corresponde con la proyección en el pueblo en el que viven de la película El Doctor Frankestein de James Whale con interpretación de Boris Karloff, y el efecto que en las niñas tiene, en especial en la protagonista Ana, el personaje del monstruo.

 

Todo en esta obra está minuciosamente planificado para ofrecernos un relato poético que se erige en una delicada y sutil alegoría. Un despliegue en el que el dibujo de los personajes, los símbolos (especialmente los de la colmena, las abejas y el tren), la iluminación, la banda sonora y sus canciones (muy importantes), los encuadres, los planos y el ritmo, se administran con maestría para hablarnos de la búsqueda del sentido y la erosión que produce el escepticismo. Para indagar en ese espíritu «todopoderoso, paradójico y enigmático» de las abejas, según lo definiera el dramaturgo y poeta Maurice Maeterlink al referirse al «espíritu de la colmena», inspiración que le sirve a Erice para titular la película, como él mismo ha manifestado en alguna ocasión.

 


Ana Torrent es Ana en El espíritu de la colmena (1973), Víctor Erice


De esta manera, la colmena y su espíritu son la sociedad y sus motivaciones. Una sociedad que se corresponde con la de una España rural de posguerra en la que cunde el desencanto, pero que bien podría ser cualquier otro contexto en el que los individuos se ven empujados a vivir contra las cuerdas de la adversidad cotidiana. Unas circunstancias en las que resulta difícil rehuir la búsqueda de significados verdaderos y una lectura de los acontecimientos comprometida con las aspiraciones humanas más profundas e insobornables. Y unos protagonistas resignados en muchas ocasiones a sobrevivir en el interior de la colmena de sus propias frustraciones. Así, desde el abúlico padre apicultor y escritor amateur que noche tras noche es incapaz de superar el mismo párrafo de sus escritos, una suerte de reflexiones en las que indaga sobre la vida de las abejas desde una perspectiva literaria y filosófica y en las que fracasa intentado encontrar esas palabras sublimes y definitivas con la que culminar su texto. Pasando por la madre, enganchada a un amor antiguo al que escribe cartas a sabiendas de que dicha relación carece de futuro; incapaz de sustraerse a esa mentira y de purgar su desilusión encarando la realidad de su familia, la única que puede prometerle una perspectiva no idealizada por la que valga la pena afanarse y recomenzar. Siguiendo por el personaje de Isabel, un caso de escepticismo prematuro pues a sus ocho años mira el mundo sin la inocencia y la ingenuidad que tanto reprocha a su hermana, y que le correspondería. Hasta llegar a Ana, el punto de fuga de esta historia; ese otro espíritu de la colmena que aspira a volar libre, y vuela. Que espera salir del panal para buscar la belleza del entorno y poder alimentarse del néctar de la esperanza. Un personaje que simboliza la perspectiva ideal de la búsqueda del sentido y la verdad. Que es inconformista con la muerte y disconforme con la indiferencia y la brutalidad. No en vano, la historia de Ana transcurre amparada por el impacto que le produce el visionado de El Doctor Frankestein y el deseo de toparse con el monstruo en la vida real. Una criatura que anhela la bondad y la paternidad que le han sido negadas, en la misma medida que se comporta de forma brutal por el rechazo que despierta en los demás. Un ser al que Ana espera encontrar para ofrecerle la experiencia del amor y la expresión de la bondad como veneros de los que mana el significado de su dolor.

 


Frankenstein (1931), de James Whale


¿Encontrará Ana al monstruo y sabrá cómo comunicarse con él para transmitirle algo de su secreto de niña? Para saberlo, es necesario que veáis esta insólita película que a buen seguro no os defraudará.


http://revistatarantula.com/por-que-recomiendo-ver-el-espiritu-de-la-colmena/

18/jun/2015 - Reseña de "Cero" en "Clarín". Por Aitor Francos.

Publicada el 18 Ee junio Ee 2015 a las 1:25

Dejo aquí la reseña que ha preparado Aitor Francos con el sugerente título de "Un libro panóptico", y aprovecho para agradecer al crítico el acercamiento al texto. El artículo ha aparecido en el número 116 de marzo-abril de la veterena revista ovetense Clarín. Entre unas cosas y otras no me ha sido posible compartirlo hasta ahora. 

 

En la sinopsis de dicho número se explica: "Comienza el nuevo número de Clarín con un homenaje a Santa Teresa de Jesús, como no podía ser de otra manera en el centenario de la escritora. Rosa Navarro Durán, una de las máximas especialistas en la literatura del Siglo de Oro, se ocupa de las relaciones entre la protagonista de La Regenta y la autora de Las Moradas. Manuel Alberca, reciente ganador del premio Comillas con una ejemplar biografía de Valle-Inclán, esclarece algunos puntos de la vida de Azorín. Destacan también los trabajos sobre cine firmados por Christophe Rabiet y Felipe Benítez Reyes. Las habituales páginas viajeras corren a cargo de Manuel Neila (India) y Pedro García Martín (Grecia). Aquilino Duque retrata a Gabriel Celaya, Ernesto Baltar rescata una cartas inéditas de Castelao. Podemos leer además, entre otras colaboraciones, poemas de Henri Cole, en versión de Carlos Alcorta, y una crónica ejemplar de Paul Brito. Y los habituales paliques. 

 

Ver índice del número completo."



7/mar/2015 - ABC.es - Entrevista sobre "Cero" por Manuel de la Fuente

Publicada el 9 Ee marzo Ee 2015 a las 19:40

 


 


El sábado 7 de marzo se ha publicado esta entrevista en ABC.es que me hace Manuel de la Fuente en el contexto de la iniciativa "Poetas a pie de web", que se iniciara con Luis Alberto de Cuenca y por la que han pasado escritores como Manuel Vilas, David Benedicte, Ernesto Pérez Zúñiga o Ángel Antonio Herrera: http://www.abc.es/cultura/libros/20150307/abci-poetas-marzo-201503061432.html

La entrevista es un desenfadado recorrido por las inquietudes que suscita Cero, desde la siempre aguda perspectiva del periodista y poeta Manuel de la Fuente, que despliega toda su sabiduría/artillería reporteril y cultural en esta serie de semblanzas de libros de poetas actuales. Agradezco a Manuel, por tanto, el trabajo por partida doble: por la sección en sí y por incluirme en ella.


Por otro lado, el trabajo de Manuel de la Fuente, además de estar diseñado con precisión de relojero y audacia de acróbata, no prescinde de ningún detalle, como especificar la autoría de la foto de Lupe. Esta imagen glosa como pocas las circunstancias ovaladas que rodean a mi libro de poemas, así que muchas gracias, amiga.


Espero que disfrutéis leyendo este artículo tanto como yo contestando las preguntas que incluye.

18/dic/2014 - Recapitulando sobre "Cero"

Publicada el 18 Ee diciembre Ee 2014 a las 8:25

 

 


Transcurridos unos meses desde la salida a la venta del Cero, he tenido la oportunidad de recopilar los hechos más significativos alrededor del volumen AQUÍ. Para los próximos meses se preparan nuevos eventos, comentarios de reseñistas y presentaciones públicas de la obra, pero este receso, antes de las fiestas que se avecinan, me parecía oportuno. Entre otras cosas, porque, por ejemplo, a lo mejor este libro podría ser un buen regalo para alguien muy especial para ti y con gusto por la poesía... De ser así, te recomiendo que hagas uso de alguno de estos enlaces para una cómoda adquisición: 

De todos estos hitos, podemos destacar el momento de la PRESENTACIÓN OFICIAL, como pistolezado de salida de una andadura que se prolongará a lo largo de 2015; los RECENSIONES de reseñistas, presentadores y periodistas, con nuevas aportaciones en ciernes para los próximos meses; y la acogida de los lectores que han querido hacer suyo Cero comprándolo, manteniéndose el libro durante muchas semanas entre la LISTA DE MÁS VENDIDOS de la librería Renacimiento, y tuiteando en no pocas ocasiones sus versos e interioridades.

  

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Agradezco la atención prestada a Cero durante este tiempo y os deseo lo mejor para estos días donde el Cero se significa, sobre todo, por ser el lugar desde el que comenzar a sumar y seguir avanzando hacia todo lo bueno que esperas.

  

10/nov/2014 - Traducciones de "SFO" en la Universidad de Bologna.

Publicada el 16 Ee noviembre Ee 2014 a las 8:45


Acaban de salir en Fili d'Aquilone las traducciones que se hicieron en la Universidad de Bolonia, sede de Forlí, sobre diez poemas de SFO. Toda una aventura que culmina con esta hermosa publicación que agradezco al poeta romano Alessio Brandolini, como director de la revista digital, y a Gloria Bazzocchi por la introducción, tutela y supervisión de los trabajos.






