ENTRE MANOS

Enero de 2022 - Reseñas de "Greenwich" en redes

Publicada el 22 Ee enero Ee 2022 a las 13:25


Dos reseñas de Greenwich:


20/ene/2022 - RESEÑA EN ARTE Y LITERATURA. POR  FÉLIX MOLINA

12/ene/2022 - RESEÑA EN LA CLAVE LITERARIA. POR MANUEL FERNÁNDEZ GARCÍA


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20/ene/2022 - RESEÑA EN ARTE Y LITERATURA. POR FÉLIX MOLINA


Felix molina Felix molina, el autor de Poe no ha muerto, se encarga en "Arte y Literatura", un Blog realmente muy vivo y visitado sobre libros (y otras cosas), de Greenwich (Algaida Editores), con una reseña hermosísima.


¡Muchísimas gracias!


El original aquí:  https://cutt.ly/oIOSuhP

 


También aquí transcrito a continuación:

 

 

 

 

Meridiana poesía

enero 19, 2022

 

por Félix Molina



Pablo Luque Pinilla | Greenwich

Leí, no sé si a Gil-Albert (corregidme, no encuentro el ensayo), que la claridad viene a la poesía por diversos caminos: o por el lenguaje –como en Claudio Rodríguez–, o por el tema –como en Jorge Guillén, en quien siempre pienso de día–, o, añado, por un empeño muy especial, por una atención directa, un cuidado casi intensivo hacia el lector diría yo, que hace del poema casi una didáctica.


 

Ese es el orden en que registro yo, con el nombre y los apellidos de Pablo Luque Pinilla, este Greenwich que viene no solo a mostrarme, sino también a enseñarme la poesía. Puede hacerlo, porque ha dejado atrás el divino aprendizaje de SFO (una road movie poética, con bellísimas fotografías) o Cero (la poesía como compañera de la imagen), libros que tuve la oportunidad de conocer desde sus primeros días de vida.



Pablo Luque Pinilla, © Sara Luque



Greenwich parte de la cultura (Dante, Cormac McCarthy, Denise Levertov), es esa su semilla y su abono, pero tiende sus ramas, en forma de paralelos y meridianos, hacia la imaginación. Imagina que amanecemos en un mundo comunicado por estambres de sensaciones y sentimientos a los que solo puede poner nombre el poema. Con cada verso –que resume una hora humana– hundimos la mente en el barro poético originario, el del propio Dante, el de T. S. Eliot, el de William Carlos Williams (por cierto, me entran ganas de rastrear en su Paterson cuando leo este Greenwich). Pero, lejos de enfangarnos, nos aferramos al gólem de cada día, para sobrevivirnos. Greenwich es también la historia de esa supervivencia diaria, personal, que hace de la anécdota geográfica y horaria un universal de la existencia humana. Y eso es algo que solo puede realizar la poesía certera.





Ocurre que el infierno de este día y esta hora no es el de Dante, sino el del silencio, como el que habla al final del poema 8:30,


 

Mientras alcanzo la oficina y me introduzco en el vestíbulo
absorto en un temblor callado,
como el que ensordecía mi mirada en el parque
postrado ante un altar
                                   que hablaba en el silencio.


 

O indiga en la necesidad que tenemos de humillarnos, en medio de la vanidad circundante, para llegar a la tierra y a esa otra luz que nos salve, como en 13:45,


 

Cavar un hoyo a oscuras.
Cavar sin detenerse
hasta una cota sin retorno,
y encontrar lo profundo
en un empeño ya de ascenso.
Cavar para subir,
y conquistar la luz que nos aguarda
al otro lado de la tierra.


 

Al final, entre tanto murmullo existencial, todos dependemos de una misma forma, de un molde que tenemos entre las manos, el mismo siempre, eterno, desde Beatriz hasta la novia, 23:05:


 

Cuanto es depende de una forma
que nuestras manos guardan para seguir viviendo.
Existe
         como cifra de lo eterno.


 

Tres pasajes que remiten a existencias de ahora que lo han sido de siempre. Eso es lo que sigo paladeando tras la lectura de Greenwich: el ya, el en este mismo momento con sabor a arcilla ancestral, a loza y cuenco de génesis.

 

Entiende el poeta que cualquier secreto encerrado puede ser después un bello fósil, pero –y ahí viene también la didáctica– oreado se convierte en un instrumento más de navegación, un astrolabio que nos permite una relectura que se llena de islas nuevas y bellas. Las notas que acompaña, con el anexo Margen horario (¡qué raras y aplaudibles en un libro de poemas!), son justo lo que necesitamos para seguir el camino de los meridianos, o para volver a emprenderlo con más conocimiento, como aquel Virgilio que entonces prendía la mano de Dante, y ahora coge la del que conduce a su oficina para huir del silencio, o el que se aferra al bluetooth para seguir enlazado al mundo, o quien escucha el anuncio del Avecrem como quien no quiere la cosa.




 



Nota meridiana o paralela:


 

No quería romper el ritmo de la reseña comentando que el libro ha sido merecidamente premiado por los 44.º Premios Literarios Kutxa Ciudad de Irún, y editado por Algaida Poesía.


 

La poesía secuencial, con asunto o anécdota, tiene gran tradición anglosajona, por ejemplo en los autores arriba citados. Estamos menos acostumbrados a ella en estos paralelos, pero es un gozo emocionarse con versos que después son, además, una historia.


 

© De los textos citados, Pablo Luque Pinilla, Greenwich, 2021, y del material gráfico, salvo menciones expresas.



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12/ene/2022 -  RESEÑA EN LA CLAVE LITERARIA. POR MANUEL FERNÁNDEZ GARCÍA


Manuel Fernández, además de narrador, ejerce de crítico literario analizando literatura de ficción. Cuenta con muchos lectores que aprecian su criterio. Basta con leer algunas de sus recensiones para darse cuenta de que no es un reseñista al uso. Podría escribir en cualquier medio, sin embargo, prefiere la libertad que le ofrece esta página de Facebook, por la facilidad para interactuar con sus seguidores. Su estilo es a menudo incisivo y no exento de un gran sentido del humor, la mejor manera que encuentra para no tener pelos en la lengua.


En esta ocasión, se ha atrevido con un comentario de un libro de poesía contemporánea y he tenido la suerte de ser el agraciado. Su reseña de "Greenwich", además, es muy elocuente en un espacio muy acotado. No se puede decir más con menos.


El original aquí: https://m.facebook.com/Laclaveliteraria/posts/1265427780535720

 

También aquí transcrito a continuación:



La clave literaria
de Manuel Fernández García


Greenwich siempre me ha parecido un sustantivo de fuerte carga simbólica: el meridiano cero, el punto de partida, la línea que separa la luz de las tinieblas; un estado mental luminoso. Al menos esa es la imagen que me viene a la mente cada vez que oigo citar ese nombre.


Como igualmente iluminador me ha resultado saborear el poemario que Pablo Luque Pinilla ha decidido bautizar de igual modo: Greenwich. Simplemente. Ni más ni menos.


Es una colección de poemas elegante y melancólica, poesías divididas siguiendo un aparente huso horario que comienza de buena mañana y finaliza entrada la madrugada. Alta poesía engarzada mediante un sutil hilo conductor. De lírica brillante, refinado vocabulario y apreciable poder metafórico.


Culta colección de cantares, tan refinada que se agradecen de verdad las aclaraciones finales, las cuales nos informan acerca de ciertos orígenes, también temáticas, de cada una de las piezas.


Una delicia.





 

 




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