Fili d'aquilone - num. 35, SFO. Foto e poesie della città di San Francisco

www.filidaquilone.it


Il libro nasce da un viaggio a San Francisco realizzato dal fotografo Rodríguez Torrego, in occasione di un convegno scientifico della moglie. Libero da impegni, per cinque giorni ha visitato la città californiana alla ricerca di persone da... SEGUIR LEYENDO.

23/oct/2014 - Reseña de "Cero" en El Periódico de Aragón. Por Miguel Ángel Ordovás.

Publicada el 23 Ee octubre Ee 2014 a las 22:55


Dejo aquí la reseña que ha preparado Miguel Ángel Ordovás para El Periódico de Aragón con el sugerente título de "Pablo Luque demuestra que el poesía el cero puede tender al infinito", y aprovecho para agradecer al crítico el acercamiento al texto.



También puede leerse AQUÍ.


18/oct/2014 - Reseña "Cero"en "Félix Molina. Arte y Literatura"

Publicada el 18 Ee octubre Ee 2014 a las 14:40

De esta manera se presenta Félix Molina en Twitter:

"Arte y literatura. Dedicado a la reseña y la producción artística y literaria. Escribo sobre y escribo. Por arte y literatura entiendo, en principio, todo".

Y de esta otra presenta su Blog, Arte y Literatura:

"La superfície de las cosas es a veces su interior. En tanto todo se va aclarando lo mejor es apenas describirlo, para que el tiempo no termine arañándolo. ¿Prefiero quedarme con lo escrito y lo pensado sobre lo que se representa o representarlo? Sigan, como ondas en un estanque, por artificial que sea, estas páginas. O acumúlense, como en el baúl del aire, las miniaturas de lo que somos".

Estas precisas y poéticas descripciones de su actividad y su Blog, respectivamente, nos descubren a un excelente prosista, que a través de su bitácora impulsa y promueve el arte, la literatura y sus maridajes. Vaya pues por delante mi agradecimiento ante quien tan bien ha tratado a Cero.


El original aquí:

http://felixmolinapublica.wordpress.com/2014/10/15/del-cero-al-infinito-la-poesia-total-de-plp/

 


También aquí transcrito a continuación: 


Del cero al infinito: la poesía total de PLP

octubre 15, 2014

por Félix Molina

 



Cero | Pablo Luque Pinilla, 2014

 


 

Ahora que vislumbramos la eternidad o el infinito y la ciencia se vuelve, cada vez más, poesía –nanoscopios que inspeccionan más allá de lo microscópico, sondas que perduran por nosotros en el espacio– tendremos que recordar que, antes que cualquier conocimiento, la palabra ya anduvo entretenida en proyectarnos sobre todo.

 

Digo esto porque acabo de leer, para mi alegría, Cero, el nuevo libro de Pablo Luque Pinilla (editado por Renacimiento), con quien tuve la suerte de abrir Literatura y… en este blog, y su escritura es la constatación de que tenemos en el verbo todo lo que queremos saber, tal y como nos decían aquellos viejos maestros de gramática (preguntémosle al verbo, siempre al verbo…;).

 

Cero va de orígenes, de la creación entrevista en un magma donde la única certidumbre es –lo aplaudo diariamente– la belleza; trata de la geometría y sus misterios, origen y pregón a la vez de lo bello creado (“Contemplo la estructura de su haz, / el mapa que despliega su lección / de simetría en la isla de St. Patrick, en la piel de Dublín: Baile Átha Cliath” –leemos en "Trébol").

 

Ocurre que –como le sucedió en su introspección sobre la ciudad de San Francisco, que nos sembró para siempre, muy dentro, una fotografía adicional a las geniales que pululaban por el libro SFO– Pablo Luque se guarda de asignar a la poesía un solo, único, unívoco lenguaje; más bien abomina de dicha representación y se encarga de apacentarnos un buen rebaño de voces donde se unen los registros científicos (como en "Analepsis embrionaria"), filosóficos (la deconstrucción de Derrida, aplicada a un original poema amoroso) o hasta irónicamente ecológicos (“Reciclamos basura, / organizamos el fracaso”, se lee en "Punto limpio"): todo, tamizado por la conciencia de su esencia original y su destino incierto, es susceptible de ser poético, en parte porque a través de la indagación que es este libro de PLP vamos sabiendo que lo más poético de todo es –simplemente- ser, es decir, originarse, crearse (no olvidemos de paso, la etimología donde el poema hunde sus raíces), proclamarse ese cero revisitado desde todos sus cantos –los de su volumen geométrico y los de su música esencial.

 

Que no se comprometa con un lenguaje poético dado (nunca mejor dicho), determinado, no quiere decir que su expresión no sea un compromiso directo con lo bello, con lo buenamente cantado, ahora –en este 2014– como en los tiempos de un Catulo. Pablo cierra sus textos como siempre se cerró un buen poema: con esas líneas que lejos de lapidarse se golondrinizan, para estar siempre yendo y viniendo a nuestra experiencia de lectores y de personas. “Al final todo obedece al ángulo con que se gire el ojo” en "Perdón" o “la deriva del agua en la inclemencia / de este baño mortal llamado vida”, en "Comida rápida" –entre varias decenas de versos compañeros– cumplen para mí ese eterno y rítmico ritual poético que es acordarse de un verso y, como de paso, agarrarse a él cuando la vida nos zarandea.

 

Otro prodigioso hallazgo en Pablo Luque es el cuidado detallismo de la edición de su Cero, de la que el autor no se desentiende. Vuelve a incluir –como en el glosario de SFO, con pasión casi anglosajona (por aquí no se estilaba este dispendio)– un conjunto de “Notas Perimetrales”, que interseccionan con los contenidos que ya andaban revoloteando por nuestros resquicios, desde la primera lectura de los textos precedentes. Todo se adoba –por si todo no era ya un todo- con el uso de las imágenes, del que ya teníamos buena muestra (fotográfica) en SFO, pero que en este libro transitan por el venero de la ilustración (la cubierta y diez piezas de Luis Ruiz del Árbol), y son siempre un hermoso trasunto gráfico del texto que acompañan. Es una tendencia que se respiraba en el aire hermosamente viciado (y fresco a la vez, claro) del también originalísimo poeta Pe Cas Cor (Pedro Casariego Córdoba, http://www.pedrocasariego.com/), al que dedicaremos sin dudarlo una reseña o quizá una hoja luminosa en el calendario que viene. O en el Lorca más expresivo y colorista, con dibujos trazados por su propia mano. O en el Apollinaire genitor de esta corriente, al que (como a PLP en "Quiz Show") se le quedan pequeños los estrechos márgenes del verso, y prefiere siempre la irisación del caligrama –por darle un nombre a la explosión, a ese Big Bang de las palabras en torno a lo que se quiere expresar. En el origen, la poesía ya es el trazo –o al revés, nunca se sabrá: todo trazo prefiguraba ya su poesía.

 

***

 

Sin ánimo destripador alguno, recojo dos muestras (que se quedan escasas) de lo que puede ser la lectura de Cero, acompañadas por las imágenes que las confrontan en el libro.


"Perdonado pero no olvidado"

 

P E R D Ó N


Un rombo horizontal,
dos arcos rotos y torcidos,
un pozo de visiones encontradas.
Entregamos un beso cuando nos dirigimos al arrepentimiento
y en su expresión
todo se desenvuelve en una forma.   

La del gigante que dibuja una guadaña de tristeza
o la del medio óvalo de párpados cerrados.
La del cíclope forjando un rayo para destruir a Crono
o la del trazo suave del destino.
La de la furia púrpura sembrada en el desierto
o la que entiende lo oportuno de desear lo inacabable.   

Venimos al perdón con un gesto de violencia
o sobre el potro duradero de la misericordia.

 Al final todo obedece al ángulo con que se gire el ojo.

 

 

 
"Comida rápida"

 


C O M I D A     R Á P I D A

  

Cada vez es más fácil la muerte.
Jorge Dot

  

La agonía en el mar. El mediodía ebrio
flotando entre los ángulos del agua.
La mirada perdida, la escena del dolor.
Incontables las migas de mi cuerpo,
los golpes de los peces, sus desgarros.
Una sombra frenética que embiste
esparciendo mi sangre en la marea.
Pasto soy de los seres que habitan en el fondo,
su hambre tras el delirio de la espuma;
la deriva del agua en la inclemencia
de este baño mortal llamado vida.



También os señalo aquí el sitio más recomendable, para engancharse aún más a su lectura y un clip de video inestimable para introducirnos en el mundo de Cero:

 

 

http://www.pabloluquepinilla.com/cerolibro.htm

  

© Todos los derechos de los poemas e ilustraciones reproducidos son de Pablo Luque Pinilla y Luis Ruiz del Árbol.


http://felixmolinapublica.wordpress.com/2014/10/15/del-cero-al-infinito-la-poesia-total-de-plp/

10/oct/2013 - Reseña de "John Berguer. Poesía 1955-2008". Edición y traducción de Pilar Vázquez, Nacho Fernández R. y José María Parreño, Círculo de Bellas Artes, 2014

Publicada el 14 Ee octubre Ee 2014 a las 0:35



Acaba de aparecer la reseña «Del color de sus alamas» que he escrito para el núemro 61 de la revista El Cuaderno, que edita Trea, sobre la poesía de John Berguer con traducción de de Pilar Vázquez, Nacho Fernández R. y José María Parreño y editada por Círculo de Bellas Artes, 2014.


La edición digital de El Cuaderno fue gratuita durante un tiempo, pero en la actualidad es mediante suscripción. En la actualidad, los números en papel se reciben bajo suscripción y los sueltos pueden comprarse en la edición electrónica.


Tenéis toda la información sobre el número 61 AQUÍ. Os dejo a continuación la reseña para el que no tenga acceso al número:




Del color de sus almas


John Berger. Poesía 1955-2008
Traducciones de Pilar Vázquez, José María Parreño y Nacho Fernández R.
Edición de Jordi Doce y Nacho Fernández R.
Círculo de Bellas Artes, 2014. Colección «La Voz del Poeta».
272 páginas + CD.


 

Esta cuidada publicación de la poesía de John Berger (Londres, 1926), que edita el Círculo de Bellas Artes, se la debemos a Jordi Doce y Nacho Fernández R., en las bambalinas preparatorias; y a Pilar Vázquez, José María Parreño y el propio Nacho Fernández R., como artífices de las traducciones, encargándose la traductora de las dos terceras partes de estas. En rigor, viene a suponer la primera muestra de la obra poética (casi) completa vertida al castellano del afamado escritor británico. Como precedentes en versión original de la poesía del autor, contamos con un único libro publicado por el londinense, Pages of the Wound: Poems Photographs Drawings 1956-94, acompañado de dibujos y fotografías firmados por él mismo, editado en 1994 y reeditado posteriormente con más composiciones poéticas y gráficas; y, en castellano, con Páginas de la herida: antología poética (trad. de Pilar Vázquez, Ed. Visor, 1996), textos que la presente edición incluye en su totalidad con traducciones revisadas y a veces reescritas según explica la propia Pilar Vázquez, junto a versos de producción posterior hasta 2008. La compilación se acompaña de un CD con veintiún poemas grabados por Berger en 2010 durante una de sus visitas al Círculo de Bellas Artes (recibió la Medalla de Oro de esta institución en 2006), cuya lectura subraya la versatilidad de la lengua de Milton, ya sea para la poesía, el pop o para declamar la guía telefónica, si fuera necesario. Como sabemos, el inglés es siempre de una plasticidad eufónica que en la voz de nuestro autor recitando sus versos supone un aliciente añadido para acercarse a este volumen.


Del literato, primero artista (estudió arte en la Central School of Art de Londres, y a los treinta años dejó de pintar para dedicarse más decididamente a la literatura), es bien conocida su trayectoria narrativa y ensayística, especialmente a partir de libros como G., ganadora del prestigioso Booker Prize en 1972, y del ensayo de introducción a la crítica de arte Ways of Seeing (Modos de ver, trad. Justo G. Beramendi, Ed. Gustavo Gili, 2001), un verdadero manual de referencia para los amantes de la historia del arte. En general se trata de una andadura literaria bastante marcada por el compromiso social y político de su autor pues, según comenta el propio Berger, en las postrimerías de los años cincuenta, en plena Guerra Fría, sintió la necesidad de decir algo desde las filas de la literatura. No en vano, fue militante del partido comunista británico, se autoexilió en los Alpes franceses por no encontrar acomodo cultural satisfactorio en su Londres natal y, aún hoy, si bien se reconoce más alejado de sus postulados comunistas de antaño, continúa manifestándose marxista.


En cualquier caso, uno de los aspectos que más llama la atención de la poesía que nos ocupa es que, sin renunciar el escritor en ella a sus convicciones políticas y su vocación por la denuncia social (como vemos, por ejemplo, en el homenaje al ministro de Allende O. Letiler: «Orlando Letilier. 1932-1976», págs. 73-77), evidencia estar escrita por alguien que conoce bien el poder de la palabra poética para urdir un entramado lírico profundo con el que indagar la realidad y transcenderla. Y lo hace desde una voz absolutamente personal y reconocible, que emplea un lenguaje delicado y sutil para servirnos un destilado de emociones y transfiguraciones obrado en y para lo intemporal, como nos sugiere el poema «Agujero» (pág. 261): «Hacer un agujero / a través de / una piedra / hilvanarla / llevarla colgada / anuncia inmortalidad / la piedra puede ser / lenguaje / el agujero, poesía». También empleando un despliegue versal en el que escasea la puntuación, no se renuncia a la rima en el original inglés y se hace un uso bastante controlado de los recursos, donde, si acaso, se recurre a la evocación alegórica. Una suerte de metáfora continuada, elegante, tenue y aguda, al servicio de una textura lírica en la que albergar una emoción, una reflexión o un estado de ánimo, según el caso, que parecen prefijados de antemano como objetivo de las composiciones, como búsqueda a través del lenguaje de un interés comunicativo muy concreto. Y es precisamente en esta técnica, que se emplea para casi todos los motivos que la poesía de Berger nos propone, donde más patente se hace la impronta del narrador.


Ya sean los asuntos de sus poemas los del desencanto postindustrialización, nostálgico de un mundo perdido, después azotado por la técnica: «Los agrónomos de apuntados zapatos / saltan sobre el perro muerto / arrastrado hasta la cuneta / y entrando en un campo se agachan / a examinar un puñado de tierra negra / …/ y los campesinos de guata remendadas / los miran y se preguntan: / ¿qué esperarán encontrar / en nuestra tierra?», leemos en «La llanura Maritsa» (pág. 187). Ya sean dichos motivos los de esos textos ruralistas que simplemente evocan con melancolía el tiempo pasado al que nos referimos, y en los que más y mejores ejemplos hallamos de la poesía del de Londres, pues por estos Poemas transitan todo tipo de remembranzas de elementos procedentes del campo y la naturaleza, donde, por citar algunos, destacaríamos: «Cucharón» (pág. 90), «Puesta de sol» (pág. 100), «Patatas» (pág. 103), «Pascua» (pág. 105), «Caballo» (pág. 145) o «Cada pino al anochecer » (pág. 181), en el que leemos: «Cada pino al anochecer / aloja al pájaro / de su voz / perpendicular y quieto / el bosque / indiferente a la historia / como una piedra imperturbable / repite / con entusiasmo febril / la vieja historia / de la puesta de sol». Ya sean aquellos que rememoran la Primera Guerra Mundial por cuanto esta supone de inflexión de un cambio de mentalidad y modelo de sociedad de la preindustrialización a la industrialización, como vemos en «Autorretrato 1914-1918» (pág. 41), sin ir más lejos. Ya sean los cumplidos homenajes a diferentes personajes, además del citado Letilier, como los que dan título a «Muerte de Nan M.» (pág. 107), «Robert Jorat» (pág. 237) o «Tonio» (pág. 263), por ejemplo. Ya sean sus poemas bélicos, marcadamente antibélicos, ya que nos hablan de la desolación que enciende la barbarie de la guerra, tal y como se observa en «Ypres» (pág. 45). Ya sean las referencias al mundo del arte y sus obras: «Autorretrato de Rembradnt» (pág. 67), entre otras. A los que habría que añadir sus poemas de amor, con bellos ejemplos como «En tu isla» (pág. 171), «El cuero del amor» (pág. 189), «Viejo poema de amor» (pág. 197) o el hermosísimo «Una camisa colgada de una silla» (pág. 235), por citar algunos. O esos otros de textos que simplemente rescatan del olvido lo cotidiano, con algunos de los versos más significativos de una poética empeñada en subrayar lo humilde y pequeño para devolvérnoslo nuevo y transformado, como en «Sin título» (pág. 69) cuando reza: «oriento el pez / para así poder ver / su ojo / y el envite de su cola // coloco / el dedo meñique / entre las mandíbulas / del animal marrón // la tercera piedra la levanto / y sostengo detenidamente / para volver a dejarla en la mesa / así // se me perece solo lo que es», para referirse a tres simples piedras, verdosa, marrón y gris oscura, respectivamente. También, incluso, las reflexiones, nada escasas, sobre el papel de la palabra poética: «Pájaros como letras alzan el vuelo / ─sí, alcemos el vuelo─ / se ciernen en círculos y se posan en el agua / junto a la fortaleza de lo ilegible», se nos dicen en los versos de «Páginas» (pág. 55), a los que habría que sumar los de los del díptico «Palabras» (págs. 83-85) o la composición «De viva voz» (pág. 87). Por último, no podemos dejar de referir de entre la trama de sus preocupaciones poéticas aquellos aspectos antropológicos que acarrea el cambio de mentalidad y la transformación social comentada. De entre ellos, nos parece subrayable el tema de las prosas poéticas «Doce textos sobre la economía de los muertos» (Págs. 175-179), un lúcido y aleccionador lamento acerca de la censura por parte del hombre de hoy de la realidad de la muerte como parte de la vida: «Mientras el capitalismo no deshumanizó la sociedad, todos los vivos esperaban alcanzar la experiencia de los muertos. Era su futuro último. Por sí mismos eran incompletos. Así, vivos y muertos eran interdependientes», leemos.


Más allá, la poesía de nuestro escritor ha gustado de dialogar con otros géneros artísticos, en una actitud de libertad formal que no han dudado en señalar a menudo los estudiosos de su literatura. No solo por el protagonismo que alcanzan algunos pintores como personajes de sus versos, entre los que se encuentran el ya citado Rembradnt y al que habría que sumar los ejemplos de Giorgone o Johannes Vermeer, sino porque algunos de los textos originales de sus Pages of the Wound: Poems Photographs Drawings 1956-94 no son meros aderezos de un libro con ilustraciones, sino que lo son solo en función de algunas obras gráficas de Berger. Tal es el caso de los memorables fragmentos de «Ramurian» (págs. 29-39) sobre dos fotografías del autor; nueve bellas muestras que cantan a la naturaleza y el erotismo con una sutileza y plasticidad incuestionables. Elegancia y sensualidad que se repite en el díptico «Dibujo» (págs. 245-247). De hecho, si hay otro aspecto que no debe obviarse en la poesía del inglés es el protagonismo estilístico que concede a la imágenes en sus composiciones; los trazos de palabras sobre el lienzo de sus textos con los que consigue cuadros de hermosura indudable, como venimos diciendo. ¿Cómo sino calibrar expresiones como las ya referidas o, por citar otras, estas del mencionado «Pascua» (pág. 105)?: «De noche a los carámbanos / les crecen dientes / de transparente roedor / por el día babean / el alimento que les dio la nieve».


Podemos especular sobre el lugar que ocupa en las letras inglesas la breve poesía publicada por Berger, eclipsada en gran medida por su dimensión como destacado prosista de ficción del periodo posterior a la Segunda Guerra Mundial, así como por su prolijidad ensayística, pero al final siempre nos tropezaremos con las reflexiones con las que el propio escritor se ve dentro de dicho panorama y que vienen a subrayar una humildad y paciencia que se reflejan en la calidad de su trabajo poético. Para Berger, el poeta no se autoproclama como tal, sino que únicamente le corresponde al lector el privilegio de señalar tal identidad y destacar si sus poemas merecen dicho tratamiento. Pensamientos que hay que considerar junto a su obra, para vencer la tentación de encasillar a Berger en un determinado contexto poético por el hecho de que su impregnación literaria sea de ascendencia política. Ya que según hemos explicado aquí, esta poética trasciende lo coyuntural y lo ideológico, transformando su grito contra la injusticia, la desigualdad y el capitalismo en un rezo contra la destrucción del tiempo y lo banal, antes que en cualquier otra cosa. Pues, como el poeta manifiesta en el prefacio del libro al explicar la ordenación cronológica de los poemas, la palabra inglesa para «cuenta» o «abalorio», como cada uno de los setenta y dos textos de esta compilación escritos a lo largo de sus cincuenta años de dedicación poética, es bead, que deriva de la forma medieval bede, bed, gebed, cuyo significado es ‘oración’. Unas cuentas que los son de una jaculatoria de «voces / que aúllan al caer como cascadas» («Páginas de la herida», pág. 259) para suplicar por ese «verde», que «tiene el color de sus almas / y llega como un don» («Réquiem», pág. 225).

 

Pablo Luque Pinilla, agosto de 2014.


3/sept/2014 - Rafael Lema sobre "Cero" en Adiante Galicia

Publicada el 5 Ee octubre Ee 2014 a las 5:10

Rafael Lema dedica este artículo de opinión a Cero en Adiante Galicia. Sabía poco de lo que hacía Rafael, pero después de leer esto uno tiene la sensación de que ha descubierto un prosista. No porque se haya encargado de Cero, sino porque su prosa lírica bien merece acercar la lupa sobre el autor. De hecho, este tipo de arrtículos en los que el lenguaje cotiza son los que se echan de menos en la prensa actual. Muertos Umbral y algún otro, salvo el excepcional manejo sintáctico y verbal de Prada, se acabó la prosa de excepción en los periódicos. Reproduzco algunas frases entresacadas y el artículo entero a continuación:

 

"En el siglo XXI alcanzamos mayor conocimiento, arrancamos mayor número de hojas al árbol de la sofía en donde Adán conspiraba con la serpiente contra Eva, y pese a ello tenemos frío, mucho frio, mucha más hambre que Virgilio y Dante, a los que no les faltaba el abrigo metafísico de la lluvia dorada. Pero no hemos dejado morir la poesía; algunos seguimos reclamando su pulso, animando su magia, estimulando su ánima; es nuestra vacuna descargada de consciencia".


"En tiempos de twitters, nocillas y evanescentes neohaikús, celebro la poesía en donde las palabras pesan, como en toda obra trabajada y meditada, cerrada y circular".


"No hay vida sin entrega, sin descubrimiento de contrarios que se unen. Todo tiene un comienzo, es una gran verdad, también el retorno tiene inicio. Los caminos descargan en el mar, algo físico que ya no oculta isleños paraísos. Nosotros, los del oeste que llegamos del este y somos hijos del trébol, lo sabemos"

 

"La poesía cree en lo que vemos y en lo que no vemos, desmiente a los cautivos de la ira, a los que cobijan entre algas esferas de sombras. El poeta habla de espacios sagrados, sabiendo que vive en un avispero ácrata e inhóspito, pero tiene un portulano de querencias, de voces, de lecturas; unas coordenadas de desafíos y abandonos, y sostiene su vela en medio del océano, contra viento y marea".

 

 



"Cero" de Pablo Luque

Autor: Rafael Lema | Publicada: 03/10/2014



Cero es el tercer poemario del madrileño Pablo Luque Pinilla, que acaba de editar el sello sevillano Renacimiento y llegó a mis manos este agosto. Ceros y círculos, condenadas geografías, palabras que como todas son y surgen por contraste, en lucha con la inmediata para lograr un verso, prodigio de la lengua, escultura elaborada con los huesos de los náufragos de los malditos navíos que buscaban el bendito surco de las islas innominadas.


En la Costa da Morte sobrevivía un soñador apátrida llamado Man; habitante de un círculo, llenó su patria de circos de distinto tamaño, sobre casas, montañas, diques portuarios. Lo conocí de pequeño, con mis tíos, con los que hablaba alemán, la lengua de sus muertos; lo intenté definir, más que comprender, de joven; lo perdimos cuando aquella marea negra, el año que mudamos de era y todo se cambió. Nada fue igual desde entonces en la redondez del globo, y la poesía -intangible fruto dañado e hiriente- también sufrió las convulsiones del siglo, pues de la sociedad se nutre y a sus poetas devora. De las heridas del poeta y de sus musas, en el juego de la vida dúplice de nuestro desvalido ser de materia y espíritu, nacen estos versos.


En tiempos de twitters, nocillas y evanescentes neohaikús, celebro la poesía en donde las palabras pesan, como en toda obra trabajada y meditada, cerrada y circular. El verso se sostiene por sí mismo, arrebatando su filiación, su origen, cuando en él se desprende la demediada fatiga del ser y el mundo, el ejercicio de sincronías y diacronías marcadas por la angustia y el deslumbramiento de las imágenes, la búsqueda del tono, la definición del eco.


En el siglo XXI alcanzamos mayor conocimiento, arrancamos mayor número de hojas al árbol de la sofía en donde Adán conspiraba con la serpiente contra Eva, y pese a ello tenemos frío, mucho frio, mucha más hambre que Virgilio y Dante, a los que no les faltaba el abrigo metafísico de la lluvia dorada. Pero no hemos dejado morir la poesía; algunos seguimos reclamando su pulso, animando su magia, estimulando su ánima; es nuestra vacuna descargada de consciencia.


En Cero siento el círculo como un dolor en los ojos, sin principio ni fin. La respuesta que devuelve el cielo a nuestro grito es un eco, una orografía de signos sin código. No queda la huella del descanso de los dioses sobre la hierba verde, a causa del tiempo, el viento, el agua. Ni las aladas señoras del cielo dejaron sus pasos en la arena, porque año a año el mar se eleva, crece, arrebata paseos, pantalanes, rompeolas. Pero sí hay un origen, también en la redondez de la esfera, cuando el lápiz clava su punta sobre la superficie de un trozo de materia que se deja amar. Alfa-omega, el-ella. No hay vida sin entrega, sin descubrimiento de contrarios que se unen. Todo tiene un comienzo, es una gran verdad, también el retorno tiene inicio. Los caminos descargan en el mar, algo físico que ya no oculta isleños paraísos. Nosotros, los del oeste que llegamos del este y somos hijos del trébol, lo sabemos. Maldito seas círculo, vana ilusión, fatiga de las horas desveladas, búsqueda de revelaciones sin sentido.


Bendito el camino que intentamos hollar, nuestros extravíos, dudas, genuflexiones, desánimos. Todo para llegar a la concusión de que ceros y nadas no existen, no se sostienen, solo son invento de poetas. Como la misma poesía. Pero no por ello contradigo al autor, “nuestro vínculo es un ámbito de asombro”. La poesía cree en lo que vemos y en lo que no vemos, desmiente a los cautivos de la ira, a los que cobijan entre algas esferas de sombras. El poeta habla de espacios sagrados, sabiendo que vive en un avispero ácrata e inhóspito, pero tiene un portulano de querencias, de voces, de lecturas; unas coordenadas de desafíos y abandonos, y sostiene su vela en medio del océano, contra viento y marea.


http://www.adiantegalicia.es/opinion/rafael-lema/cero-de-pablo-luque.html

15/jun/2014 - Reseña de "Los naufragios del desierto". Zingonia Zingone, Vaso Roto, 2013

Publicada el 19 Ee junio Ee 2014 a las 1:35



Acaba de aparecer la reseña «Un secreto encuentro con el destino» que escribí para la revista Nayagua, editada por el Fundación Centro de Poesía José Hierro, sobre el libro Los Naugrafios del desierto de Zingonia Zingone y editada por Vaso Roto, 2013.


La edición digital de Nayagua se publica en el enlace: http://www.cpoesiajosehierro.org/web/index.php/nayagua, donde puedes encontrar además los anteriores números publicados.


Esta reseña surge a partir de la presentación del libro que hice en la Fundación Centro de Poesía José Hierro el pasado 16 de enero (http://www.cpoesiajosehierro.org/web/front.php/poesia-en-la-red/convocatorias/item/zingonia-zingone-presenta-los-naufragios-del-desierto)


Puedes encontrar el artículo en la página 245 del Nº 20 de Nayagua y replicado en formato web AQUÍ.

 

23/ene/2014 - Reportaje SFO en "Félix Molina. Arte y Literatura"

Publicada el 27 Ee enero Ee 2014 a las 14:05

De esta manera se presenta Félix Molina en Twitter:

"Arte y literatura. Dedicado a la reseña y la producción artística y literaria. Escribo sobre y escribo. Por arte y literatura entiendo, en principio, todo".

Y de esta otra presenta su Blog, Arte y Literatura:

"La superfície de las cosas es a veces su interior. En tanto todo se va aclarando lo mejor es apenas describirlo, para que el tiempo no termine arañándolo. ¿Prefiero quedarme con lo escrito y lo pensado sobre lo que se representa  o representarlo? Sigan, como ondas en un estanque, por artificial que sea, estas páginas. O acumúlense, como en el baúl del aire, las miniaturas de lo que somos".

Estas precisas y poéticas descripciones de su actividad y su Blog, respectivamente, nos descubren a un excelente prosista, que a través de su bitácora impulsa y promueve el arte, la literatura y sus maridajes. Vaya pues por delante nuestro agradecimiento ante quien tan bien ha tratado nuestra obra.



Cómplices de SFO
enero 23, 2014

Literatura y… fotografía
SFO | Pablo Luque Pinilla y José Luis Rodríguez Torrego

por Félix Molina


 
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La ciudad es su gente. Lo que fue en un principio el poblamiento derivó primero en la costumbre, luego en la rutina. Pero si el prado o la ladera tienen las mismas volátiles y vírgenes fronteras del mar, la topografía urbana se hace materia, esqueleto del deseo o la ruina de sus pobladores. Un día en la ciudad acumula otro y, de repente, a la vuelta de un siglo, casi una eternidad ya hizo nido entre las vértebras de sus moradores, frecuentes holladores de sus pasos de cebra, de sus avenidas, de sus cepas de sombra o de altura. Tanto se confundió acá, entre los edificios, el paisaje con el paisanaje que también se hace uno con él, que también se retuerce dolorido en sus circunvalaciones o se hace extraño animal que anida en sus bahías, como gustaba de divisar el viejo Whitman cuando soñaba Manhattan (City nested in bays! mi city!).


Un poeta,  Pablo Luque Pinilla  (n. 1971), y un fotógrafo, José Luis Rodríguez Torrego  (n. 1966) -viajeros constantes, pero nativos de aquella Madrid que el Dámaso más insomne y menos erudito bramó como continente de más de un millón de cadáveres-, dos artistas que se expresan en lenguajes repletos de mirada y se unen en un conjuro que –con el vértigo del zoom y la pausa del verso– rescata para la ilusión de los sentidos y sus conjuntos el pálpito efervescente de otra ciudad de bahías, puentes, calles que simulan montañas de asfalto… y – sobre todo accidente– la vida. San Francisco, la una vez devastada pero resurgida, la siempre anclada en la Costa Oeste para desdoro de su perpetuo movimiento (de credos, de creencias, de condiciones, de proclamas), se nos aparece en los textos y en las fotos de sus dos exégetas como esa bestia de mil caras, que es decir de casi un millón de rostros (o espaldas, o espinazos, o posaderas, como en las fotos de José Luis Rodríguez Torrego) y otros tantos destinos.


Abre una hendidura en este ciberrincón de racionada sombra, la luz –pulsada o cantada– de un poeta y un fotógrafo que se enfrentan a la ciudad sin necesidad de combatirla (atrás quedó la industria develada, denunciada, casi vomitada por Rimbaud en sus Iluminaciones  -ojo a este enlace, es de calidad para los adictos) o el exorcismo del Lorca de Oficina y denuncia. Les basta con sentirla, bajo el objetivo o la yedra floreciente del versículo. Con abrazarse, en la metáfora o el escorzo, a la brillante medianía de aquellos –estos– pobladores que ya son uno –y viceversa– con su poblado. En el trasiego de dos creadores que han habitado, muchas veces, la penumbra estancada de un metro o una drugstore ya no cabe el rencor de los píxeles o las sílabas, sino el reconocimiento, el brazo tendido a cada cual para acariciarlo con el quebrarse del diafragma o la nota amortiguada, revis(it)ada amorosamente por el cursor inquieto.


En veinte singladuras –o poemas– y otras tantas imágenes (y alguna más, como la de la serena boya recortada sobre la ciudad teñida de bruma que antecede este itinerario), Pablo Luque Pinilla y José Luis Rodríguez Torrego nos hacen cómplices de SFO, del San Francisco que nos recibió casi ajeno, como portezuela de avión, pero nos despide atardecido, amistado, congraciado ya, definitivamente, con el mundo y su única, más pura respiración: las personas.


Un renglón libre, coloquial pero sereno y majestuoso (como aquel de José Hierro en su Réquiem ), y una fotografía saturada con naturalidad, con el acento de la empatía, son los mejores cicerones de un recorrido que, por la amabilidad de sus autores, anticipamos aquí, en la pequeña galería de literatura y otra disciplina artística que quiere ser esta sección. Que lo disfrutéis tanto como yo.



 



S K Y L I N E


 





 



E N M I E N D A   G E N E R A C I O N A L



 





 

 









U R B A N   V I A T O R

 




LA OBRA. SFO se editó en 2013 por la bibliófila Editorial Renacimiento. Se trata de un volumen delgado (no sacia la sed de poesía e imagen que genera) pero escrupulosamente diseñado y editado. Además de las biografías de los autores, tiene el detalle inestimable de fijar el contexto geográfico y humano de la ciudad de San Francisco mediante un apéndice titulado Extrarradios, al estilo de los exhaustivos índices y apéndices que gustan de incluir muchas editoriales anglosajonas en sus publicaciones. Los autores también han diseñado una publicación para ipad y dispositivos móviles, muy recomendable, que incluye prestaciones adicionales. Además de en la lectura cotidiana, es compañía indispensable –mucho mejor que una guía al uso, se me ocurre– para una visita a esta ciudad de ciudades.


© de las fotografías y textos extractados de SFO, José Luis Rodríguez Torrego y Pablo Luque Pinilla, Editorial Renacimiento, 2013. Reproducidos y citados con permiso expreso de sus autores.


http://felixmolinapublica.wordpress.com/2014/01/23/complices-de-sfo/

3/dic/2013 - Reseña de "Thomas MacGreevy. Poesía completa". Edición y traducción de Luis Ingelmo, Bartleby, 2013

Publicada el 3 Ee diciembre Ee 2013 a las 19:40



Acaba de aparecer la reseña «Aquella que es el segundo don» que he escrito para la revista El Cuaderno, que edita Trea, sobre la poesía completa de Thomas MacGreevy con traducción de Luis Ingelmo y editada por Bartleby, 2013.


La edición digital de El Cuaderno se difunde gratuitamente a través de http://issuu.com/elcuadernocultural, donde están alojados además todos los números publicados. También en el blog: http://elcuadernoculturaldelavoz.blogspot.com.es/


La edición impresa, también gratuita, se difunde en los siguientes puntos de distribución:

 

Asturias: Librerías Casa del Libro, Casona, Cervantes, Clarín, Cornión, De Bolsillo, FNAC, La Buena Letra, La Palma, La Pilarica, Maribel, Ojanguren, Paradiso, Platero, Polledo, Roy, Santa Teresa, Sol, Toma 3 y Víctor Núñez. Galerías de Arte Alfara, Amaga, Beatriz Corredoira, Cervantes 6, El Arte de lo Imposible, Espacio Líquido, Gema Llamazares, Guillermina Caicoya, Octógono, Sala Borrón, Texu y Van Dyck. Centros: todas las bibliotecas públicas, Ateneo Obrero de Gijón, Campus de Humanidades de la Universidad de Oviedo, Centro de Cultura Antiguo Instituto de Gijón, Centro de Interpretación del Cine (CICA), Centro Niemeyer, Laboral Centro de Arte, Museo Evaristo Valle y Valey Centro Cultural de Castrillón.

Barcelona: Librerías Alibri, Companyia Central LLibretera, Documenta, Laie y Medios.

Cáceres: Facultad de Filosofía y Letras.

Canarias: Filología de la Universidad de la Laguna.

Granada: Librerías Babel y Picasso; Facultad de Interpretación y Traducción.

León: Librería Alejandría.

Madrid: Del Centro, La Buena Vida, La Central, Méndez, Meta y Tipos Infames. Málaga: Librería Luces.

Pamplona: Librería Auzolan.

Salamanca: Facultad de Filología, Librería Hydria.

Santander: Librerías Espacio Kattigara y Gil.

Sevilla: Librerías La Fuga y Palas.

Valencia: Facultat de Filología, Traducció i Comunicación.

Valladolid: Librería Oletum y Facultad de Filosofía y Letras.

Vigo: Librería Versu.

 


Os invito a introduciros en la poesía MacGreevy de la mano del traductor Luis Ingelmo. No os defraudará.

 

Para acceder al artículo pulsa AQUÍ.




13/oct/2013 - SFO por Luis Ingelmo.

Publicada el 13 Ee octubre Ee 2013 a las 10:25


Ya está subida la presentación de Luis Ingelmo en el dossier de SFO aquÍ: http://www.pabloluquepinilla.com/sfolibro.htm#917000385


Creo que vale la pena acercarse a este libro de la mano del escritor y traductor salmantino:


"Tratemos, para empezar, de hallar algún libro en nuestra tradición más inmediata que nos ayude a calibrar el calado de SFO. Y, como no podía ser de otro modo, el primero en que pensamos es, a pesar de la distancia geográfica entre una y otra ciudad, Poeta en Nueva York, el libro más americano de García Lorca. Digo «americano» y digo bien, pues, como es sabido por todos, los poemas no se ciñen única y exclusivamente a la ciudad de Nueva York, sino que saltan a la isla de Cuba. Lo cual, de entrada, marca ya una diferencia esencial con el libro de Pablo Luque y José Luis Rodríguez: excepción hecha del primer poema, trasunto del viaje, un viaje simbólico por lo que de desplazamiento no tanto físico como mental tiene, el resto de la colección deambula en exclusiva por las calles y los hitos de la ciudad de San Francisco.


Pero busquemos semejanzas y no tanto las divergencias, para lo cual tendremos que estudiar las imágenes de sendos libros. Nos habíamos acostumbrado a pensar en Poeta en Nueva York como un todo compuesto de poemas y fotografías. La edición de Cátedra así lo dejaba entender e, incluso, en la sección que dedicaba a explicar la elección que el propio poeta granadino había hecho de fotografías, fotomontajes y postales, se vanagloriabade ser esa la primera vez en que el libro de Lorca aparecía íntegramente, sin que se le hubieran robado las instantáneas, como sí había sucedido en ocasiones previas. Nos habíamos acostumbrado a concebir Poeta en Nueva York como un conjunto de versos e imágenes, decía, cuando de pronto apareció en la primavera de este año la edición de Galaxia Gutenberg para llamarnos al orden: tres son las declaraciones que se recogen en el prólogo a esta edición y todas ellas dan noticia de cómo se le convenció al poeta de que incluir esas imágenes sería un verdadero despropósito. Pero lo relevante del caso no es que García Lorca se dejara persuadir por los argumentos de sus amigos y editores, sino, antes bien, las razones que se exponían en aquellos argumentos: no podían casar sus propios dibujos con postales turísticas. Quizá los fotomontajes tendrían un valor artístico, sorpresivo (me viene a la mente el retrato de Walt Whitman y sus pobladas barbas canas adornadas con mariposas), pero nada podría extraerse de las postales, de las imágenes tópicas como las tan manidas de la Estatua de la Libertad o de Wall Street, referencias icónicas, sí, pero que no aportan carga artística alguna. Por su parte, y muy alcontrario que el libro de Lorca, SFO es un organismo vivo compuesto de imagen y palabra al cual, si se le tratase de amputar alguno de sus miembros, moriría desangrado. No tendríamos, en fin, un libro cojo o manco, sino que atacaríamos sus entrañas, sus órganos vitales. En SFO palabra e imagen son indisociables :sin palabras, las fotografías lograrían detener el tiempo, pero adolecerían de explicación y contexto; sin imágenes, los versos se harían volanderos, carecerían de asentamiento, sufrirían un proceso de licuación semántica hasta transmutarse en volutas de humo.


Así pues, Poeta en Nueva York no nos ayuda en nuestra empresa. Obligados nos vemos a dejar de lado igualmente las colecciones poéticas de cariz ecfrástico, pues el objetivo de sus poemas no son fotografías, sino pinturas, con lo cual el punto en común que habría de actuar como fulcro entre los libros tampoco se sostiene. Haciendo un esfuerzo, quizá de Aníbal Núñez podríamos releer Estampas de ultramar, pues los poemas surgen a partir de unos grabados de viajes. Pero estos, a pesar de incluir algunas escenas con nativos estadounidenses o de la vida urbana de aquel país, tienen demasiado de viaje decimonónico y colonialista, aventurero en su peor sentido, esto es, en el sentido de novelesco y literario. Sin embargo, ni con esas logramos trazar líneas de convergencia entre SFO y otros libros anteriores, pues la única alusión que tenemos a un viaje en el libro de Pablo Luque y José Luis Rodríguez es, como ya he señalado con anterioridad, la que se encierra en el primer poema: «El viaje es largo», que, desde luego, alude a lo extenso en el tiempo al desplazarse desde España hasta San Francisco (en avión, más de un día), y que se carga de simbolismo cuando continúa con «No hay firme ni trazado posible, ni imagen que desdoble un horizonte», esto es, el viaje de por sí no posee un valor intrínseco, pues se ha convertido en un paréntesis entre el punto de partida y el destino final, o acaso sea que el viaje verdadero no aparece ni en guías turísticas ni en ningún mapa. Mientras que el libro de Aníbal Núñez gira en torno a imágenes recogidas por todo el orbe, con el fin de exponer las bondades de lo exterior frente al provincianismo español anterior a la transición, SFO orbita en torno a San Francisco, partiendo de una visión, digámoslo así, escéptica, escamada incluso con lo que habrá de encontrarse. No hay plan de acción, ni guía turística que nos conduzca por el laberinto de la ciudad. De hecho, no hay aventura ni deseos de imponer nuestro criterio sobre el de los habitantes de aquella ciudad.


¿Recurriremos, entonces, al Cuaderno de Nueva York de José Hierro? Mucho me temo que tampoco. Si Lorca se quedaba boquiabierto al contemplar la ciudad, convirtiéndola en eterna, así como en fuente de sufrimiento y pesares sin fin, en masificación y visiones imposibles, Hierro sabe de sobra, en las postrimerías del siglo XX, que Nueva York no reviste la posibilidad del pasmo, ni para el viajero ni para el poeta. ¿Y qué decir de El mapa de América de Pablo García Casado? ¿Demasiado narrativo? Es posible que así sea. ¿Quizá, pues, indagaremos en ese otro, Nueva York: ciudad del hombre de José María Fonollosa? En este caso, creo, no andaríamos demasiado desencaminados, pues el deseo de los poemas de Fonollosa es surgir allí donde el contexto es adecuado, casi de modo espontáneo. Así lo revela el hecho de que los poemas de la colección de Fonollosa tengan por título nombres de calles, sin que haya relación entre estas y lo que el poema abriga. De igual modo, en SFO la mayoría de los poemas carece de título, pues nacen de la urgencia del instante casual, el que ha atrapado la fotografía con las perspectivas más insólitas, al sesgo en no pocas de ellas, en apariencia tomadas con premura y sin haberse estudiado su composición sino aventurando esta a los millones de posibilidades que la permutación de los elementos callejeros puedan ofrecer al objetivo y al dedo que aprieta el disparador.


Llama la atención observar que, de entre todas las fotografías que se incluyen en SFO, tan solo en dos de ellas haya usencia de personas, aunque más me atrevería a decir que, propiamente dicho, es en una sola: no tomo en cuenta la que, al comienzo del libro, justo antes deque den sus primeros pasos los versos, ocupa ambas páginas toda ella en tonos de gris —el mar de la bahía, la boya, los edificios al fondo, envueltos entre brumas—. La conclusión que se extrae de esta abundancia de figuras humanas es, precisamente, la vocación personal de los poemas. Fíjense en que no digo «subjetiva», sino «personal», esto es, orientada hacia las gentes que pueblan la ciudad. No les interesa a nuestros autores su propio interior, su subjetividad, muy al contrario de lo que hiciera Lorca en su Poeta en Nueva York, hasta el extremo de que casi pareciera en ocasiones que la ciudad fuera mera excusa para arrojar sobre las páginas su estado de ánimo, el dolor que le causaba la contemplaciónde la gran urbe. En SFO, por contra, las instantáneas inspiran unos poemas sustantivos, que si son descriptivos es porque el lector va dando pespuntes a los retales de nombres que se le ofrecen con el fin de poner en marcha la imagen estática. En este mismo sentido, es notoria la cantidad de poemas en que la voz poética es impersonal, o en los que sencillamente se describen escenas o situaciones en tercera persona, objetivamente. Leemos, eso sí, verbos en primera persona del plural en un buen número de poemas («Venimos a ocultarnos en el espacio / que nos reserva estaciudad» o «Velamos de soslayo el nacimiento de la diosa» o también «Accedemos fluyendo entre el asfalto / por laderas de metal y olas de ceniza»;), lo cual es más una estrategia lingüística para involucrar al lector que la aparición de un yo lírico. Son tan solo tres los poemas escritos con un yo lírico en primera persona. El primero, «Falling Slowly», cuyo comienzo es «No sé si eres real o acaso la huella que deja el saldo del deseo», es el único que hace alusión al estado anímico o al pensamiento del sujeto hablante («Todos me dicen que soy distinto desde que estuve en San Francisco», se nos confía), pero sin recrearse en ello, pues surge, como en todos los poemas, de la contemplación de un instante y concluye con una nota general, una reflexión de alcance universal. El segundo de los poemas en primera persona carece de título, pero se iniciacon el verso «Te contemplo como a un escaparate», prueba de que la intención del yo poético es mantenerse independiente del objeto observado, lo cual se recalca enfáticamente unos versos más abajo: «La distancia es transparente, / y nuestro abismo un muro opaco». Por fin, en el tercero de los poemas en primera persona, que lleva por título «Ángulo recto», quien habla es una de las dos bañistas retratadas, de modo que nos hemos adentrado en los pensamientos de alguien que no es tampoco el poeta. En conclusión, estamos ante un poemario labrado con voluntad de que sean los objetos y las personas quienes hablen, de que con su discurso involucren al lector-observador. Nos encontramos, pues, en las antípodas de la poesía confesional.


En ocasiones, incluso, da la impresión de que las palabras se esfuerzan en sacar a las figuras retratadas de su estado de hibernación, de su quietud eterna, para ponerlas de nuevo en marcha, para insuflarles una nueva vida a sus protagonistas. Nombrar es, por otra parte, el gesto adánico por excelencia, y estos poemas adquieren calidad adánica al otorgarle nombres a los instantes. Tiempo en fuga atrapado en imágenes y recuperado en el transcurrir de la lectura, voluntad de que el olvido no se adueñe de todo, de que sea lo escrito lo que prolongue los instantes, los estire y regenere. Perseverancia en arrancar de su letargo la imagen congelada, en devolverle a la vida su dimensión temporal a través de la palabra.


Luque y Rodríguez captan lo extraordinario de lo ordinario en los rincones de San Francisco, desnudándolos de cualquier nota glamurosa que su cercanía con Hollywood pudiera incitarnos a añadirles, y usan para ello, como he insistido una y otra vez, imágenes y palabras. Habrían querido incluir, con todo, el elenco completo de posibilidades sensoriales que se le ofrecen al paseante. No solo la imagen y la palabra, sino también los sonidos, los olores e, incluso, las sensaciones táctiles. La plasticidad de las fotografías suple estas últimas y, en cuanto a lo sonoro, los autores se han preocupado de añadir diez minutos de sonidos callejeros en una aplicación para tabletas. Faltan, con todo, los olores. Yo no he estado nunca en San Francisco, pero sí he vivido en Chicago y he visitado otras grandes metrópolis norteamericanas, como puedo suponer que algunos de ustedes también lo han hecho, y con solo hacer un pequeño esfuerzo de memoria sensorial, leyendo SFO se me inundan las fosas nasales de los aromas de los restaurantes tailandeses, mexicanos o griegos, del agrio escape de los autos, tan distinto al que estamos acostumbrados a oler en nuestra tierra, y eso es justo lo que la memoria almacena: sensaciones, emociones y pensamientos fragmentarios que se afanan en pertenecera un todo. Y, al fin y al cabo, esto es SFO, el momento en tránsito, el instante a la fuga atrapado con una fina malla, y es los olores que nos envuelven, el sonido que nos acompaña y la piel que percibe la temperatura, quizá una brisa o el roce de un transeúnte que nos pregunta: «Are you ready for the truth?», «¿Estás dispuesto para la verdad?»"

 

Luis Ingelmo, septiembre de 2013



6/oct/2013 SFO en "El Cuaderno"

Publicada el 6 Ee octubre Ee 2013 a las 17:50



La revista El Cuaderno que edita Trea ha publicado en su número 49 como complemento a una aproximación al viaje literario de Jesús Arana Palacios, «¿Quién es el viajero literario?», una muestra de seis fotos y poemas de SFO, bajo el título de «“Imágenes viajeras, poemas sedentarios”. Fotos y poemas de SFO».

 

 La edición digital de El Cuaderno se difunde gratuitamente a través de http://issuu.com/elcuadernocultural, donde están alojados además todos los números publicados. También en el blog: http://elcuadernoculturaldelavoz.blogspot.com.es/

 

La edición impresa, también gratuita, se difunde en los siguientes puntos de distribución:


Asturias: Librerías Casa del Libro, Casona, Cervantes, Clarín, Cornión, De Bolsillo, FNAC, La Buena Letra, La Palma, La Pilarica, Maribel, Ojanguren, Paradiso, Platero, Polledo, Roy, Santa Teresa, Sol, Toma 3 y Víctor Núñez. Galerías de Arte Alfara, Amaga, Beatriz Corredoira, Cervantes 6, El Arte de lo Imposible, Espacio Líquido, Gema Llamazares, Guillermina Caicoya, Octógono, Sala Borrón, Texu y Van Dyck. Centros: todas las bibliotecas públicas, Ateneo Obrero de Gijón, Campus de Humanidades de la Universidad de Oviedo, Centro de Cultura Antiguo Instituto de Gijón, Centro de Interpretación del Cine (CICA), Centro Niemeyer, Laboral Centro de Arte, Museo Evaristo Valle y Valey Centro Cultural de Castrillón.

Barcelona: Librerías Alibri, Companyia Central LLibretera, Documenta, Laie y Medios.

Cáceres: Facultad de Filosofía y Letras.

Canarias: Filología de la Universidad de la Laguna.

Granada: Librerías Babel y Picasso; Facultad de Interpretación y Traducción.

León: Librería Alejandría.

Madrid: Del Centro, La Buena Vida, La Central, Méndez, Meta y Tipos Infames. Málaga: Librería Luces.

Pamplona: Librería Auzolan.

Salamanca: Facultad de Filología, Librería Hydria.

Santander: Librerías Espacio Kattigara y Gil.

Sevilla: Librerías La Fuga y Palas.

Valencia: Facultat de Filología, Traducció i Comunicación.

Valladolid: Librería Oletum y Facultad de Filosofía y Letras.

Vigo: Librería Versu.


Los tres últimos números han superado las 35.000 visitas en su edición digital y agotaron rápidamente los 6000 ejemplares en papel, por lo que agradecemos mucho a Jaime Priede la atención prestada a nuestro trabajo.


«Imágenes viajeras, textos sedentarios»


El escritor holandés Hans C. Ten Berge comienza su libro titulado De Honkvaste Reiziger (El viajero hogareño) con una provocadora confesión en la que afirma no haber estado nunca en ningún lugar. Insiste en que todos sus viajes han sido inventados desde su casa. Stefan Hertmans, otro viajero admirador suyo y también escritor, comenta en Ciudades, su propio libro de viajes, que quien viaja de verdad siempre se queda un poco en casa. El fotógrafo José Luis R. Torrego viaja a San Francisco y a la vuelta le entrega su material fotográfico al poeta Pablo Luque Pinilla, que inventa desde su casa el viaje propuesto por su amigo. El resultado de esa colaboración da lugar a SFO: Fotos y poemas sobre la ciudad de San Francisco, editado por Renacimiento.

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El cuaderno 49



27/sept/2013 Reseña SFO en Encuentros de Lecturas

Publicada el 27 Ee septiembre Ee 2013 a las 0:30

El poeta y crítico Santos Domínguez Ramos ha publicado hoy esta reseña sobre SFO en su Blog Encuentros de lecturas. De cuantos Blogs sobre crírica literaria hay de escritores españoles este es uno de los más actualizados y seguidos, así que no puedo por menos que agradecer a Santos Domínguez la atención prestada a nuestro libro.


27/09/13


Fotos y poemas sobre la ciudad de San Francisco




Pablo Luque Pinilla.
José Luis R. Torrego.
SFO.
Renacimiento. Sevilla, 2013.



Todos me dicen que soy distinto desde que estuve en San Francisco, escribe Pablo Luque en Falling Slowly, uno de los textos centrales del espléndido libro que reúne fotos y poemas sobre la ciudad de San Francisco y publica Renacimiento.


Un libro que tiene como punto de partida las fotografías que el diseñador José Luis R. Torrego hizo en 2004 en San Francisco, una ciudad distinta a todo lo que yo conocía de EEUU. Se respira cierto aire norte-europeo, un ambiente absolutamente ajeno, en un primer impacto, al tópico californiano. Mientras caminaba, empecé a tirar fotos de la gente con la que me cruzaba. Disparando con la cámara a la altura de la cadera, la ciudad enmarcaba a los sujetos como un escenario. Surgían así algunos estereotipos, pero también algo más.


Ese algo más lo explora el poeta Pablo Luque, que puso letra a las imágenes y añadió su mirada a la del fotógrafo. El libro ofrece así dos miradas instantáneas. Esa es la clave en fuga que define el lugar de encuentro de la fotografía y la poesía para entablar un diálogo –las palabras son de Pablo Luque- que se basara en la complicidad entre lenguajes artísticos y para profundizar en la historia personal que se intuía tras aquellos rostros en un enclave tan mítico como singular, y ayudar a construir el pensamiento y la voz de los protagonistas retratados (...) con textos directos, breves y ágiles −también en su itinerario creativo−, y, en lo posible, más cercanos a un público no necesariamente lector de poesía.


Esa es la propuesta hecha realidad en este libro: el encuentro de un espacio común que vincula las dos artes en las dos miradas superpuestas de sus autores para abordar un mundo huidizo e inaccesible a través de unas imágenes que van más allá de la representación de unos seres concretos en un ámbito concreto, sitúan lo individual en lo colectivo, hacen de un lugar en el mapa un símbolo de la vida contemporánea y se convierten no solo en el reflejo de una ciudad y de sus habitantes, sino en metáforas del mundo y de la existencia.


Porque en estas fotografías y en estos poemas se capta lo que tiene el momento de fugaz y de irrepetible, pero también de representación simbólica de algo más universal e intemporal en un diálogo creativo lleno de sugerencias que esperan también el papel activo del lector, la complicidad del espectador.


Los rostros y los gestos, los edificios y las largas y empinadas avenidas de San Francisco dialogan con unos textos que son tan directos y rápidos como el disparo del fotógrafo para dar la imagen artística de una ciudad que es también todas las ciudades, y de unos habitantes que están, en las imágenes y en los textos, más allá de su existencia individual, como este Urban viator, que acompaña a esta imagen:





Al crecer
             los ejemplares jóvenes emprenden el viaje,
se unen a los de su manada.

Esta discurre, veloz y ajena,
trotando en el desfiladero,
ignorando los márgenes que ocupan
los animales rezagados.
Cuantos quedan en la orilla
presa son del estupor,

de la quietud que brota en la impotencia,
del rumbo incierto donde se amplifica la locura.
Miran escépticos a los que galopan,
hacen recuento,
aceptan impasibles la estampida.
Esperan el final sobre un mástil

que subraya                     
                 la paradoja de la escena.


Santos Domínguez


http://encuentrosconlasletras.blogspot.com.es/2013/09/fotos-y-poemas-sobre-la-ciudad-de-san.html


22/jun/2013 - elmundo.es sobre SFO

Publicada el 22 Ee junio Ee 2013 a las 3:50

Hoy hace una semana que el periodista de elmundo.es Luis Alemany publicó un artículo a raíz de una charla que mantuvimos sobre SFO: http://www.elmundo.es/elmundo/2013/06/14/cultura/1371228245.html Aprovechando que he subido una sección en esta página con toda la información del libro y lo que su aparición pública va generando, copio aquí el artículo de Alemany en ella compilado.

 

 

POESÍA | 'SFO'

 

Nunca estuve en San Francisco


[foto de la noticia]

 

Los poemas de Pablo Luque Pinilla y las fotografías de José Luis Rodríguez Torrego inventan un nuevo mapa de la ciudad

 


Ellis St., Crossing Powell St., Market St., Chinatown, Alcatraz Island,Haight-Ashbury, Transamerica Pyramid... No hay nada más sugerentes que los topónimos de una ciudad leídos por aquél que no ha pisado (aún) sus calles. 'Todos me dicen que soy distinto desde que estuve en San Francisco', escribe el poeta Pablo Luque Pinilla en uno de los versos de 'SFO', el atlas de poemas y fotografías que ha publicado junto al diseñador José Luis Rodríguez Torrego en el sello Renacimiento.


[foto de la noticia]


Rodríguez Torrego, autor de las imágenes, sí que ha estado en San Francisco; Luque Pinilla no. "Ha sido un reto y un trabajo de documentación muy grandes. Al principio estaban las fotos de José Luis, que me decía que quería hacer un libro con ellas y que me sugirió la idea de hacer un relato poético que las acompañara. Vi el material y me gustó mucho, había algo reconocible, algo familiar, y, además, había muchas historias en los retratos de sus personajes: en la prostituta, en el vagabundo..."


Así que aceptó el encargo. "Está el falso mito de que el poeta sólo escribe desde sus percepciones y sus obsesiones. A mí me gusta hacer el viaje contrario, buscar en el exterior y descubrir que nada nos es ajeno. En los poemas quería mirar fuera y dentro". Y eso era mucho trabajo. "Si la fotografía la podíamos ubicar en algún lugar concreto del mapa de la ciudad, buscaba que tiendas había en esa esquina, qué restaurantes, qué se comía en esos restaurantes. He estado en Los Ángeles, he vivido un año en la Costa Este, pero en lo que soy un experto es en San Francisco".


 

[foto de la noticia]



Por ejemplo: "Hay unos versos a Twin Peaks, que no es la serie de televisión en la que todos pensamos sino dos montañas que dominan el paisaje de San Francisco. Había una fotografía de José Luis con dos chicas negras mirando a lo alto que me brindaba esa analogía". 'Accedemos fluyendo entre el asfalto / por laderas de metal y olas de ceniza. / Miramos y al mirar reconocemos: la divisoria sobre Downtown; / su diagonal trazada/ allí / donde se embarcan los ojos / hasta el umbral de la bahía".


"Me gusta escuchar antes de escribir. Estaba claro que el riesgo de escribir sobre una ciudad extranjera era caer en el costumbrismo, escribir el equivalente de esos relatos de gitanas y toreros hechos por ingleses que a los españoles nos hacen sonreír. No sé cómo me sentiré el día que vaya a San Francisco, pero no creo que me sonroje. Me encantaría que hubiera una traducción al inglés de este libro".


Todo este rato charlando sobre poesía y San Francisco, ¿y todavía no han aparecido los beats en la conversación? Que nadie sufra, Ginsberg aparece en algún rincón de 'SFO' (pero no City Light Books) como un recorte más en el mapa-collage del paisaje de San Francisco. "Pero no se crea que he tenido muy en la cabeza la tradición literaria de San Francisco. A Walt Whitman, por ejemplo, lo tengo más presente".


'SFO' no sólo aparece como libro. También es una aplicación para tabletas que, entre otros encantos, incluye Una pista de sonido con los ruidos de las calles de San Francisco. Casi tan sugerente como los nombres de sus calles.
 


http://www.elmundo.es/elmundo/2013/06/14/cultura/1371228245.HTML

 

 

 

 

 

15/mar/2013 - Reseña de "Un centro fugitivo", antología poética de Álvaro Valverde

Publicada el 21 Ee marzo Ee 2013 a las 1:40





Acaba de aparecer la reseña «Hagamos de este lugar un territorio», que he escrito sobre la antología poética de Álvaro Valverde Un centro fugitivo, a cargo de Jordi Doce y editada por La Isla de Sistolá.


Os invito a introduciros en esta poesía que a buen seguro no os defraudará.


Para acceder al artículo pulsa AQUÍ.